Desde que la pandemia del coronavirus aqueja al mundo, todos los sectores del mercado se han visto afectados por ella. Sin embargo, siempre ha habido unos que se han llevado un golpe más fuerte que otros.

Tal es el caso del trabajo sexual en el mundo que, a raíz de la crisis del COVID-19, se ha visto sometido a un paro indefinido. Con esto, las trabajadoras sexuales que dependen de esto para mantenerse –y en muchos casos para mantener también a sus familias– se encuentran de manos atadas ante un sistema que no reconoce su labor.

Son algunas contadas excepciones, como Alemania, en las que el trabajo sexual es aceptado y se encuentra debidamente legalizado. No obstante, incluso en estas zonas la situación actual de las trabajadoras sexuales es compleja, incluso cuando cuentan con algún tipo de ayuda del gobierno.

El gobierno ha ofrecido planes de ayuda (pero no son suficientes)

Para el caso específico de Alemania, el gobierno de la nación ha establecido un plan de subsidio para las trabajadoras que ahora se encuentran en paro debido a las medidas de distanciamiento social. Con este, las mujeres reciben hasta 9.000 euros (10.000 dólares) de una subvención única dada como una compensación por el cese forzado de actividades.

Desde marzo, cuando se decretó la cuarentena en el país, los burdeles no han podido abrir sus puertas legalmente. Por esto, las de 400 mil trabajadoras sexuales se encuentran en una situación donde la subvención es necesaria. Pero, aun así, no todas acceden a ella, ¿por qué?

No todas pueden acceder a los programas de apoyo

La verdad es que estas subvenciones, al estar legalizadas, son asignadas solo a aquellas que las solicitan directamente en los organismos gubernamentales. De las miles de trabajadoras que mencionamos antes, al menos el 50% corresponde a mujeres extranjeras.

En sus casos, usualmente no cuentan con los medios legales como para calificar para la ayuda. Por otra parte, también se dan situaciones en las que estas no saben cómo solicitarla o no quieren, por el miedo a quedar expuestas.

Entonces, a pesar de que el Estado ha implantado medidas para tratar de alivianar la situación actual, la verdad es que por lo menos la mitad de las trabajadoras sexuales en su territorio siguen encontrándose en una situación económica delicada.

Un nuevo riesgo se produce

Como consecuencia, muchas han tenido que volver a la clandestinidad. De este modo, los sitios regulados como los burdeles quedan detrás y las trabajadoras sexuales pueden incluso empezar a recibir clientes en sus propias casas, como un intento de conseguir ingresos para sobrevivir. Esto claramente se convierte en una situación de alto riesgo, ya que tanto estas como sus clientes terminan exponiéndose a un posible contagio. Pero, muchas de ellas optan por esta opción al no encontrar otro modo de sostenerse económicamente durante la crisis.

La mudanza al mundo virtual

Por otra parte, algunas –buscando alternativas menos riesgosas para su salud– se han mudado a medios virtuales, medida que también han adoptado algunos burdeles. En ellos, se ofrecen diversos contenidos en video como sesiones privadas, videos fetichistas y hasta hipnosis erótica. Sin embargo, no todas las trabajadoras se sienten cómodas con esta alternativa.

En el mundo virtual, cualquiera de sus contenidos podría ser grabado y distribuido. Un detalle que muchas de ellas esperan evitar a toda costa.

Alemania no es el único país afectado

Como podemos ver, a pesar de los esfuerzos del gobierno alemán, el trabajo sexual en este país se ha visto fuertemente golpeado por la pandemia. Pero la verdad es que no han sido los únicos afectados.

En otras naciones como España, donde este no es ilegal, pero tampoco se reconoce la labor de las trabajadoras sexuales, la situación se hace incluso más grave. A pesar de que la reciente reapertura ha vuelto a traer a la vida salones de masaje y de belleza, los burdeles se mantienen cerrados. Asimismo, como el Estado no reconoce el trabajo de estas mujeres, no les ofrece ningún tipo de ayuda ni garantía legal durante esta situación.

Por esto, ellas también se han visto en la necesidad de recurrir a medios alternativos como los antes mencionados, que ponen su salud en riesgo. Debido a esto, muchas esperan con premura la reapertura de sus espacios de trabajo para poder volver a la “normalidad”.

¿Volver a la normalidad?

Países como Suiza, donde el trabajo sexual también está legalizado, han planteado la posibilidad de reabrir los burdeles desde este pasado 6 de junio –volviendo estos a funcionar antes que algunos deportes de contacto–. La explicación del gobierno ha sido que es más viable fomentar y controlar prácticas de sexo protegido en este sector que de distanciamiento en el deportivo.

En todo caso, la verdad es que las prácticas no volverán por completo a la normalidad en Suiza, ni tampoco en Alemania. De levantarse la suspensión, las trabajadoras sexuales y sus clientes deberán atenerse a nuevas reglas de seguridad. Para ciertas actividades, los guantes serán necesarios, el tapabocas será obligatorio en todo momento y se deberá mantener siempre prudencialamente al menos un antebrazo de distancia.

Asimismo, contactos como los besos o el sexo oral se mantendrán estrictamente prohibidos. Aun así, las trabajadoras esperan que su momento de volver a trabajar se dé pronto. Ya que, en la situación actual, la sociedad no les ofrece las oportunidades necesarias para mantenerse mientras pasa la crisis.