La pandemia del coronavirus ya ha causado más de 6.8 millones de contagios en todo el mundo y ha ocasionado al casi 400 mil muertes. Como ya se sabe, ambos números no reflejan por completo la situación real del mundo ya que cada nación que provee datos sobre la situación en su país lo hace bajo criterios distintos.

Para poder establecer un estándar, ahora la Organización Mundial de la Salud está solicitando a todos los países que registren dentro de sus estadísticas de muerte por COVID-19 incluso aquellos casos que eran sospechosos.

Es decir, piden que también se registren los fallecimientos de quienes pudieron haber tenido el COVID-19, pero que no se sometieron a la prueba a tiempo. De este modo, esperan poder contar con un sistema de seguimiento más fehaciente para tener mejor idea del impacto del coronavirus en el mundo tanto ahora como durante investigaciones futuras.

¿Quiénes entrarían en el conteo?

Debido a esta nueva solicitud deberán registrarse en los certificados de muerte no solo los casos confirmados, sino, por ejemplo, también todos aquellos en los que se sospeche que el coronavirus pudo colaborar con el fallecimiento.

Por esto, las personas que tuvieran patologías crónicas, como diabetes, enfermedades pulmonares o problemas cardíacos y que pudieran haber tenido el COVID-19, deberán empezar a ser reflejadas también en las estadísticas de los gobiernos.

Este mismo criterio se establecerá también para las mujeres embarazadas que fallecieron por complicaciones debido a la enfermedad. Asimismo, los enfermos con VIH que murieron afectados por el virus también se deberán tomar en cuenta. Esto incluso si no se comprueba que la causa de muerte fue el virus como tal.

Esto no implica que cualquier que tuviera coronavirus y muera, sin importar la causa, entrará en las nuevas estadísticas. De hecho, el criterio de selección en todos los casos anteriores sigue una misma máxima en la que el COVID-19, si no fue una causa principal, fue un factor que colaboró en el proceso.

¿Quiénes no?

Tomando en cuenta los criterios anteriores, las personas con COVID-19 que fallezcan en otro tipo de circunstancias como accidentes o enfermedades como el cáncer, no entrarán a las estadísticas, ya que el SARS-CoV-2 no se considerará como un factor determinante para el fallecimiento de las personas. En total, incluso si estas eran un positivo confirmado, si no pueden establecer al menos una línea de sospecha certera entre la muerte y el COVID-19, no entrarán en los conteos de las naciones.

La necesidad de especificar

Un punto importante que ha resaltado la OMS es que el “coronavirus” es el nombre de toda una gama de patógenos. Por lo que, piden a los organismos competentes de cada nación que registren las muertes por esta enfermedad bajo su nombre específico: COVID-19. De este modo, para los registros generales será mucho más fácil determinar cuáles fallecimientos han sido por el nuevo virus y cuáles han sido por patógenos ya conocidos.

Sumado a esto, la OMS también pide que los informes sean tan detallados como sea posible. Por esto, la organización recibirá datos como el sexo, grupo etario, lugar y fecha de nacimiento, etnia, profesión y lugar de residencia de los afectados.

Asimismo, detalles sobre el proceso de la enfermedad, si a la persona se le realizó o no un test, cuánto tiempo estuvo enfermo (desde el inicio de los síntomas hasta el fallecimiento), cuánto pasó en el hospital y qué tantas complicaciones se le presentaron serán muy valiosas para los futuros análisis y estudios de la OMS.

Categorías U07.1 y U07.2

Sumado a todo lo anterior, la OMS también ha creado las categorías U07.1 y U07.2 con las que cada país debe clasificar los informes. En la U07.1 estarán los certificados de defunción de casos confirmados de COVID-19 de los que se tiene certeza total. Por otra parte, en la U07.2 estarán aquellos casos que presentan una sospecha significativa sobre la relación del COVID-19 y la muerte, pero que no se pudieron comprobar a tiempo.