Los esfuerzos por encontrar una opción terapéutica para tratar a los pacientes contagiados con el coronavirus SARS-CoV-2, han pasado por considerar y evaluar medicamentos antimaláricos como hidroxicloroquina y antivirales como el remdesivir sin poder comprobar su eficacia.

Pero los alentadores resultados preliminares de un reciente ensayo clínico han fijado el foco en un medicamento antiinflamatorio, llamado dexametasona, el cual ha sido descrito como viejo, barato y aburrido.

Evidencia sólida

El ensayo, que fue realizado por investigadores de la Universidad de Oxford, encontró que el medicamento dexametasona redujo el riesgo de muerte por COVID-19 en pacientes hospitalizados que necesitan oxígeno o respiración asistida. Los resultados fueron tan convincentes que las autoridades sanitarias del Reino Unido optaron por recomendar su uso para tratar los casos de COVID-19 en etapa grave.

La aplicación de este fármaco a estas afecciones respiratorias llevó a los investigadores a pensar que podría ayudar a los pacientes gravemente afectados por COVID-19.

Este medicamento antiinflamatorio se ha utilizado desde fines de la década de 1950, por lo que los médicos están familiarizados con su uso. También es un fármaco económico y ampliamente disponible, por lo que sería fácil de agregar a los tratamientos actuales.

La dexametasona es similar a una hormona natural producida por las glándulas suprarrenales. Con frecuencia se utiliza para reemplazar esta sustancia química cuando el cuerpo no produce en cantidades suficientes. Se le conoce por provocar una disminución de la respuesta defensiva natural del cuerpo y reducir síntomas como hinchazón y reacciones de tipo alérgico.

Pacientes graves

La dexametasona pertenece a una clase de medicamentos conocidos como corticosteroides (glucocorticoide) y se usa para tratar una variedad de afecciones relacionadas con la inflamación incluyendo alergias graves, algunos tipos de náuseas y vómitos, artritis, hinchazón del cerebro y la médula espinal, ciertos tipos de cáncer, trastornos de la piel, sangre, riñones, ojos, tiroides e intestinos, y notablemente, asma grave y dificultades respiratorias en los recién nacidos.

La dexametasona es un medicamento económico y ampliamente disponible, por lo que sería fácil de agregar a los tratamientos actuales.

Es precisamente la aplicación de este fármaco a estas afecciones respiratorias lo que llevó a los investigadores a pensar que también podría ayudar a los pacientes gravemente afectados por COVID-19.

Esto se debe a que cuando un paciente tiene COVID-19 en etapa grave, un estado clínico conocido como síndrome de dificultad respiratoria aguda (SDRA), su sistema inmunitario se intensifica para atrapar y controlar el virus en los pulmones.

Al hacer esto, su cuerpo produce más glóbulos blancos que combaten las infecciones. Esto provoca inflamación y presión en los pulmones, lo que les dificulta la respiración. Por lo tanto, es probable que la dexametasona reduzca esta inflamación y la presión sobre los pulmones.

Referencia: Dexamethasone reduces death in hospitalised patients with severe respiratory complications of COVID-19. University of Oxford News, 2020. https://bit.ly/2Bj0RYQ