George Orwell escribió ‘1984’ hace 71 años y la novela –que resultó no ser tan ficticia– ha sido punto de referencia para definir la importancia de la verdad en nuestra sociedad. Y hablando sobre el tema, ¿sabías que el Ministerio de la Verdad que conocemos en el libro en verdad se inspiró en un hecho real? Sí, resulta que esta institución en realidad existió durante la Segunda Guerra Mundial en la que se llevó a cabo una importante misión secreta que fue clave para vencer a los nazis en el conflicto bélico.

El Ministerio de la Información, como se llamó realmente, está ubicado en la Casa del Senado de la Universidad de Londres y fue creado especialmente en el inicio de la guerra para conocer lo que la población pensaba y opinaba sobre ella, sobre todo para hacer seguimiento a rumores y cómo se sentían las personas tras cada ataque o batalla que tenía lugar. Incluso la esposa de Orwell trabajó allí, de manera que el autor conocía muy bien lo que estaba hablando dentro de su obra.

En este artículo nos ocuparemos de explicar cómo funcionaba y cuáles eran sus metodologías, pero antes es necesario hacer un breve repaso de la obra ‘1984’ y los hechos que llevaron a Orwell a escribirla, a modo de entender la importancia que el escritor y periodista le otorgaba a la verdad dentro de la democracia y por qué su repudio a los regímenes totalitarios.

Totalitarismo: el control de la verdad

El Estado omnipresente manipula la verdad, vigila de manera invasiva y reprime a quien piensa diferente.

‘1984’ ha inspirado el término “orwelliano” para describir aquellas sociedades distópicas que nos recuerdan a lo que describe Orwell en su obra: una sociedad en la que un estado omnipresente manipula la verdad, vigila a sus ciudadanos de manera invasiva y los reprime política y socialmente por pensar diferente.

El paso de Orwell por la Guerra Civil española cambió su manera de ver el mundo, y los totalitarismos nazi y estalinista fueron su principal inspiración para la novela. Orwell era un hombre de izquierda, pero aun así no dudaba en criticar aquellas posturas de los partidos políticos en el manejo de la propaganda. Así lo hizo sobre el Partido Comunista Español, que tenía una clara influencia estalinista en el tratamiento que le daban a la propaganda.

Analizar ‘1984’ tomaría un artículo entero aparte y no es lo que nos compete en este momento, pero sí es importante revisar su sinopsis e historia. Para hacerlo lo más breve posible: Winston Smith es un empleado del Ministerio de la Verdad en el que tiene como tarea reescribir la historia (claro revisionismo histórico del marxismo).

Durante la historia, Smith se va dando cuenta de que su vida es una farsa y al tratar de deslindarse de esa labor, conoce a la joven Julia que también se ha dado cuenta del sistema que los controla y ambos inician una especie de resistencia al Gran Hermano llamada la Hermandad que en realidad es una trampa del régimen. Terminan por torturarlos a ambos para obligarlos a aceptar y a convencerse de que lo que dicta el Partido es la única verdad, quedando condenados para siempre como rehenes del sistema.

Así era el Ministerio de la Verdad de ‘1984’, pero, ¿cómo era el de la vida real? El Ministerio de Información británico inspiró de muchas maneras la novela de Orwell, pero por suerte tuvo un final menos dramático que el de Winston y Julia.

Un ministerio para medir la opinión de la población sobre la Guerra

Quizás hayas visto este edificio de concreto en películas como ‘Batman Begins’, ‘The Dark Knight Rises’, ‘Theory of Everything’ y la adaptación cinematográfica de ‘1984’.

Puede que hayas visto el edificio del Ministerio de Información británica más veces de las que crees. No solo aparece en la adaptación cinematográfica de ‘1984’, sino en otras obras del cine más recientes como ‘Batman Begins’ y ‘The Dark Knight Rises’, ‘The Theory of Everything’ y también en joyas de la televisión como ‘Dr. Who’. En cuanto a lo físico, así describía Orwell a la estructura de concreto:

“Cuatro edificios se elevan vasto y blanco sobre el sucio paisaje. Eran bastante diferentes de los otros objetos a la vista. Eran estructuras piramidales enormes de brillante concreto blanco, elevándose, terraza a terraza, 300 metros hacia el aire. Tanto así que hacían pequeña la arquitectura de los alrededores que podías ver las cuatro al mismo tiempo desde el techo de las Mansiones de la Victoria… El Ministerio de la Verdad, el lugar de trabajo de Winston, contenía, según decían, tres mil habitaciones sobre el nivel del sótano, y ramificaciones correspondientes debajo”.

Imponente como lo pinta Orwell, este edificio se levantó gracias a una importante donación –para la época, 1932– de 400 mil libras por parte de la Fundación Rockefeller para ampliar el campus de la Universidad de Londres. La llegada de la Segunda Guerra Mundial implicó la creación del Ministerio de Información, un ente creado para engañar, conservar y crear propaganda durante la guerra.

La construcción del edificio fue sumamente costosa, comenzando con una donación de la Fundación Rockefeller de 400,000 libras en 1932.

Bajo este período se crearon piezas que pasarían a la posteridad como el póster que dice “Keep calm and carry on” (“Mantenga la calma y siga adelante), quizás la propaganda más brit del mundo moderno.

Como mencionamos en líneas anteriores, la esposa de Orwell, Eileen O’Shaughnessy, trabajó en el departamento de censura del ministerio desde 1939 hasta 1942. Evidentemente que la experiencia de O’Shaughnessy fue crucial como aporte para ‘1984’.

¿Cómo funcionaba el Ministerio de Información?

Curiosamente, este póster se hizo famoso en el 2000 cuando fue descubierto, pero nunca se utilizó durante la guerra.

El objetivo del ministerio era conocer la opinión de los ciudadanos con respecto a la guerra, para ello aplicaron una metodología minuciosa de escuchas en todo el país en la que recogían en un informe diario o semanal lo que se escuchaba en la calle, puestos de trabajo, refugios, bares y tiendas.

Inicialmente, la estrategia del gobierno era tratar de vender una versión optimista de la guerra en la que prácticamente se disminuía el efecto que tenían los ataques nazis sobre el país. En general, se respondía a esto con partes de guerra edulcorados en las noticias y propaganda que debía mantener la moral de los ciudadanos en respuesta a los graves bombardeos.

Sin embargo, este primer enfoque de la estrategia no estaba dando resultados entre la población, pues cada vez más se leía en los reportes que los ciudadanos pedían saber la verdad y que se les planteara el panorama de la guerra con claridad. Querían que se les tratara como un aliado más de la guerra que debía saber a qué atenerse.

Como caso de ejemplo, tras el bombardeo de una ciudad en Portsmouth, los informes recogieron que la población se mostraba indignada y desconfiada por escuchar en las noticias una versión que disminuía por mucho los daños ocasionados por el ataque cuando ellos mismos habían visto la realidad con sus propios ojos.

Y cuando los nazis dejaban sus panfletos de propaganda, el ministerio tenía la orden de recogerlos para evitar que la población los leyera. Esto no era del agrado de los ciudadanos, quienes se quejaban por quitarles la oportunidad de conocer cómo pensaban y se expresaban los nazis, el enemigo.

A medida que fueron llegando los informes con las opiniones de la población el gobierno actuó, afortunadamente, de manera positiva ante estos indicadores. En lugar de arremeter con más censura y propaganda, el ministerio redujo el uso de este recurso y aumentaron las noticias veraces, además de hacer la información más accesible sobre el cómo y el porqué de la guerra.

Esto fue crucial para para lidiar con el frente interno. Para el historiador Simon Eliot, el razonamiento del ministerio fue: “Tenemos la verdad de nuestro lado, la usaremos como arma y no podemos hacer lo mismo que los alemanes o los rusos”.

La verdad como el arma más poderosa que existe

Para Orwell el valor de la verdad es fundamental para la democracia y la libertad, son elementos indivisibles.

Orwell escribe una frase en ‘1984’ que resultó ser más que profética de nuestros tiempos: “Quien controla el presente controla el futuro, y quien controla el pasado controlará el futuro”. En palabras simples: quien se hace con la verdad como recurso puede dominar a toda su población. Ya sea reescribiendo la historia, manipulando información o atiborrando a la sociedad con propaganda, quien venda su única versión de la historia tendrá el control de todo lo que desee.

En regímenes totalitarios –sin distinción entre izquierda y derecha– es crucial hacerse con la verdad a través de la presentación distorsionada de la realidad y vender o magnificar el éxito de su gestión. Esto suele ser una gran irresponsabilidad sobre una población, porque todas las decisiones que se tomen sobre esa información errada es perjudicial para las vidas de los ciudadanos.

¿Ya pensaron en casos en los que se puede extrapolar esta manera de manipular la verdad? Históricamente tenemos el mal manejo de la información que hubo sobre el accidente nuclear de Chernóbil en el que hasta el presente es desconocido el número de víctimas, decenas de miles frente a la versión oficial, apenas poco más de 30 personas.

En el presente, podemos sacar algo de ejemplo en la manera en la que algunos países han lidiado con la pandemia de COVID-19, que maquillado cifras y acallado voces de expertos que advirtieron sobre la mortalidad de este virus. De manera irresponsable, los gobiernos buscan acariciar sus egos compitiendo por una falsa ilusión de perfección mientras mienten sin ningún tipo de vergüenza.

La experiencia del Ministerio de Información británico durante la Segunda Guerra Mundial en cuanto al cambio de estrategia siempre con la verdad por delante es un gran ejemplo que nos enseña a que oír a la población e incluirla en sus mensajes y estrategias es tan importante como una acción militar dentro de la guerra, pues para Orwell la democracia y la libertad son indivisibles de la verdad, es decir, una no puede existir sin la otra.