En las primeras etapas, la enfermedad de Alzheimer (EA), un trastorno neurodegenerativo progresivo, se caracteriza por la agregación de proteínas beta amiloides y tau hiperfosforiladas en el cerebro, lo que entre otros efectos se asocia con un empeoramiento de la memoria.

Dado que no se cuenta con tratamientos para la enfermedad, existe una necesidad urgente de identificar los factores de riesgo modificables asociados con estos biomarcadores, los cuales puedan ser orientados a prevenir, o al menos retrasar, la enfermedad de Alzheimer futura.

Aumentar el riesgo

Investigaciones realizadas en las últimas décadas han identificado varios factores de riesgo psicológico para el deterioro cognitivo y la enfermedad de Alzheimer, entre los que destacan la depresión y la ansiedad.

Si bien estos riesgos generalmente se han considerado de forma independiente, una hipótesis llamada Deuda Cognitiva sugiere que un mecanismo frecuentemente presente en estos factores de riesgo psicológico, el pensamiento negativo repetitivo (RNT, por sus siglas en inglés), puede ser la base del riesgo asociado con cada factor.

La enfermedad de Alzheimer es un trastorno neurodegenerativo que se distingue por síntomas como pérdida de memoria y problemas para planificar y realizar tareas diarias.

En línea con esta noción, los resultados de un reciente estudio realizado por investigadores del Colegio Universitario de Londres (UCL) sugieren que la persistencia de participar en patrones de pensamiento negativos puede aumentar el riesgo de la enfermedad de Alzheimer.

El pensamiento negativo repetitivo (también denominado cognición perseverante) es un proceso cognitivo medible en el comportamiento que abarca pensamientos dirigidos hacia el futuro (preocupación) y el pasado (rumia), los cuales se han asociado con efectos perjudiciales en la memoria y la función ejecutiva en diversas poblaciones.

Para el estudio, el equipo de investigación examinó a 292 personas mayores de 55 años con evaluaciones cognitivas longitudinales, incluidos 113 con tomografía por emisión de positrones (PET) de amiloide y exploraciones tau-PET, que formaban parte del Programa de Prevención del Alzheimer PREVENT-AD, y otras 68 personas con exploraciones de PET amiloide de la cohorte internacional de Mente, Actividades y Lugares Urbanos (iMAP+). Todos los participantes completaron cuestionarios RNT, ansiedad y depresión.

Apoyar la salud mental en la vejez

Los participantes del estudio completaron medidas de depresión y síntomas de ansiedad, y por un lapso de 2 años, respondieron encuestas que indagaban los pensamiento típicos asociados a las experiencias negativas, enfocándose en patrones de RNT. Sobre la base de esta información, el equipo evaluó su función cognitiva, memoria, atención, cognición espacial y lenguaje.

Estos análisis revelaron que las personas que mostraban patrones de RNT más altos experimentaron un mayor deterioro cognitivo durante un período de 4 años, disminución de la memoria, y eran más propensos a tener depósitos de proteínas beta amiloide y tau en sus cerebros.

Aunque la depresión y la ansiedad se asociaron con un posterior deterioro cognitivo, lo investigadores no observaron lo mismo en cuanto al depósito de proteínas amiloide o tau, lo que sugiere que los pensamientos negativos repetitivos podrían ser la razón principal por la cual la depresión y la ansiedad contribuyen al riesgo de enfermedad de Alzheimer.

Los resultados del estudio sugieren que la persistencia de participar en patrones de pensamiento negativos puede aumentar el riesgo de la enfermedad de Alzheimer.

En referencia a estos resultados, la doctora Natalie L. Marchant, catedrática en el Departamento de Psiquiatría de la UCL y coautora del estudio, señaló:

“Proponemos que el pensamiento negativo repetitivo puede ser un nuevo factor de riesgo para la demencia, ya que podría contribuir con esta afección de una manera única”.

El equipo sugiere que estos resultados podrían fundamentarse en el impacto que tienen los RNT en los indicadores de estrés, como la hipertensión, lo que va en línea con estudios previos que han encontrado que el estrés fisiológico puede contribuir a la agregación o de proteínas beta amiloide y tau en el cerebro.

El equipo espera determinar si la reducción del RNT, posiblemente a través del entrenamiento de atención plena o la terapia de conversación dirigida, podría tener un efecto protector contra la demencia. En ese sentido, los investigadores están trabajando en un gran proyecto con el que pretenden verificar si intervenciones como la meditación pueden ayudar a reducir el riesgo de demencia.

Referencia: Repetitive negative thinking is associated with amyloid, tau, and cognitive decline. Alzheimer’s & Dementia, 2020. http://dx.doi.org/10.1002/alz.12116