Actualmente, la historia que hemos descubierto del mundo nos ha hablado de millones de especies que lo han habitado mucho antes que nosotros y que se han desvanecido. Para poder estructurar mejor estos procesos, se ha hablado de que en el mundo se han dado 5 extinciones masivas. En estas, generalmente, se cerraba un periodo de la historia para dar paso a otro. Durante este, entonces surgirían nuevas especies que se adaptarían al nuevo ambiente cambiante.

A pesar de que esto pareciera estar muy claro, la verdad es que aún hay muchas nebulosas alrededor de estas descripciones. Sobre todo cuanto el propio término “extinción” no pareciera ser capaz de explicar efectivamente la profundidad del proceso que se gestó durante estos eventos.

La primera vez que se habló de extinción como concepto independiente que debe ser estudiado si fue hace cientos de años. Específicamente, esto ocurrió en 1799, gracias al naturalista y zoólogo, Georges Cuvier. Pero, el estudio profundo y serio de estos eventos y sus implicaciones no ha acumulado aún ni cincuenta años. Ya que se inició a mediados de 1980, en el campo de la “biología de la conservación”.

Asimismo, esta nació de la preocupación de la humanidad de que se diera una sexta “gran extinción” de la que nosotros fuéramos parte. Una buena proporción de los motivos que sustentan estos estudios apunta a tratar de entender estos procesos para así conocer cómo alterarlos o evitarlos. Sin embargo, las perspectivas actuales de lo que es “la extinción” conceptualmente no permiten este tipo de análisis exhaustivo.

Una nueva mirada al pasado

Para revisitar estos conceptos y entender si estos pueden o no ser útiles para biología actual, Delbert Wiens, Timothy Sweet y Thomas Worsley formaron un equipo. Juntos han recorrido todo esto y lo han presentado como un artículo en The Quarterly Review of Biology, en junio de este año.

Durante su análisis, repasan el hecho de que las actuales teorías de la extinción están “incompletas”. Opinan que estas deliberadamente sacan información valiosa del cuadro general. Por lo que no se puede ver como un todo ni entender su continuidad. Por ejemplo, las técnicas actuales solo buscan las causas tras las extinciones masivas. Debido a lo que, no se toman en cuenta sus efectos, lo que, a su vez no permite tener una idea completa de todo el proceso.

Para los investigadores, este es uno de los principales problemas y también es el motivo por el que el concepto de extinción se ha sentido incompleto todos estos años. Como ejemplo, señalan que la propia explicación de lo que significa un fenómeno como la “extinción en masa” no llega a abarcar todo lo que este implica.

Se entiende por esta a aquel evento en el que un gran porcentaje de una especie desaparezca en un corto periodo de tiempo, sin más. Por lo que, los posibles factores externos, los procesos evolutivos internos de las criaturas y los ciclos de la Tierra quedan fuera de la discusión por default, ya que para empezar ninguno de estos fue requerido.

Reconceptualizando la extinción

Luego de realizar una exhaustiva recapitulación de los conceptos conocidos de extinción hasta el momento, las variantes en sus interpretaciones y usos, además de su constante paradigma “incompleto” los científicos comienzan a hablar de la necesidad de reconceptualizar el modo en el que vemos la ciencia.

Con esto en mente, proponen la posibilidad de que los procesos de desaparición de una especie no se den necesariamente por la acción de un evento externo, sino que simplemente son parte de un proceso (que podría o no ir a la par con los evolutivos). Para identificarlo, hacen referencia el término “evanesce” o “evanescencia”, en español.

Evanescencia – Un nuevo paradigma

Finalmente, al presentar la evanescencia, Wiens y Worsley hacen referencia a un previo trabajo conjunto en el que proponen la “pérdida multigeneracional de aptitud reproductiva” (MALF, por sus siglas en inglés). Con esta propuesta, hablan de la adopción de un paradigma completo capaz de tocar no solo las causas, sino los efectos y mecanismos de extinción.

Para ellos, el MALF ofrece una explicación más clara y menos confusas de los procesos de extinción (evanescencia) de las especies. Gracias a esto, consideran que podrían entonces finalmente tenerse bases más fuertes para estudiar estos fenómenos y trabajarlos en la discusión que se da hoy en día sobre cómo utilizar el conocimiento que se tiene para intervenir sobre ellos y evitar a toda costa una sexta evanescencia.

Referencias:

Validating the New Paradigm for Extinction: Overcoming 200 Years of Historical Neglect, Philosophical Misconception, and Inadequate Language: https://doi.org/10.1086/709086