La pandemia del coronavirus ha alcanzado cada rincón del mundo. Con más de 7 millones de personas contagiadas en este y contando más de 400 mil fallecimientos a causa del virus, es claro que la sociedad no fue capaz de detener el contagio en sus etapas más tempranas.

En un principio, se ha planteado que cada persona contagiada con el SARS-CoV-2 podría transmitir el coronavirus a un promedio de dos individuos más. Sin embargo, la práctica demostró que la presencia de los súperpropagadores –individuos que superaban con creces este promedio de contagio– podría ser mucho más influyente en los brotes de lo que esperaríamos.

¿Qué es exactamente un súperpropagador?

Básicamente, como ya lo mencionamos, un súperpropagador es un individuo que transmite la enfermedad a un número de personas mucho mayor al promedio. Para el caso del SARS-CoV-2 uno de los primeros y más leves casos de superpropagación se dio en la propia ciudad de Wuhan, el epicentro original del COVID-19 en China.

En este caso, un solo paciente fue el causante de la enfermedad de 14 trabajadores de la salud. Cuando las cifras llegan a estos números, entonces podemos calificar al individuo como súperpropagador. Todo ya que este ha sido el origen del contagio de un número particularmente grande de personas (en relación con el promedio esperado).

Casos conocidos

Este caso de superpropagación en China no fue el único que se presentó. De hecho, en diversas partes del mundo el patrón del aumento acelerado de contagios a raíz de un mismo individuo se repitió con frecuencia.

Otro de los casos más tempranos y también notorios fue el que se dio en Corea del Sur, país que hasta entonces había mantenido los contagios controlados. En esa oportunidad, una sola mujer, durante un servicio religioso en una iglesia de la capital terminó por contagiar a 40 feligreses.

Asimismo, al otro lado del océano, en Washington (Estados Unidos) durante una práctica del coro de una iglesia 32 de los 62 asistentes resultaron contagiados y otros 20 quedaron bajo supervisión por sospechas de contagio. Sumado a esto, en el mismo país, pero ahora en Chicago, se dio otro caso de una persona que contagió a otros 15 individuos luego de haber asistido a una cena, un funeral y a un cumpleaños antes de que se decretara el distanciamiento social.

¿Qué caracteriza a un súperpropagador?

Es necesario comprender que un súperpropagador no nace de un solo compendio de elementos, sino de una serie de características propias y circunstancias externas que se congregan terminan por generar las condiciones para que se genere un súperpropagador.

Por lo general, muchos de estos son asintomáticos y presentaron síntomas tardíos muy leves de la enfermedad. Como consecuencia, estos se mantuvieron realizando las actividades de su vida cotidiana a interactuando con personas –y posiblemente infectándolas–. Todo esto mientras aún ni sospechaban que eran portadores del virus.

Ahora, no todas las personas son activas socialmente. Por lo que, un súperpropagador también suele ser aquel con una vida e interacciones sociales activas. Debido a que estos  son elementos que le facilitan al virus su dispersión.

Asimismo, circunstancias externas como las protestas públicas, bastantes frecuentes justo ahora como parte del movimiento Black Lives Matter, pueden hacer que la distancia social sea más difícil de mantener. Por lo que existen un alto riesgo de que un individuo infectado se convierta en súperpropagador durante estas.

Sumado a lo anterior, profesiones relacionadas actualmente como la medicina, el negocio internacional e incluso con el comercio de retail también pueden terminar exponiendo a las personas a más posibles situaciones de contagio en las que estas pueden tanto adquirir el virus como empezar a diseminarlo.

¿Cuál es el papel de los súperpropagadores en la dispersión del COVID-19?

Los estudios sobre la superpropagación y el coronavirus no se han hecho esperar. Todo esto como un intento de entender a la enfermedad que justo ahora nos aqueja y cómo reaccionar ante ella –además de aprender de los errores pasados para no volver a cometerlos en futuros eventos similares.

Por los momentos, dichas investigaciones se encuentran en la fase de preimpresión. Debido a lo que aún esperan la revisión, aprobación y reconocimiento de sus pares científicos para ser tomados en cuenta. Sin embargo, lo que plantean varios de estos estudios desde ya plantea una realidad muy particular para el COVID-19 y los súperpropagadores.

Una proporción de 80/20

En tres investigaciones realizadas en países como China e Israel apuntaron a resultados muy similares a la hora estudiar la relación entre el coronavirus y los súperpropagadores. El primer estudio chino reveló que el 20% de la población infectada con el coronavirus era responsable del 80% de los contagios locales.

La investigación de Israel llegó a señalar que entre el 1-10% de la población pudo ser responsable del contagio del 80% de los afectados locales . Finalmente, el tercer estudio ratifica los números planteados por el primero. Puesto que menciona que al menos el 80% de la población debió contagiarse a causa de eventos de superpropagación.

¿Debemos temer a la súperpropagación de todas las enfermedades infecciosas?

Efectivamente, la superpropagación es un fenómeno que puede ocurrir con cualquier tipo de enfermedad infecciosa. Casos como el de la cocinera “María la Tifoidea”, una portadora asintomática que contagió a más de 51 personas con su comida, le recuerdan a la humanidad que esta situación no es una novedad.

Por si fuera poco, los repetitivos casos de contagio de sarampión en los Estados Unidos también están relacionados inicialmente con súperpropagadores. Asimismo, los científicos aseguran que enfermedades causadas por bacterias, como la tuberculosis, o por virus, como el ya mencionado sarampión, el ébola, el SARS, el MERS y el propio COVID-19, son propensas a este tipo de situaciones. De hecho, estiman que en todos estos casos solo es necesario que un 20% de la población se infecte. Ya que estos podrían causar el 80% de los casos totales de contagio.

Es por este motivo que la ciencia se ha dado a la tarea de comprender a los súperpropagadores y cómo estos casos se dan. Ya que a través de este entendimiento y de la aplicación de medidas de seguridad como la cuarentena y las prácticas de control e higiene, como el lavado de manos, el uso mascarillas y guantes protectores, además del distanciamiento social, se pueden tener las claves para detener al virus.