La pandemia del coronavirus ha forzado al mundo a resguardarse en casa. Por esto, muchos patrones que eran cotidianos se han trastocado y las sociedades luchan por acostumbrarse a la nueva realidad en medio del confinamiento.

Tanto las interacciones sociales como las dinámicas en el hogar han cambiado notoriamente. Junto con estas últimas, se ha podido observar cómo los patrones de sueño también se han visto alterados.

Para comprender en profundidad este tema, dos estudios distintos se han publicado hoy en la revista científica Current Biology. Cada uno de estos aborda los cambios en los patrones de sueño en la sociedad. Sin embargo, uno ha enfocado su investigación en los estudiantes estadounidenses y el otro en los ciudadanos de países europeos como Austria, Alemania y Suiza.

¿Dormimos más durante la pandemia?

Uno de los factores más notorios es que ambos estudios han podido llegar a la misma conclusión, en medio del confinamiento social, los individuos tienen más horas individuales del sueño. Debido a la falta de horarios establecidos el “jetlag social” se disminuye y los individuos respetaron más sus ciclos biológicos de sueño.

En consecuencia, todos estos reportaron estar teniendo más tiempo de sueño. En promedio, los estudiantes estadounidenses vieron presentaron durmieron 30 minutos antes cada noche de semana y 24 minutos más los sábados y domingos. Por su parte, los ciudadanos europeos comenzaron a tener, al menos, 15 minutos de sueño adicionales todos los días.

Dormir más tiempo no implica una mejor calidad de sueño

Curiosamente, este aumento en el tiempo de sueño no tuvo efectos tan positivos en la calidad autopercibida de este. De hecho, la disminución del desfase de horario debido a la actividad social y sus beneficios se vieron opacados por otros factores como la ansiedad por el coronavirus, un patrón que se repitió nuevamente en los dos estudios.

Por lo general, se esperaría que la disminución de este jetlag y el aumento de las horas de sueño deberían hacer que los individuos consideraran que este había sido más reparador. No obstante, tanto en el estudio de ciudadanos europeos conducido por Christine Blume, como en el de estudiantes estadounidenses dirigido por Kenneth Wright, coincidieron en que calidad del sueño había disminuido según las percepciones de sus sujetos de estudio.

El papel del coronavirus

En ambos casos se planteó la posibilidad de que, así como el confinamiento y la relajación de los horarios se convirtieron en promotores del sueño, el estrés causado por el encierro y la ansiedad por la enfermedad se convirtieron en elementos detractores. Al final, al enfrentar a ambas fuerzas, según los reportes presentados en los estudios, las preocupaciones resultaron victoriosas y mermaron la sensación de descanso que los participantes del estudio podrían haber experimentado.

¿Cómo avanzar desde acá?

Wright Kenneth, de la Universidad de Colorado ha comentado lo siguiente sobre los patrones de sueño de la sociedad actual y los efectos de la privación del sueño en la salud general de esta:

“La duración insuficiente del sueño, el horario irregular y tardío del sueño y el jetlag social son comunes en la sociedad moderna y estos malos hábitos de salud del sueño contribuyen y empeoran los principales problemas de salud y seguridad, como enfermedades cardíacas y accidentes cerebrovasculares, aumento de peso y obesidad, diabetes, trastornos del estado de ánimo como depresión y ansiedad, abuso de sustancias y problemas de salud inmunológica, así como somnolencia matutina, deterioro cognitivo, reducción de la productividad laboral, bajo rendimiento escolar y riesgo de accidentes de conducción por somnolencia”.

Para Wright esta es una oportunidad perfecta para estudiar qué ha hecho mejorar los patrones de sueño y qué los ha hecho empeorar. De este modo, se podrán aplicar mejores políticas en el futuro que fomenten la salud del sueño. De forma que, a su vez, disminuyan la incidencia de todos los factores problemáticos antes mencionados.

Por su parte, a pesar de los reportes de una calidad del sueño deteriorada, Blume considera que este aumento en el tiempo de sueño general se trata de un factor positivo. Esto ya que, biológicamente hablando, el cuerpo realmente está descansando más y, en consecuencia, se está volviendo más saludable.

Referencias:

Effects of the COVID-19 lockdown on human sleep and rest-activity rhythms: https://doi.org/10.1016/j.cub.2020.06.021

Sleep in University Students Prior to and During COVID-19 Stay-at-Home Orders: https://doi.org/10.1016/j.cub.2020.06.022

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