La pandemia COVID-19 ha provocado una marcada morbilidad y mortalidad a nivel global. A fin de cumplir con las directrices de salud pública y para ayudar a preservar o redirigir los recursos limitados, las autoridades han impuesto restricciones –apropiadas pero significativas– a la atención médica de rutina.

La mayoría de los procedimientos cardiovasculares invasivos y las pruebas de diagnóstico se han aplazado. Lamentablemente, los pacientes con enfermedades cardiovasculares no tratadas corren un mayor riesgo de sufrir resultados adversos potencialmente mortales.

Un problema clínico

Consecuentemente, la reducción del acceso a las pruebas de diagnóstico dará lugar a una elevada carga de enfermedades cardiovasculares no diagnosticadas que retrasará aún más el tiempo de tratamiento.

A medida que las restricciones se flexibilizan y los sistemas de atención de la salud vuelven a su capacidad normal, surge una gran cantidad de peticiones de atención médica que compiten entre sí de múltiples disciplinas, pero se justifica la priorización de los pacientes cardiovasculares.

Es importante poner en marcha un plan transparente para examinar a los posibles pacientes y trabajadores de salud para descartar la presencia de COVID-19.

Aunque COVID-19 ha tenido un impacto global, en algunas regiones no se ha producido un aumento significativo de los casos relacionados con las medidas de adaptación social y de atención de la salud, o bien el pico ha pasado o ha sido menos importante. En esas zonas, hay recursos disponibles del sector de la salud que pueden redistribuirse rápidamente.

A medida que las instituciones avanzan en el camino de la gestión de la pandemia del coronavirus, existe la oportunidad de reactivar la atención cardiovascular periódica de manera progresiva con las salvaguardias adecuadas.

Plan de acción

En un informe de consenso, especialistas de 16 sociedades cardiovasculares de Norteamérica sugirieron recomendaciones y proporcionaron orientación sobre la reactivación segura de procedimientos cardiovasculares invasivos y pruebas de diagnóstico después del pico inicial de la pandemia de COVID-19.

Pero antes de cualquier reactivación de procedimientos y pruebas cardiovasculares debe abordarse la protección de los pacientes y de los trabajadores de la salud. Las instituciones deben disponer de la capacidad necesaria en materia de cuidados intensivos, equipos de protección y personal capacitado.

Debido a la emergencia sanitaria que ha planteado la intrépida propagación del coronavirus, la mayoría de pruebas de diagnóstico y procedimientos cardiovasculares se han aplazado.

Es importante poner en marcha un plan transparente para examinar a los posibles pacientes y trabajadores de salud a fin de descartar la presencia de COVID-19 antes de que se reanuden los procedimientos y pruebas electivas.

En complemento, deben aplicarse restricciones al número de personas que pueden acompañar a un paciente o visitarlo después de un procedimiento. Siempre que sea posible, las pruebas o procedimientos múltiples deben consolidarse en una sola visita integral, así como considerar las consultas por teleconferencia.

El informe proporciona un marco ético con las salvaguardias apropiadas para la reintroducción gradual de procedimientos cardiovasculares invasivos y pruebas de diagnóstico después del pico inicial de la pandemia COVID-19.

Referencia: Safe Reintroduction of Cardiovascular Services during the COVID-19 Pandemic: Guidance from North American Society Leadership. The Annals of Thoracic Surgery, 2020. https://doi.org/10.1016/j.athoracsur.2020.04.017

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