El coronavirus sigue siendo un misterio en muchos sentidos, ya que existen muchos detalles que no sabemos sobre este y sobre su contagio. Poco a poco la ciencia ha logrado irlos descubriendo, pero aún son varios los puntos que no se conocen a profundidad.

Una de las más recientes investigaciones publicada por la CDC (Center for Disease Control and Prevention) en su sección Emerging Infectious Diseases nos podría dar más luces sobre este asunto.

Esta tomó como espacio de investigación 58 ciudades de China en las que se detectó la presencia del COVID-19. Luego, como parte de la iniciativa de investigación del COVID-19 de la Universidad de Texas (UT) en Austin, se dedicaron a estudiar la relación entre el tiempo de contagio y la duración de los brotes con la prontitud con la que tomaron las medidas.

Una relación 2 a 1

Gracias a esta investigación fue posible detectar que, por cada día que se retrasaran las medidas de contención del COVID-19, como el confinamiento o el distanciamiento social,  el tiempo de los brotes podía alargarse hasta 2.4 días más.

En consecuencia, cada momento que se dejó pasar al no poner medidas, significó el doble de tiempo después en inversiones para contención y control del virus. Lo que también incluyó el tratamiento de los enfermos y las políticas estrictas de restricciones sociales.

La profesora Lauren Ancel Meyers, quien dirige Consorcio de Modelado COVID-19 de UT Austin comentó entonces que, el tomar medidas tempranas, podría convertirse en un método seguro para “salvar vidas”.

La “segunda ola” no será diferente

Un punto resaltante de su investigación es que este modelo no solo ha mostrado corresponder con ciudades cuyo brote recién empiece, sino incluso con aquellas que se encuentran en medio de uno. Por lo que, incluso cuando se aplican medidas en esas situaciones, se está tomando una decisión que podría evitar contagios y problemas a largo plazo.

Para la profesora Meyers esto es particularmente resaltante ahora que se habla de una posible segunda oleada del COVID-19 en los próximos meses. Saber que tomar medidas veloces podría reducir a la mitad la duración de un brote podría alentar a las autoridades a moverse con presteza.

De esta forma, a pesar de que se apliquen medidas estrictas, se podrá asegurar que estas no deban durar tanto, ya que la enfermedad se contendrá mucho más rápido. En consecuencia, se podrían desarrollar estrategias mucho más eficientes para la segunda oleada que reduzcan la duración de esta, disminuyan los contagios y las fatalidades producidas por este.

Un cambio que salvará vidas

Estas modificaciones podrían ser particularmente beneficiosas para los sectores en más riesgo o en los que el contagio suele ser más acelerado. Es decir que, espacios como los ancianatos, las escuelas, las universidades y las cárceles podrían estar más protegidas.

Al tomar medidas más veloces, se le quita la posibilidad al virus de esparcirse entre más individuos. Lo que, a la larga, causará que las cadenas de contagio se detengan naturalmente hasta el doble de rápido que ocurriría sin medidas.

Referencia:

High Contagiousness and Rapid Spread of Severe Acute Respiratory Syndrome Coronavirus 2:https://doi.org/10.3201/eid2607.200282

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