Se sabe que nuestra comunidad intestinal de microbios, la microbiota humana, calibra nuestra función inmune y metabólica, y que su corrupción o agotamiento puede aumentar el riesgo de enfermedades crónicas, que van desde el asma hasta la obesidad.

En el año 2010, un equipo de microbiólogos italianos comparó microbios intestinales de jóvenes aldeanos en Burkina Faso con los de niños en Florencia, encontrando que los aldeanos, que subsistían con una dieta principalmente de mijo y sorgo, albergaban una comunidad microbiana mucho más diversa que los florentinos, que comían una variante de la dieta occidental refinada.

Extinción microbiana

Sobre la base de estos resultados, en 2015 un estudio independiente realizó un experimento en dos grupos de ratones: uno que fue alimentado con mucha fibra, que mostró un ecosistema microbiano rico y diverso, y otro alimentado con una dieta que asemejaba la típica occidental, poca fibra y alta en azúcar y grasas, en el que la diversidad microbiana se desplomó.

Sin embargo, incluso semanas después de estar alimentándose con la dieta occidental, cuando los ratones volvían a comer fibra, se recuperaba la diversidad microbiana, lo que respaldaba la idea de que nuestras comunidades microbianas podrían volver a diversificarse si solo comiéramos más granos enteros y verduras.

Investigadores han comenzado a catalogar y posiblemente preservar, antes de que desaparezcan, microbios de personas que viven en ambientes que se cree que se asemejan al pasado de la humanidad.

Pero, cuando los investigadores observaron a ratonas embarazadas que siguieron la dieta sin fibra, los agotamientos microbianos temporales se convirtieron en pérdidas permanentes. En este caso, los cachorros nacidos no lograron adquirir la dotación completa de microbios de sus madres, perdiéndose grupos enteros de microbios durante la transmisión.

Cuando a los ratones de segunda generación se les puso en una dieta rica en fibra, sus microbios no se recuperaron. Los ratones no pudieron hacer crecer lo que nunca habían heredado. Cuando estos animales de segunda generación se pusieron a su vez en una dieta occidental, sus crías heredaron aún menos microbios, y con cada generación que se alimentaba con la dieta occidental, menor era la diversidad microbiana.

En línea con estos resultados, muchos de los especialistas que estudian el microbioma sospechan que los humanos estamos experimentando un espasmo de extinción microbiana comparable a la crisis de extinción que afecta al planeta.

Rescatando microbios

Pero además de una dieta poco saludables, existen otros factores implicados en estas desapariciones. Los antibióticos, que aplanan indiscriminadamente los ecosistemas microbianos internos; los servicios sanitarios modernos, que comenzaron a finales del siglo XIX y pueden limitar el intercambio de microbios que promueven la salud y la enfermedad por igual, e incluso las viviendas que habitamos en la actualidad nos mantienen alejados de muchos de los microbios del suelo, plantas y animales que nos “llovieron” durante nuestra evolución.

Para abordar esta situación, el Proyecto del Microbioma Humano, cuya primera fase finalizó en 2012, fue catalogado como una “hoja de ruta” de los microbios humanos, pero en realidad solo recogía comunidades microbianas de población estadounidense, por lo que estaba lejos de abarcar toda la diversidad del microbioma humano.

Nuestra comunidad intestinal de microbios calibra nuestra función inmune y metabólica, y su corrupción o agotamiento puede aumentar el riesgo de enfermedades crónicas.

Así que un notable esfuerzo ha comenzado a catalogar y posiblemente preservar, antes de que desaparezcan, los microbios de las personas que viven en ambientes que se cree que se asemejan al pasado de la humanidad, personas cuyos microbiomas pueden aproximarse a un estado ancestral.

Los científicos sospechan que estas poblaciones no conservarán sus costumbres tradicionales mucho más tiempo. En muchas de estas comunidades ya se utilizan antibióticos con frecuencia, y a medida que la modernización y la aculturación progresan, algunos microbios humanos, o quizás ciertas configuraciones de esos microbios, pueden perderse para siempre.

La vertiginosa variedad microbiana documentada hasta ahora está lejos de ser completamente entendida, por lo que se desconoce qué microbios son beneficiosos, cuáles son perjudiciales y cuáles son irrelevantes.

Sin embargo, una constante observada es que las personas que llevan un estilo de vida de subsistencia tienen una diversidad microbiana mayor a la de poblaciones occidentales, hasta un 50 por ciento más de especies que los norteamericanos o los europeos.

Esto incluye no sólo bacterias, sino también eucariotas, protistas unicelulares y grandes gusanos multicelulares, organismos que poco se ven en Occidente y que históricamente han sido considerados como patógenos, pero que algunas evidencias recientes sugieren que pueden dar forma favorablemente al microbioma, beneficiando al huésped.

Referencias:

Impact of diet in shaping gut microbiota revealed by a comparative study in children from Europe and rural Africa. PNAS, 2010. https://doi.org/10.1073/pnas.1005963107

Gut Microbiota: An Important Link between Western Diet and Chronic Diseases. Nutrients, 2019. https://dx.doi.org/10.3390/nu11102287

The Impact of Western Diet and Nutrients on the Microbiota and Immune Response at Mucosal Interfaces. Frontiers in Immonology, 2017. https://doi.org/10.3389/fimmu.2017.00838

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