Una de las quejas recurrentes entre seres humanos radican en el egoísmo. Instintivamente, damos prioridad a nuestra supervivencia y bienestar, y el de los nuestros, mientras que los otros quedan en segundo plano. O al menos es lo que la mayoría cree.

Sin embargo, aunque en nuestro mundo abunden hechos que apoyen estas ideas, en realidad hay mucha tela que cortar. Los gestos de bondad desinteresada también existen y son también impresionantes, y la vida entre humanos probablemente no existiera en ausencia de estos.

Particularmente el altruismo es un comportamiento fundamental dentro de la sociedad moderna, y más en estos tiempos de crisis. Sin embargo, aún es poco lo que se entiende sobre el tema; su evolución y dinámica siguen siendo un misterio.

Un equipo de investigadores de la Universidad Estatal de Ohio y la Universidad de Carolina del Sur en los Estados Unidos sugieren ha publicado un nuevo estudio que nos arroja algo de esperanza. Sus resultados sugieren que la mayoría de los humanos eligen la generosidad, incluso si hay intereses de por medio.

¿Razones para un buen gesto?

Los investigadores decidieron determinar si diferentes tipos de motivaciones pueden entrar en conflicto o cancelarse. Para ello, conectaron con 709 voluntarios a través de la plataforma de contratación colectiva Mechanical Turk de Amazon, y pusieron a prueba su generosidad.

Entonces diseñaron escenarios que llevaban a compartir los ingresos a partir de la combinación de diferentes motivadores, en cada uno de los cuales obtendrían 10 puntos. Uno de los escenarios presentaba una recompensa con puntos de bonificación al final de la dinámica, pero de manera aleatoria para mantenerlos alerta.

“Queríamos hacer un estudio exhaustivo para ver cuáles serían los efectos de esas motivaciones cuando se combinan, porque se combinan en el mundo real, donde las personas toman decisiones sobre cuán generosos o amables son los unos con los otros”, dice David Melamed, investigador de la universidad de estado de Ohio.

Por supuesto, estos puntos no carecían de valor. En realidad cada uno valía unos pocos centavos, que si bien no cambiarían la vida de nadie, eran más que suficiente para recordar a los voluntarios que su altruismo podría proveerles beneficios durante el experimento.

Al comparar los diferentes escenarios, los investigadores notaron que los voluntarios estaban dispuestos a entregar efectivos a personas desconocidas independientemente delas combinaciones de motivación involucradas.

Humanos configurados para ser altruistas

Estos resultados sugieren que los diferentes incentivos que dan lugar a comportamientos altruistas no están guiados por la competencia, lo cual sorprendió a los investigadores. “Si haces algo bueno por mí, puede importarme más que si te veo hacer algo bueno por alguien más”, dice Melamed, haciendo alusión a la hipótesis inicial que planteaba una especie de sesgo para el altruismo.

“Pero descubrimos que todos los motivadores siguen apareciendo como predictores de cuánto está dispuesta a dar una persona a otra persona, independientemente de cómo se combinen los diferentes motivadores”.

De modo que, en oposición a todo lo que veníamos pensando sobre nuestras acciones, los humanos tenemos una configuración altruista, y conocerla y despertarla en otros puede ser la clave para la mejora de nuestra convivencia en el futuro.

Referencia:

The robustness of reciprocity: Experimental evidence that each form of reciprocity is robust to the presence of other forms of reciprocity. https://advances.sciencemag.org/content/6/23/eaba0504