El coronavirus SARS-CoV-2, agente causal de la enfermedad COVID-19, ha generado un impacto sin precedentes en la mayoría de los países del mundo, contagiando (al 4 de junio) más de 6.600.000 personas y siendo responsable de más 390.000 muertes.

Dada la inexistencia de tratamientos o vacunas efectivas, la mayoría de los países han afrontado la propagación del coronavirus implementando medidas de distanciamiento social, complementadas con la realización masiva de pruebas de detección de COVID-19 y el rastreo de los contactos.

Medidas de contención

Obviamente, la prioridad de las autoridades en este contexto pandémico gira en torno a la salud de las personas, por lo que el impacto indirecto de estas medidas en el medio ambiente no ha sido analizado en profundidad.

Los primeros estudios realizados revelaron un impacto indirecto positivo en el medio ambiente. Los expertos predicen que las emisiones de gases de efecto invernadero podrían caer a proporciones no vistas desde mediados del siglo XX.

Bajo el argumento que las bolsas reutilizables tienen más probabilidades de transportar el coronavirus, las tiendas minoristas han reanudado el uso de bolsas de plástico.

En las principales ciudades de Asia, Europa y Norteamérica la contaminación atmosférica se ha reducido drásticamente desde la implementación de las medidas de contención de la propagación del coronavirus.

La suspensión de las actividades no esenciales, la ralentización de las principales industrias y el uso sustancialmente menor de los automóviles, ha resultado en una mejora drástica de la calidad del aire debido a la reducción de las emisiones de dióxido de carbono, óxidos de nitrógeno, así como una menor formación de ozono y material particulado.

De forma similar, las medidas de contención implementadas por la mayoría de los gobiernos han hecho que muchas playas del mundo se limpien, un efecto impulsado principalmente por la reducción de los residuos generados por los turistas que las visitan.

Más aún, la disminución de las actividades comerciales, así como uso reducido del transporte privado y público observado en la mayoría de las ciudades, ha provocado una reducción significativa de los niveles de contaminación sonora.

No todo es bueno

Si bien estos efectos indirectos positivos sobre el medio ambiente son plausibles, las derivaciones de la pandemia del coronavirus también han generado otros negativos.

Por ejemplo, en algunas ciudades se han suspendido los programas de reciclaje por el riesgo de propagación del virus en los centros de reciclaje, y en algunos países particularmente afectados, se ha restringido el manejo sustentable de los desechos prohibiendo a sus ciudadanos infectados clasificar sus residuos.

La caída de las emisiones de gases de efecto invernadero se debe a las medidas de contención adoptadas en respuesta a la propagación del coronavirus, principalmente a la reducción del tráfico automotor.

Los minoristas de alimentos han reanudado el uso de bolsas de plástico en los puntos de pago bajo el argumento de que las bolsas reutilizables tienen más probabilidades de transportar el coronavirus.

Además, sea por las estrictas reglas de confinamiento o por el temor por salir de casa, ha habido un aumento tremendo en la demanda de compras en línea, lo que implica el consecuente incremento de empaques, cajas y bolsas de un solo uso.

Al mismo tiempo, muchas personas han aumentado su consumo de comida para llevar la cual también se despacha en empaques de un solo uso. Las consecuencias de este gran aumento en los residuos de envases aún están por verse.

Está claro que la pandemia producirá efectos indirectos tanto positivos como negativos en el medio ambiente, pero se prevé que estos últimos serán mayores. Si bien la disminución drástica de las concentraciones de gases de efecto invernadero es bien recibida, no se trata de una forma sostenible de limpiar nuestro medio ambiente.

Conjuntamente, la crisis del virus trae consigo otros problemas ambientales que pueden ser más duraderos y que tal vez sean más difíciles de manejar en el transcurrir del tiempo.

Referencia: Indirect effects of COVID-19 on the environment. Science of The Total Environment, 2020. https://doi.org/10.1016/j.scitotenv.2020.138813