Si hay algo que podemos afirmar acerca de la Venus de Milo es que es una escultura increíblemente enigmática. Es reconocible por muchas personas y el hecho de que esta Venus no tenga brazos la hace más interesante aún. Sin embargo, la verdad es que lo que la hizo famosa no es nada de lo que se ha mencionado anteriormente.

En 1980, Olivier Voutier, un alférez en la marina francesa, decidió que buscaría antigüedades en los alrededores de la isla egea de Milos, en Grecia. Ahí, se topó con un granjero que parecía haber descubierto algo escondido en una pared de las ruinas de un antiguo teatro. Esto resultó ser la parte superior de una escultura de una mujer, y Voutier, al ver que podría tratarse de una escultura relevante, la desenterró y buscó la parte inferior de la escultura, que estaba ubicada a pocos metros de donde se encontraban.

Así, el alférez le mostró a sus superiores el hallazgo que acababa de hacer y, por una suma modesta de dinero, unos 1000 francos (eso hoy en día es aproximadamente $11000), le dio la escultura a un grupo de franceses que la donaron posteriormente museo de Louvre en París, Francia.

La escultura estaba en muy mal estado. Además del visible hecho de que no tenía brazos, también le faltaban los lóbulos de las orejas, los cuales probablemente fueron robados debido a las joyas que podría haber tenido la escultura; tenía imperfecciones a lo largo de todo el cuerpo; y le faltaba el pie izquierdo junto con una parte de la base o pedestal de la propia escultura. Entonces, en vista de todo esto, ¿por qué fue tan exitosa?

El Louvre estaba en problemas

Para dar respuesta a la pregunta anterior, hay que darle algo de contexto al asunto, y es que este es el que realmente importa cuando hablamos de lo enigmática que es esta famosa escultura.

En los tiempos de Napoleón, este importante personaje histórico se hacía eco en el mundo no solo por sus ideales de conquista, sino también porque estaba rodeado de arte clásico, y esto es gracias a la ayuda de su propio saqueador de arte personal, Vivant Denon.

En la época, rodearse de arte clásico era lo más buscado, puesto que tener arte de este tiempo era similar a lograr un lazo con los genios de la antigua Grecia y Roma. Napoleón lograba muy bien este cometido gracias a Denon, quien se llevaba obras de arte de todo sitio en donde Napoleón salía victorioso,y al volver a París, las obras iban directamente al museo de Louvre, el cual estaba bajo la tutela del propio Denon.

Con la primera abdicación de Napoleón en 1814, naturalmente era necesario que todas las obras que habían robado fueran devueltas. Sin embargo, la colección era masiva y el Louvre pronto se encontró en graves problemas. Para que nuestros lectores se hagan una idea, el museo tuvo que devolver 2065 pinturas, 289 dibujos, 150 bajorrelieves y 130 estatuas. Quedó prácticamente vacío. Así fue durante 5 años, hasta que la Venus de Milo fue encontrada.

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Una buena estrategia de marketing

Como dijimos anteriormente, el museo estaba desesperado debido a que prácticamente no tenía obras clásicas, que eran las que más les interesaban al público. Sin embargo, cuando llegó la Venus de Milo fue automáticamente catalogada como una obra perteneciente a la era clásica por el director del museo. Esta aseveración estaba al menos 200 años distante de la realidad.

¿Recuerdan que a la escultura le faltaba una pieza en la base? Esta resulta ser la que revela el misterio de la Venus de Milo, puesto que tiene información acerca de la verdadera fecha en la que fue esculpida. Sin embargo, esta “misteriosamente” se había perdido para el momento en el que Voutier la encontró.

¿Y qué decía en realidad? Hoy en día lo sabemos gracias a dibujos que fueron hallados posteriormente. Esta base contenía información acerca del autor de la escultura, el poco conocido Alexandros de Antioquía, y con ese y otros datos se podía concluir fácilmente que la Venus de Milo había sido esculpida entre los años 130 y 100 antes de Cristo, es decir, la era Helenística, doscientos años después de la época Clásica.

Sin embargo, los críticos del museo apoyaron la idea de que esta escultura era definitivamente una obra de arte clásica, así que la ubicaron en uno de los lugares principales de la galería asegurando que era la diosa Venus, a pesar de que no tenía ninguna etiqueta que la identificara. Rápidamente se convirtió en un ícono del museo.

La “confusión” del museo se mantuvo de esta manera hasta más de una década después, pues no fue sino en 1951 cuando el museo admitió que la Venus de Milo no era una obra clásica sino helenística.

¿Y sus brazos?

Pues el destino de los brazos de la Venus de Milo sigue siendo un misterio. Mucho se ha especulado al respecto, pues se dice que fueron arrancados en una disputa entre los marinos franceses y los turcos. Sin embargo, muchos críticos han concluido que la escultura fue hallada si estas extremidades, muy probablemente debido a que en ocasiones anteriores habían saqueado la obra para obtener joyas o piedras preciosas que la adornaban, tal como se presume que sucedió con sus zarcillos y probablemente también con otros adornos en su cabello.

En cuanto a la pose original, la versión más aceptada es que probablemente sostenían una manzana en su mano izquierda. Aùn así, todo ha quedado en especulaciones.

Entonces la Venus de Milo sigue siendo lo suficientemente relevante para que valga la pena admirar la obra, más por su historia que por la escultura en sí misma. Es una demostración de lo que puede llegar a suceder en un tiempo de crisis para que recuperar el orgullo de una nación.

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