Durante décadas, se ha hablado de que los factores genéticos de un individuo son los responsables de regular los procesos de envejecimiento de los individuos. Mientras que esto no es una mentira, ofrece todavía datos incompletos sobre lo que es el proceso natural en envejecimiento de una persona.

Si dependiera solo del área genética, casi sería posible en la actualidad conocer quiénes van a vivir más, con solo una prueba de ADN. La realidad es que este no es el caso y no es posible saber cuánto vivirá una persona realmente tan solo con mirar sus genes.

Esto indica que es necesario mirar más allá para poder comprender los verdaderos mecanismos que se manejan detrás de algo como la longevidad. Para esto, los investigadores de la Facultad de Medicina Elson S. Floyd de la Universidad Estatal de Washington se dieron a la tarea de comprobar si el ambiente podía ser uno de estos factores influyentes que favoreciera o perjudicara la longevidad.

Su investigación fue documental y se encargaron de analizar diversos datos estadísticos ambientales junto con el sector más longevo de la población (de 75 años en adelante) para determinar si era posible trazar patrones relacionales entre uno y otro. Los resultados de esto se publicaron recientemente en Journal of Environmental Research and Public Health.

El impacto del ambiente fue notorio

La investigación se llevó a cabo en el estado de Washington y se sirvió con los datos de mortalidad de este. Los científicos se enfocaron en los individuos que habían vivido más de 75 años. Además, hicieron especial hincapié en aquellos que habían superado la barrera de los 100 años.

Estudiaron los registros de mortalidad de la zona desde el 2011 hasta el 2015 y pudieron determinar que tanto el ambiente social como el económico pueden tener un impacto en la duración de la vida de los individuos. Esto ayuda corroborar con más certeza otras hipótesis que plantean que los factores hereditarios solo influyen en un 20% o 35% en el proceso que determina la longevidad del organismo.

Según sus estudios, específicamente las personas mayores que vivieron en áreas urbanas, socialmente activas con población de edades mixtas (jóvenes y adultos mayores por igual) tuvieron una vida más larga. Asimismo, las zonas de estados socioeconómicos más altos, urbanizadas, pero en pequeñas ciudades, mostraron ser los puntos más comunes donde era posible identificar individuos particularmente longevos (hasta de 100 años).

La longevidad y el ambiente, más que pura genética

Por si fuera poco, un detalle que los investigadores pudieron determinar es que la genética muchas veces podía ser altamente superada por el ambiente. En pocas palabras, el entorno es capaz de “sobrescribir” lo estipulado por la genética. Por lo que, “malos genes” pueden pasar a segundo plano si se vive en un ambiente favorable para el organismo, –y viceversa–.

Evaluando el ambiente

Para poder sacar estas conclusiones, los investigadores analizaron los datos de más de 145 habitantes de Washington que llegaron a los 75 años o más. Asimismo, se tomaron notas sobre diversas variables que podrían haber influir también. Entre estas, se encontraban datos como la edad, el sexo, la raza, el nivel educativo, el estado civil y su lugar de residencia al momento de su deceso.

Para todo lo anterior se valieron de los registros del estado. Luego, tomaron en cuenta otros como los de la Encuesta sobre la Comunidad Estadounidense y los datos ofrecidos por la Agencia de Protección Ambiental, entre otras organizaciones. Todos esto para poder dibujar también una imagen general del entorno que rodeaba a los ciudadanos.

Para este caso, las variables a tomar en cuenta fueron algunos como la posibilidad de transitar y caminar por las calles (si eran amplias, si había vegetación, etc.), el nivel de pobreza, el acceso a la atención médica primaria, la proporción de población que aún estaba en edad laboral, si se trataba de un área rural o urbana, qué tanta exposición a espacios verdes ofrecía y el nivel de contaminación del aire de la zona.

Fue con todo esto que, al final, los científicos fueron capaces de identificar que las pequeñas ciudades urbanas, con alto nivel socioeconómico, una población etaria mixta, espacios verdes y áreas para caminar cercanas, además de accesibilidad rápida a servicios médicos fueron las zonas indiscutiblemente más favorables para una vida longeva.

El beneficio de saber

Con esta información, es perfectamente claro que el ambiente y cómo interactuamos con él puede tener un influjo claro sobre nuestra vida. Lo que nos lleva a ver que, hasta cierto punto, la longevidad, como en los bienes raíces, es un asunto de “ubicación, ubicación y ubicación”. Entonces, si ya tenemos tan clara la importancia de esta, ¿no es momento de a adaptar los espacios para que sean más favorables para la población actual y la venidera? Este es uno de los planteamientos de los investigadores, quienes esperan que sus datos sean utilizados para estos fines en un futuro.

Referencia:

Environmental Correlates of Reaching a Centenarian Age: Analysis of 144,665 Deaths in Washington State for 2011−2015: https://doi.org/10.3390/ijerph17082828

Escribir un comentario