Dos estudios publicados recientemente en la revista Nature demostraron que los estrictas medidas implementadas al inicio de la pandemia realmente fueron efectivas para frenar la propagación del coronavirus.

El primero se enfocó en los pasos seguidos en 11 países europeos, las cuales permitieron reducir la transmisión en un 81 por ciento y salvar unos tres millones de vida. De manera similar, un estudio que incluyó a seis países, entre los cuales se encontraban Estados Unidos y China, que estas medidas evitaron más de 500 millones de casos de COVID-19 adicionales.

Sin embargo, estas investigaciones fueron muy generales y no revelaron concretamente cuál de las medidas aplicadas era la más efectiva en la prevención de los contagios, lo cual sería de mucha utilidad en la actualidad.

Y es que como muchos habrán escuchado, los gobiernos ya están trabajando en flexibilizar las restricciones para reactivar las economías. Aunque no es la opción ideal en un contexto en el que los casos siguen en aumento, la idea es hacerlo de la manera más prudente posible para evitar disparar los casos y colapsar los sistemas sanitarios nuevamente.

En ausencia de certeza sobre los métodos realmente eficaces para evitar las infecciones, los expertos han estado indagando sobre posibles enfoques que permitan evitar un declive financiero más pronunciado que el planteado hasta ahora.

“La cuestión de cómo equilibrar esto es la pregunta más crucial que nuestra sociedad ha tenido que hacer en décadas, si no siglos”, dijo Michael Mina, profesor asistente de epidemiología de la Harvard Chan School. “¿Cómo equilibramos estas consecuencias económicas potencialmente catastróficas con las consecuencias de enfermedades infecciosas potencialmente catastróficas? No hay una respuesta correcta allí”.

La gente no parece dispuesta a apegarse a restricciones estrictas de nuevo

El distanciamiento social, que insta a las personas a quedarse en casa y, por consiguiente, a suspender las actividades laborales presenciales no indispensables, es una de las medidas más evitadas por los gobiernos.

Las consecuencias son bien conocidas hasta ahora: muchos pierden sus empleos, o ven sus ingresos reducidos, o viven bajo la incertidumbre de quedarse sin trabajo próximamente. Además, las personas pueden evitar ir a consultas médicas importantes por miedo, y pueden exacerbarse sentimientos de soledad, ansiedad y depresión, lo cual genera nuevos problemas.

En Estados Unidos el rechazo a este tipo de restricciones se ha vuelto cada vez más fuerte. El mismo presidente Donald Trump ha expresado su desagrado ante la posibilidad de un segundo bloqueo.

Sin embargo, la situación en casa estado es bastante diferente, por lo que Mina sugiere que ahora mismo el país se encuentra en una fase experimental que podría arrojar muchas respuestas para las interrogantes actuales.

Los estados del noreste han reiniciado sus actividades de manera paulatina tras haber sido afectados de manera significativa por el brote, manteniendo algunas de las restricciones iniciales, y descartando otras. Sin embargo, otros estados en los que el número de casos sigue en ascenso han decidido reabrir también.

Deberá aumentarse la cantidad de pruebas

La aplicación de pruebas masivas y las cuarentenas de los casos sospechosos y sus contactos cercanos podría ser la opción prudente junto con las medidas de higiene y distancia recomendadas hasta ahora. Pero bien sabemos que la disponibilidad en las cantidades necesarias podría ser una dificultad importante.

Junto a ello, la rapidez de las mismas. Mina considera que este aspecto podría mejorarse desarrollando pruebas que puedan aplicarse a muestras tomadas de hisopos de la parte frontal de la nariz en lugar de las que se deben tomar en la parte más profunda en la nasofaringe. Esto haría más fácil la toma de muestras y su envío a un laboratorio.

De igual forma, ideas como pruebas desechables y económicas, como las que las pruebas de embarazo domésticas, pueden ser de utilidad en este inminente regreso. Las personas podrían realizarlas incluso diariamente para controlar su salud y la de otros, y decidir de manera temprana quedarse en casa en caso de dar positivo.

El hecho es que, cualquiera que sea la nueva configuración de medidas que se implementarán próximamente, es poco probable que estas incluyen cierres tan estrictos como los aplicados hasta ahora. Recordemos que, aunque los segundos brotes son prácticamente algo seguro, la experiencia pasada debió motivar cambios en los sistemas de atención médica para mejorar la respuesta futura. Esta es la oportunidad para evaluar su eficacia.

Referencias:

Estimating the effects of non-pharmaceutical interventions on COVID-19 in Europe. https://dx.doi.org/10.1038/s41586-020-2405-7

The effect of large-scale anti-contagion policies on the COVID-19 pandemic. http://dx.doi.org/10.1038/s41586-020-2404-8

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