La pandemia del coronavirus ha hecho que la humanidad corra para buscar posibles formas de contrarrestarla. Inicialmente, se planteó la posibilidad de utilizar medicamentos como la hidroxicloroquina (utilizada ya contra la malaria) para poder combatir la enfermedad.

Incluso, personalidades como el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, han declarado que la utilizan como una protección contra el COVID-19. No obstante, los efectos de esta no han sido comprobados. De hecho, los múltiples estudios que se han realizado incluso han apuntado a esta como un elemento potencialmente dañino para aquellos que padecen esta nueva enfermedad.

Ahora, la reciente publicación realizada en la revista Heart Rhythm hace referencia a un estudio que comprueba los efectos dañinos que la hidroxicloroquina puede tener sobre el corazón. Sobre todo, cuando hablamos de los pacientes de COVID-19 y los cambios que pueden experimentar en su ritmo cardiaco debido al uso de este medicamento.

Una “sorprendente facilidad”

Las investigaciones realizadas por el equipo del Instituto de Tecnología de Georgia revelaron que la hidroxicloroquina alteraba los ritmos cardiacos de una forma “sorprendentemente fácil”. Esto según las palabras del primer autor del estudio, Flavio Fenton, profesor de la Facultad de Física del instituto.

Para que un corazón funcione de forma apropiada las ondas eléctricas que se transmiten por este deben actuar en sincronía. De este modo, los latidos de este se mantienen estables y la sangre llega al cuerpo de manera uniforme y constante. Utilizando técnicas de mapeo óptico en corazones de roedores, fue posible notar que el medicamento alteraba dichos procesos de propagación de ondas.

¿Cómo pasa esto?

Para que un latido se dé de forma normal, la onda eléctrica que se mueve por el corazón deber ser uniforme, llegar a todas las áreas al unísono y así estimular la liberación de iones de calcio –que, a su vez, estimularán la consecuente contracción del corazón–. Mientras este proceso se mantenga, los latidos serán constantes y efectivos en su misión de bombear sangre al cuerpo.

El problema con la hidroxicloroquina es que esta modifica los procesos de los canales iónicos. En consecuencia, el flujo de potasio, vital para mantener el ritmo cardiaco, se interrumpe. Debido a lo cual, las ondas eléctricas comienzan a variar, a hacerse más largas y menos homogéneas, lo que causa problemas en la dilatación y contracción del músculo cardiaco.

En resumen, esto causa problemas en el ritmo de este, los que se conocen como arritmia. Unos en los que, el corazón palpita con extrema rapidez o heterogéneamente, lo que perjudica el flujo de sangre al cuerpo y el funcionamiento del resto de los órganos.

Aún todo es una simulación

Los exámenes no fueron realizados en humanos claramente, sino en animales de prueba con corazones particularmente resistentes como ratas, conejos y conejillos de indias. En todos ellos los resultados fueron similares e igualmente preocupantes.

Por la velocidad de los latidos de los corazones de estos animales, estos son particularmente resistentes a varios tipos de arritmia. Pero, a pesar de esta fortaleza natural, al ser expuestos a la hidroxicloroquina, muchos de ellos presentaron fallas cardiacas y hasta paros.

Los científicos aclaran que las dosis a las que se sometieron a los animales fueron mayores a las que en escala se des dan a los humanos, pero esto solo fue para imitar el efecto de la acumulación del fármaco con el tiempo en el organismo. Un problema que sí se presenta en los humanos.

Sin embargo, como no se puede hacer un paralelismo directo, no es posible afirmar con rotundidad que la hidroxicloroquina tendría el mismo efecto en nuestros corazones. Aun así, otros reportes y hallazgos continúan reforzando que este medicamento podría ser más perjudicial que de ayuda para los pacientes con COVID-19.

El COVID-19 y la hidroxicloroquina, un riesgo latente

En general, los pacientes que usan la hidroxicloroquina para combatir la malaria y otras patologías no son afectados por estas reacciones adversas del sistema cardiovascular. Gran parte de eso puede deberse a que las dosis recetadas para estos son aproximadamente dos o tres veces más bajas que las que se aplicaban para pacientes con COVID-19.

Sumado a esto, también se tiene el conocimiento ahora de que el coronavirus baja los niveles de potasio, por lo que ya naturalmente hace al cuerpo más propenso a complicaciones cardiacas. Si se suma esto con las capacidades perturbadoras de la hidroxicloroquina, entonces nos encontramos con un problema mortal.

Ya variados estudios han investigado los posibles problemas de mortalidad y riesgos que incluye el uso de hidroxicloroquina en pacientes con coronavirus. De hecho, algunos ensayos clínicos ya se han suspendido debido a la aparición de los sospechosos problemas cardiacos. Como resultado, incluso la Organización Mundial de la Salud ya ha prohibido los ensayos de esta como una alternativa contra el COVID-19.

Referencia:

Fatal arrhythmias: Another reason why doctors remain cautious about chloroquine/hydroxychloroquine for treating COVID-19: https://doi.org/10.1016/j.hrthm.2020.05.030