La contaminación del aire no es un tema que se limite al exterior. En varias oportunidades hemos reseñado estudios que corroboran que incluso en la comodidad de nuestros refugios, llámese hogar, lugar de estudio o trabajo, el aire también puede estar contaminado. Y no conforme con ello, esto puede resultarmuy perjudicial para nuestra salud.

“La gente piensa que el aire exterior en las ciudades no es tan bueno”, dice Yifang Zhu, investigador de contaminación del aire en la Universidad de California, Los Ángeles. “Pero generalmente el aire interior es peor”. Esto nos recuerda que la mayoría de las regulaciones federales en Estados Unidos buscan mejorar la calidad del aire exterior, pero en lo referente al aire de los espacios interiores no se ha hecho mucho.

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Lo curioso es que el confinamiento de los humanos debido a la pandemia tuvo algunos efectos positivos en materia ambiental. Como indicamos en un artículo previo, en países como China e India experimentaron una reducción significativa de su contaminación del aire, mientras que en otros países se vieron animales transitar nuevamente por las calles vacías.

Pero los resultados de un nuevo estudio nos indican que el problema de la contaminación no se soluciona simplemente con quedarse en casa, pues dentro de ella, y muchas veces de manera inconsciente, también podemos crear entornos contaminados y no necesariamente por no limpiar seguido. A veces la medicina, aplicada en exceso, puede ser peor que la enfermedad.

15 y 30 por ciento más de dióxido de carbono y compuestos orgánicos volátiles

La pandemia de COVID-19 llevó a las personas a refugiarse en sus hogares, pero los refugios deben contar con ciertas condiciones para poder ser considerados como tal. En marzo, Airthings, un fabricante de monitores inteligentes de calidad del aire con sede en Oslo, notó que el aire dentro de los hogares de muchos clientes a los que rastrean estaba en malas condiciones.

La compañía informó que entre principios del mes de marzo y principios de mayo, los niveles de dióxido de carbono y compuestos orgánicos volátiles, aumentaron entre un 15 y un 30 por ciento en más de 1,000 hogares en varios países europeos. Esto ha sido atribuido a que los humanos están pasando más tiempo en casa, y realizando algunas actividades contaminantes más seguido que antes, como cocinar y limpiar.

Cocinar nos expone a partículas finas peligrosas

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Al cocinar, se desprenden gases tanto de los alimentos como de las estufas que, en entornos cerrados, pueden resultar nocivos para la salud humana.

Y es que ciertos tipos de cocción, como asar una sartén de coles de Bruselas en un horno de gas puede generar 250 microgramos de partículas finas por metro cúbico de aire. Este nivel es tan alto que coincide con lo que a veces se observa en “las ciudades más contaminadas del mundo”, según informaron los investigadores del estudio que lo observó.

Cuando cocinamos, se calienta la delgada capa de polvo, residuos de alimentos y otra materia orgánica que cubre la superficie de la estufa, sea a gas o eléctrica, generando partículas finas que penetran profundamente en el sistema respiratorio. E incluso hay estudios que sugieren que la exposición a estas partículas aumenta significativamente las probabilidades de una variedad de problemas cardíacos y pulmonares, así como de muerte prematura.

El problema es que mientras más cocinamos (como ha pasado con muchos durante la cuarentena), mayor es la cantidad de partículas finas que generamos. De hecho, los científicos del King’s College London estiman que pasar una hora extra al día cocinando puede aumentar nuestra exposición a partículas finas en un 19 por ciento.

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La limpieza genera gases muy reactivos

Irónicamente, la limpieza también es otra fuente importante de contaminación en interiores. Eliminamos bacterias, virus, hongos y demás microorganismos de las superficies, pero los compuestos químicos que utilizamos pueden generar nubes de contaminación bastante nocivas.

Por ejemplo, cuando trapeamos el piso con cloro, este reacciona con la superficie. También al mezclar lejía y agua produce ácido hipocloroso, el cual puede reaccionar con la suciedad y los desechos presentes en el piso o la superficie en cuestión. Y aunque esto no ocurra, este puede volatilizarse, dispersarse en el aire y reaccionar con los compuestos presentes en el mismo, derivados también de otros productos de limpieza, de higiene personal o subproductos de la cocina.

Estos gases pueden dañar tanto el sistema respiratorio como la piel. Un estudio publicado en enero reveló que trapear con una solución de cloro y agua produjo suficiente gas de ácido hipocloroso para irritar potencialmente la piel. También se creó suficientemente gas de tricloruro de nitrógeno para exacerbar el asma y otros problemas respiratorios.

Productos de cuidado personal generan compuestos orgánicos volátiles

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Los antitranspirantes pueden generar cantidades importantes de contaminación en un lugar cerrado lleno de personas.

Pero el simple hecho de estar en un espacio cerrado puede crear contaminación, principalmente por el uso de artículos de cuidado personal como antitranspirantes, perfumes, acetona, entre otros.

Un estudio realizado por investigadores de la Universidad de California, Berkeley, descubrieron que el 57 por ciento de los COV detectados en un aula universitaria habían sido emitidos por sus ocupantes.

También detectaron sustancias químicas presentes en nuestro aliento, como acetona e isopreno, además de los compuestos que se forman cuando el ozono reacciona con el aceite de nuestra piel y, por supuesto, el dióxido de carbono que exhalamos constantemente.

¿Cómo controlar la contaminación en interiores?

Por suerte, no todo está perdido. Los humanos somos nómadas, pero no podemos pasar demasiado tiempo encerrados. En vista de ello, lo primordial es hacernos conscientes de estos riesgos en el confinamiento, y trabajar en crear condiciones más idóneas para nuestro bienestar.

Con base en lo dicho, los cocineros podrían minimizar el uso de las estufas de gas (que suelen generar muchas partículas y gases), y en su lugar usar hervidores eléctricos, hornos tostadores, microondas o incluso estufas de inducción portátiles y de bajo costo.

Usar campanas extractoras o ventiladores de cocina tampoco vendría mal, y limpiarlos de vez en cuando. Quienes puedan hacerlo, pueden optar por cocinar en los quemadores traseros, por lo general más cerca de zonas más ventiladas.

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Esto nos lleva a otro punto importante, que es procurar una buena ventilación, y para ello no hay nada mejor que las ventanas. Para saber si un lugar está bien ventilado, podemos hacer la prueba del olfateo. Si quemamos una vela perfumada, o cocinamos comida aromática, y el olor persiste o se ve el humo, entonces no hay suficiente ventilación.

Los expertos también recomiendan evitar el blanqueador siempre que sea posible, y en caso de usarlo, evitar mezclarlo con otros productos de limpieza. Así también, evitar productos de limpieza que contengan peróxidos, cloratos o percloratos.

Por último, debemos aclarar que la solución al problema no es dejar de cocinar o limpiar. Ambas son actividades necesarias para la supervivencia y salud de los seres humanos. Lo necesario es hacerlo de una manera prudente para no convertirlas en armas de doble filo.

Referencias:

Indoor Particulate Matter during HOMEChem: Concentrations, Size Distributions, and Exposures. https://pubs.acs.org/doi/abs/10.1021/acs.est.0c00740

Gas Stoves: Health and Air Quality Impacts and Solutions. https://rmi.org/insight/gas-stoves-pollution-health

Multiphase Chemistry Controls Inorganic Chlorinated and Nitrogenated Compounds in Indoor Air during Bleach Cleaning. https://pubs.acs.org/doi/abs/10.1021/acs.est.9b05767

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