COVID-19 pasó de ser una enfermedad respiratoria a considerarse como una enfermedad multisistémica que puede afectar a muchas partes del cuerpo, como el corazón, el cerebro, e incluso los riñones.

Hasta ahora, los informes de China indican que hasta el 15 por ciento de los pacientes en la unidad de cuidados intensivos por COVID-19 presentan también una condición llamada lesión renal aguda, mientras que las cifras oficiales de Estados Unidos indican que un 20 por ciento de ellos la padece.

Los expertos creen que estos porcentajes pueden ser significativamente más altas en Europa occidental, lo que coloca al riñón en el segundo lugares entre los órganos dañados con mayor frecuencia por la nueva enfermedad.

Sin embargo, en estas fechas los datos estadísticos sobre la lesión renal aguda en pacientes con coronavirus seguían dispersos. Para dar un poco de claridad en esta panorama, un equipo de investigadores decidió estudiar los datos de varios pacientes de COVID-19 en cuidados intensivos en Francia, encontrando que el problema renal era bastante frecuente en estos casos.

57 pacientes con lesión renal aguda

Los investigadores usaron los datos de 71 pacientes con lesión pulmonar grave ingresados a unidades de cuidados intensivos en el Hospital Universitario de Burdeos, Francia entre el 3 de marzo de 2020 al 14 de abril de 2020.

La lesión renal aguda se definió a través de criterios de Kidney Disease Improving Global Outcomes (KDIGO). Se hicieron análisis urinarios sistémicos evaluando la incidencia, la gravedad, la presentación clínica, la caracterización biológica (lesión renal aguda transitoria versus persistente; proteinuria, hematuria y glucosuria) y los resultados a corto plazo.

El estudio reveló que, al momento del ingreso a la unidad de cuidados intensivos la lesión renal aguda estuvo presente en ocho de los 71 pacientes incluidos, lo cual represente un 11 por ciento del total.

Pero este porcentaje aumentó significativamente cuando transcurrieron 17 días, momento en el cual 57 de los 71 pacientes tenían dicha afección, lo cual representa un 80 por ciento del total. 10 de los pacientes con lesión renal aguda (18 por ciento) requirió terapia de reemplazo renal (diálisis), y dos murieron en las primeras 72 horas.

Al momento de su ingreso, la creatinina sérica basal de los paciente fue en promedio de 69 μmol/l ( el valor normal es hasta 100 μmol/l). Tras tres días del diagnóstico, cuatro de los 55 pacientes restantes experimentaron una caída en sus niveles de creatinina nuevamente. Con ello, los investigadores determinaron que se trataba de lesión renal aguda transitoria, mientras que los otros 51 la tenían persistente con aumento de la excreción de proteínas.

“Solo dos pacientes (4 por ciento) tenían excreción elevada de glucosa (glucosuria). Siete días después del desarrollo de AKI, seis pacientes (11 por ciento) todavía estaban en diálisis, nueve (16 por ciento) tenían creatinina sérica mayor a 200 μmol/l y otros cuatro (7 por ciento) habían muerto. La recuperación renal ocurrió en 28 por ciento después de siete días y en 52 por ciento después de 14 días”, escribieron los autores.

Lo claro es que COVID-19 ciertamente puede causar daños renales en pacientes gravemente enfermos, y casi uno de cada cinco se vio en la necesidad de recibir diálisis. Esto subraya la importancia de hacer seguimiento a los pacientes con la infección incluso después del alta hospitalaria, ya que esto puede dejarlos vulnerables frente a otras enfermedades en el futuro.

Referencia:

Acute kidney disease in critically ill COVID-19 patients. https://academic.oup.com/ckj/advance-article/doi/10.1093/ckj/sfaa099/5854260