La pandemia del coronavirus ya ha afectado al mundo durante medio año. A medida que pasa el tiempo, podemos notar cómo esta crisis puede afectar no solo nuestra salud de forma directa.

De hecho, tras el paso de la enfermedad, quedan sociedades con economías desestabilizadas, sistemas de salud al borde de su capacidad y proyectos tanto macro como micro paralizados hasta nuevo aviso. Una vez la pandemia termine, la humanidad no podrá simplemente volver a ser la misma y tendrá que plantearse nuevas metas.

Entre los afectados, estarán los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) que el mundo se había planteado como una meta a cumplir para el 2030. La llegada del COVID-19 podría complicar la consecución de estos para esta fecha e incluso llegará a retrasarla. Por esto, es más importante que nunca que los gobiernos del mundo tomen nuevas medidas para adaptarse a la inesperada situación y, de entre todos los puntos, poner especial empeño en aquellos concernientes al abastecimiento, distribución y mantenimiento del agua.

El impacto del COVID-19

El primer efecto que ha tenido la pandemia del coronavirus sobre estos planes a futuro ha sido la desestabilización de las bases sobre las que se esperaba poder sustentar los esfuerzos para lograr los objetivos. Además, la enfermedad, mientras que ha dificultado la posibilidad de alcanzar las metas, también ha dejado en evidencia lo vitales que son.

En medio de la crisis por el COVID-19 no el tener acceso al agua potable cobra gran relevancia. Realmente, la posibilidad de acceder a agua limpia para mantener las manos y objetos del hogar aseados se vuelve vital. Debido a que es así que se podrá mantener a raya al virus.

Sin embargo, las herramientas para poder hacer llegar estas condiciones a todo el mundo siguen sin ser suficientes y la deficiencia de estos servicios se vuelve cada vez más notoria. Desde antes, organizaciones como la Unión Europea habían hablado de aumentar un 25% el porcentaje de inversión que cada país realizaba en las labores relacionadas con la distribución y tratamiento del agua.

No obstante, en medio de una crisis como esta, en la que todas las economías se han visto afectadas, una movida como esta no será posible de inmediato. Por lo que, para muchas naciones será necesario cambiar la estrategia. Lo que implicará realizar pequeñas inversiones durante periodos más largos para poder alcanzar los mismos resultados. Aunque estos posiblemente se tarden más tiempo en llegar.

Un panorama preocupante

Aun con estos cambios, no todos los países contaban siquiera desde antes del COVID-19 con la posibilidad de ofrecer a sus habitantes un acceso equitativo y seguro a agua de calidad. Ahora, con la pandemia en su plenitud, países en desarrollo como los ubicados en África y al sur de Asia podría ser los más afectados por la situación.

Ya que, debido a la falta de infraestructuras y de inversión en el área, no es posible asegurar a los ciudadanos agua limpia y segura. Una situación que, dentro de cada una de las naciones, se vivirá con incluso más gravedad en los barrios marginales, las áreas periurbanas y los campamentos de refugiados –de haberlos en la zona–.

Una situación que nos afecta a todos

No obstante, no serán solo los países en desarrollo quienes recibirán el golpe de la pandemia. De hecho, incluso las naciones más desarrolladas tienen hasta la fecha problemas con la distribución equitativa de agua de calidad. En realidad, incluso países ricos como Estados Unidos tienen al menos 2 millones de habitantes que todavía no pueden acceder al agua corriente.

Un problema de confianza

Por si fuera poco, otras aristas agravan el problema de la distribución del agua y las repercusiones económicas que pueda haber en cada país. Es muy probable que las malas políticas anteriores hagan que los ciudadanos desconfíen aún de la pureza del agua provista por los gobiernos. Debido a lo cual, incluso de existir la disponibilidad, no todos estarán dispuestos a “arriesgarse” a utilizarla, por sus experiencias anteriores.

Un ejemplo perfecto es un fenómeno que ocurre en países desarrollados que van desde Europa occidental hasta Asia, con exponentes como Japón y Singapur, e incluso hasta Estados Unidos en América.

Por lo general, aunque se supone que hay un acceso bastante generalizado al agua, la desconfianza en la calidad de esta lleva a los individuos a preferir comprar agua embotellada, por considerarla de mejor calidad.

No obstante, este “equilibrio” podría perderse con el COVID-19 acabando con las fuentes de ingresos de la población y llevando al mundo a números rojos. Tal vez la demanda por las vías tradicionales de distribución de agua y, nuevamente, por falta de preparación, el mundo podría no ser capaz de estar a la altura de la situación.

La necesidad de cambiar

En resumen, el agua es vital para la vida en el planeta y su falta puede afectar no solo nuestra salud, sino nuestra estabilidad como sociedad. A mitad de crisis como las actuales, el acceso a esta se puede limitar o complicar. Pero es necesario que los gobiernos del mundo estén preparados para hacer movidas tanto individuales como conjuntas para enfrentar esta problemática. Ya que, una situación en la que el agua escasee sistemáticamente será mucho peor que cualquier pandemia vivida o por vivir.