Mientras el mundo espera una vacuna contra el coronavirus, algunos científicos proponen que las vacunas vivas existentes podrían darle al sistema inmunológico del cuerpo un impulso temporal para evitar la infección por el coronavirus.

Todavía no está claro si ese enfoque podría funcionar, pero científicos de Israel, Países Bajos y Australia ya están investigando si la vacuna contra la tuberculosis podría ayudar a reactivar el sistema inmunitario y hacer que COVID-19 sea menos mortal, a pesar que la Organización Mundial de la Salud desaconsejó firmemente el uso de esa vacuna hasta que se demuestre su eficacia contra el coronavirus.

La compleja respuesta inmune

En los Estados Unidos, expertos virólogos, incluido el doctor Robert C. Gallo, reconocido por su participación en el descubrimiento del VIH, están dirigiendo su atención a otra vacuna existente: la vacuna oral contra el polio (OPV), la cual no licencia ni está disponible en el país desde el año 2000 (La polio fue erradicada en los Estados Unidos en 1979), pero todavía se usa en otros países donde todavía circula el poliovirus.

La compleja respuesta inmune se divide en dos partes principales: la respuesta inmune innata, primera línea de defensa contra la infección, la cual reconoce y responde a múltiples patógenos, y la respuesta inmune adaptativa, que reconoce y responde a un patógeno específico.

Tanto el poliovirus (izquierda) como el coronavirus (derecha) son virus de ARN de cadena positiva; por lo tanto, es probable que puedan inducir y verse afectados por mecanismos comunes de inmunidad innata.

La vacuna contra la polio es una vacuna viva, lo que significa que utiliza una forma debilitada del virus vivo. Este tipo de vacunas desencadena una respuesta inmune general que ayuda al cuerpo a combatir a los invasores hasta que el sistema inmune tenga tiempo de desarrollar anticuerpos específicos.

En teoría, los científicos creen que este estímulo inmune temporal podría proporcionar protección para virus para los cuales no fue diseñado, como el coronavirus SARS-CoV-2, agente causal de la enfermedad COVID-19.

Mecanismos comunes de inmunidad

El uso de vacunas vivas existentes, incluida la vacuna OPV, no sería una solución permanente, sino más bien una solución temporal que pudiera ganar tiempo hasta que una vacuna contra el coronavirus esté disponible.

Como apoyo del uso de vacunas específicas de una enfermedad para evitar ampliamente la infección por otros virus, los investigadores hacen alusión a un estudio realizado en la década de 1960, el cual concluyó que dar a los adultos una dosis de la vacuna OPV redujo en tres veces las muertes por influenza estacional y enfermedades respiratorias agudas.

Estudios más recientes confirmaron estos amplios efectos protectores de la OPV. Los datos de un estudio realizado en Guinea-Bissau, África occidental, mostraron que la vacuna contra la poliomielitis administrada al nacer redujo la mortalidad infantil en aproximadamente un 32 por ciento.

Algunos científicos proponen que las vacunas vivas existentes podrían darle al sistema inmunológico del cuerpo un impulso temporal para evitar la infección coronavírica.

Además, un análisis del efecto de las campañas nacionales y bianuales de vacunación nacional OPV mostró una reducción de la mortalidad por todas las causas en un 19 por ciento, y cada campaña posterior agregó una reducción adicional del 13 por ciento, lo que significa que la inmunización repetida tiene un efecto aditivo, a pesar de los anticuerpos inducidos por la primera vacuna.

Informes recientes indican que COVID-19 puede dar lugar a respuestas inmunes innatas suprimidas. Por lo tanto, la estimulación con vacunas vivas atenuadas podría aumentar la resistencia a la infección por el virus causal, el coronavirus SARS-CoV-2.

Tanto el poliovirus como el coronavirus son virus de ARN de cadena positiva; por lo tanto, es probable que puedan inducir y verse afectados por mecanismos comunes de inmunidad innata.

La OPV produce efectos de rebaño (inmunidad colectiva) y, además de proteger a las personas vulnerables, también podría prevenir la propagación del SARS-CoV-2 al aumentar la proporción de personas no susceptibles.

Si se demuestra que es este enfoque es eficaz contra COVID-19, la inmunización de emergencia con vacunas vivas atenuadas podría usarse para la protección contra otros patógenos emergentes no relacionados.

Referencia: Can existing live vaccines prevent COVID-19? Science, 2020. https://doi.org/10.1126/science.abc4262