El coronavirus ya ha afectado a más de 6.300.000 personas en todo el mundo, de estas, más 370.000 han fallecido por su causa. Mientras que, afortunadamente, poco más 2.700.000 han sido dadas de alta al recuperarse de la enfermedad.

Esto indica que estos individuos ahora tienen la oportunidad de regresar a su vida cotidiana. Sin embargo, dicha vuelta a la normalidad puede ser mucho más compleja de lo que se plantea.

Recientemente, una nueva investigación documental se publicó en la revista Physiotherapy. Dicho estudio repasaba las consecuencias a largo plazo de recuperarse de una enfermedad infecciosa como el COVID-19. Su principal autor, Michel Landry, profesor de cirugía ortopédica y salud global, incluso ha declarado junto a sus colegas que el superar la enfermedad es apenas un “primer paso” en el más largo periodo de recuperación.

Según sus planteamientos, los sistemas de salud necesitan comenzar a complementar sus servicios con planes a largo plazo. Gracias a estos, se podría asegurar no solo la cura inmediata del paciente, sino un sistema de apoyo para que este pueda superar el trauma y reinsertarse debidamente en la sociedad.

Dentro de su estudio, comenta que en ocasiones similares a la actual –como la crisis del SARS del 2003– al menos el 30% de los afectados por esta desarrollaron estrés post-traumático. Ahora que nos enfrentamos a una pandemia mundial, tener las herramientas para lidiar con las consecuencias derivadas del virus puede ser tan importante como combatirlo directamente.

Un compromiso profundo con las vidas que se salvan

En general, la lógica de los planteamientos de Landry se sustenta tras un hecho sencillo, opina que los profesionales de la salud deben tener un compromiso más profundo con las vidas que salvan. Dentro de sus comentarios al respecto ha declarado:

“Si estás preparado para gastar recursos considerables en el frente para para preservar la vida, deberías ser igualmente entusiasta sobre proveer cuidados continuos para la calidad de vida de aquellos a los que acabas de salvar”.

No es la primera vez que Landry hace movimientos para que los cuidados post-enfermedad o crisis se unan a los sistemas de salud básicos. Este ya ha estado en países como Nepal y Haití tras los terremotos que sufrieron o como la nación de Bosnia y Herzegovina, luego de la guerra, y ha logrado dejar su huella.

Para Landry, el cuidado de las personas durante la crisis es tan solo la “Fase 1”. Por lo general, la mayoría de los sistemas de salud están preparados para esto. Pero, hace falta que comiencen a incluir en sus planes las siguientes etapas de cuidado que llegan cuando la persona trata de recuperar su vida normal.

Las consecuencias a largo plazo están allí

Ya lo sabemos, mientras más fuerte sea el COVID-19, más posibles consecuencias a largo plazo se quedarán en el organismo de la persona. Por ejemplo, algunas podrían terminar por sufrir problemas respiratorios por el resto de su vida.

Asimismo, incluso si estos problemas no son de por vida, el periodo de recuperación para estos será mayor que el de la enfermedad. Por lo que muchos tendrán que aprender a convivir con su nueva realidad.

Como si fuera poco, se ha comprobado que pasar más de 5 días en las Unidades de Cuidados Intensivos puede ocasionar estrés post-traumático e incluso desencadenar reacciones psicóticas. Debido a lo que, es fácil notar que la influencia del coronavirus va más allá de la enfermedad. Motivo por el cual, los cuidados destinados a los pacientes también deberían abarcar más allá de la superación de la enfermedad.

El coronavirus no solo afecta a quienes contagia

Sumado a todo lo anterior, también nos topamos con que el coronavirus no solo puede ocasionar reacciones psicológicas adversas en quienes lo sufren. De hecho, también elementos como el estrés por estar restringidos, la amenaza de enfermarse, la pérdida de ingresos y la disminución de los recursos disponibles, además de un constante sentimiento de ansiedad por lo desconocido pueden ser factores que ocasionen problemas en personas con previos problemas de salud o de conducta.

Por esto, para Landry los sistemas de salud y los planes a largo plazo también deberían incluir a estas víctimas periféricas de la pandemia. Como una forma de lograr esto, sugiere que se aprovechen las bondades de la Big Data para identificar a los individuos vulnerables y poder facilitarles a esto la ayuda que requieran.

“Las personas de río abajo –los psicólogos, psiquiatras y profesionales de rehabilitación–, somos la primera línea después de que la atención se desvía hacia otra persona”, declara Landry.

Considera entonces que los sistemas de cuidados y atención a pacientes deben comenzar a pensarse en términos de personalización. Una en la que, una vez el individuo supere la crisis, este pueda recibir la ayuda específica que requiere de parte de los profesionales adecuados.

Un esfuerzo global

Finalmente, Landry comenta que el cuidado sostenido a las personas no debe darse solo el momento de crisis. De hecho, opina que un sistema de salud “debe estar dispuesto a abogar tanto en el momento de un brote como el COVID-19 actual como también en momentos menos atractivos para los medios de comunicación, como la planificación de preparación para emergencias “.

Sumado a esto, comenta que estos cambios no pueden darse solo en pequeñas áreas. La pandemia del coronavirus solo ha subrayado lo interconectado que está el mundo. Por lo que, si queremos que estas políticas tengan éxito, los arreglos deben hacerse globalmente.

Referencia:

Early reflection on the global impact of COVID19, and implications for physiotherapy: https://doi.org/10.1016/j.physio.2020.03.003