Los gases lacrimógenos utilizados por los cuerpos policiales para dispersar las manifestaciones y protestas que se han suscitado reciente en los Estados Unidos pueden aumentar el riesgo de que el coronavirus se propague.

Estudios sobre los riesgos de exposición han encontrado que, conjuntamente con el ardor que provoca en los ojos y la garganta, aunado a la consecuente tos, estornudos y excreción de fluidos, este tipo de gases puede tener un efecto perjudicial en las vías respiratorias de las personas y hacerlos más susceptibles a contraer una enfermedad respiratoria.

Un nuevo elemento de riesgo

Este escenario ha despertado la alarma entre los expertos que han visto cómo centenares de manifestantes se aglomeran en ciudades de todo el país, y si bien algunos toman medidas de resguardo usando mascarillas faciales y guantes, las multitudes suelen proferir gritos y cánticos, acciones que favorecen la propagación del virus.

Además de que estos gases hacen toser, estornudar y excretar fluidos, irritan las vías del sistema respiratorio creando un ambiente favorable para la infección.

Si bien ya este contexto genera preocupación, la adición de gases flotantes, que han sido ampliamente utilizados por las fuerzas policiales en las últimas manifestaciones, agrega un nuevo elemento de riesgo a la escena.

Un estudio realizado en el año 2012 por investigadores del Ejército de los Estados Unidos analizó los impactos de la exposición a gas lacrimógeno en más de 6.000 reclutas. Los investigadores encontraron que los individuos, que como parte de su entrenamiento básico fueron expuestos al gas, tenían un riesgo sustancialmente alto de presentar una enfermedad respiratoria aguda.

Ambiente favorable

Expertos advierten que el uso de gases lacrimógenos para dispersar manifestantes puede aumentar el riesgo de que el coronavirus se propague.

Ante la cuestión de si el gas lacrimógeno podría conducir a un aumento de las infecciones por coronavirus, el investigador Joseph J. Hout, autor principal del estudio, expresó:

“Definitivamente sí. Por su naturaleza, los gases y aerosoles hacen toser, estornudar y excretar fluidos. Si hay una persona contagiada por el coronavirus, estos efectos pueden propiciar la propagación del patógeno. Además, estos gases irritan las vías del sistema respiratorio creando un ambiente favorable para la infección”.

En este contexto, recientemente más de 1.000 profesionales médicos y estudiantes firmaron una carta instando a los funcionarios de salud pública a oponerse al uso de gases lacrimógenos, humo u otros irritantes respiratorios, que podrían aumentar el riesgo de COVID-19 al hacer que el tracto respiratorio sea más susceptible a la infección, exacerbando la inflamación existente e induciendo tos.

En los Estados Unidos, los alcaldes de Portland, Oregón y Seattle han ordenado límites al uso de un gas común para el control de multitudes. Un juez en Denver impuso restricciones al uso de armas químicas por parte de la policía, y funcionarios en Pittsburgh, Nueva Orleans y Washington, DC, han propuesto prohibiciones o límites al uso de gases lacrimógenos.

Referencia: o-Chlorobenzylidene Malononitrile (CS Riot Control Agent) Associated Acute Respiratory Illnesses in a U.S. Army Basic Combat Training Cohort. Military Medicine, 2012. https://doi.org/10.7205/MILMED-D-13-00514

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