Los principales entes multilaterales de gestión sanitaria, incluyendo la Organización Mundial de Salud (OMS) y su dependencia panamericana (OPS) reconocen, en base a resultados tangibles, el buen manejo que las autoridades de Uruguay han tenido en lo que respecta a la pandemia del coronavirus.

Calificada como “el ejemplo a seguir”, la exitosa estrategia aplicada por Uruguay contrasta con los limitados logros observados en otros países de Latinoamérica, región que en la actualidad se presenta como el nuevo epicentro de la pandemia coronavírica COVID-19.

Un oasis en el desierto

Mientras el número de casos confirmados despunta en Brasil, al punto de ocupar el segundo lugar de la infortunada lista de países con mayor número de contagios, y tendencias preocupantes en Chile, Perú, Argentina y México, las perspectivas de que el subcontinente pueda superar los dramáticos números registrados en Asia y Europa, son cada vez más fuertes.

En medio de este agitado panorama, la situación en Uruguay es muy diferente: la curva de contagios está aplanada, la tasa de mortalidad es baja y el número de casos de personas contagiadas es cada vez menor.

Estos envidiables resultados son producto de una estrategia diferente a la aplicada en los países vecinos, la cual estaba orientada a atender el cuidado de la salud y el de la economía. De esta forma, el gobierno del presidente Luis Lacalle Pou, quien asumió el cargo menos de dos semanas antes de la llegada de la pandemia, evitó la cuarentena obligatoria, clamada por sus adversarios políticos, y apeló a la responsabilidad de los ciudadanos.

Las autoridades uruguayas optaron no por imponer una cuarentena obligatoria, sino por recomendar a la población limitar voluntariamente sus salidas a la calle.

Una de las principales razones de los logros obtenidos fue la rapidez en la reacción para contener el virus. El mismo día en que se confirmaron los primeros casos (13 de marzo), las autoridades declararon emergencia sanitaria y se tomaron las primeras acciones que incluyeron el cierre de fronteras, suspensión de clases y actividades no esenciales, prohibición de eventos masivos y una operación de repatriación masiva de conciudadanos varados en otras naciones.

Trabajo en conjunto

Al mismo tiempo, el gobierno optó, no por imponer una cuarentena obligatoria, sino por recomendar a la población limitar sus salidas a la calle, lo que representaba un esfuerzo importante porque la actividad laboral continuó con relativa normalidad.

El llamado fue acatado. Para el 29 de marzo, restaurantes, cafés, centros comerciales y otros establecimientos mostraban que la actividad se había contraído en un 75 por ciento, con cifras similares en la actividad de parques, plazas y playas.

En complemento, las autoridades sanitarias, con el sustento de un consistente sistema de salud y un sólido sistema de emergencia prehospitalario, realizaron pruebas de detección de casos sospechosos en los hogares, evitando el traslado a los centros de atención médica. Hasta ahora, se han realizado alrededor de 41.000 pruebas, un poco más de 1 por cada 100.000 habitantes, cerca de tres veces más de las realizadas en Argentina, Brasil y Paraguay.

Si bien esta conducta de autoaislamiento voluntario fue clave en la remisión de las tasas de contagio, lo que se califica como un éxito epidemiológico, generó un profundo impacto económico. Para afrontarlo, el gobierno creó un “Fondo Coronavirus” financiado principalmente por un recorte del 20 por ciento en los salarios de funcionaros y otros empleados públicos con sueldos superiores al equivalente de 1.800 dólares mensuales.

El presidente de Uruguay, Luis Lacalle Pou, asumió el cargo menos de dos semanas antes del comienzo de le emergencia sanitaria del coronavirus.

A la vez, el país aprovechó su relación con los bancos de desarrollo regionales, solicitando préstamos hasta por 1.400 millones en líneas de crédito de bajo costo para financiar sus medidas sin depender de los impredecibles mercados de bonos.

Estos fondos están siendo utilizados para reactivar el empleo y la economía, así como para fortalecer el sistema de protección social y de salud.

En mayo, Uruguay comenzó un plan gradual de retorno a la normalidad. A principios de mes, las oficinas de la administración pública reabrieron sus puertas para atender a los ciudadanos. También se abrieron las escuelas rurales y el gobierno autorizó un regreso voluntario y gradual a clases en todo el país a partir del 1 de junio. También se reanudaron algunas actividades comerciales, lo que se dejó a criterio de los propietarios.

De acuerdo a la información oficial, a la fecha (29 de mayo) Uruguay registra 811 casos confirmados y 22 fallecimientos desde que se declaró la emergencia sanitaria.

Referencia: Coronavirus en Uruguay: la singular y exitosa estrategia del país para contener la pandemia sin cuarentena obligatoria. BBC News Mundo, 2020. https://bbc.in/3dfUCDr

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