Estudiar una nueva enfermedad representa un verdadero desafío cuando se convierte en pandemia y los centros de atención médica se ven colapsados. Una gran cantidad de casos puede proporcionar información útil para comprenderla en diferentes contextos, pero cuando se presentan tantos de forma simultánea, la atención se centra en atender a los enfermos y registrar los decesos.

Pero aun después de la muerte se pueden obtener detalles importantes que pueden ayudar en esta tarea. Los exámenes post mortem, mejor conocidos como autopsias, constituyen un método útil para conocer la fisiopatología de determinada afección, y COVID-19 no es la excepción.

Recientemente, los patólogos del Hospital Mount Sinai, ubicado en Nueva York, actual epicentro de la pandemia, ha publicado un artículo que revela muchos detalles nuevos y complejos obtenidos a partir de autopsias de víctimas de COVID-19. Y aunque actualmente se encuentra en el servidor de preimpresión MedRxiv para su revisión, no está demás exponer algunos de sus hallazgos.

67 autopsias de pacientes fatales de COVID-19

Mary Fowkes, MD, Ph.D., directora del Servicio de Autopsia y autora principal del artículo, dice que a pesar de que día a día surgen muchos estudios sobre el impacto clínico y la microbiología molecular del SARS-CoV-2, coronavirus causante de COVID-19, los estudios basados en autopsias son esasos.

Por lo que ella y sus colegas decidieron realizar la mayor cantidad posible de autopsias de pacientes fallecidos de COVID-19 en el Hospital Mount Sinai. En su trabajo, divulgan los detalles obtenidos de los primeros 67, a partir de exámenes microscópicos, utilizando tinciones especiales, inmunoquímica, microscopía electrónica y ensayos de patología molecular.

“La evidencia física que determinamos a través de nuestros análisis post mortem ayuda a dilucidar los mecanismos detrás de algunos de los síntomas clínicos observados por los médicos que tratan a los pacientes con COVID-19, incluidos los tromboembolismos y los trastornos neuropsiquiátricos”, apuntó Clare Bryce, MBChB, profesora asociada de Patología Molecular y Celular Medicina basada, y, primera autora de este estudio.

Síndrome de dificultad respiratoria aguda

Como muchos saben, en un principio COVID-19 fue conceptualizada como una enfermedad a del sistema respiratorio, pero muchos médicos han estado recomendado cambiar este paradigma para aplicar tratamientos más eficaces.

Este análisis reveló que además de afectar el sistema respiratorio, el coronavirus también daña el endotelio, la delgada capa de células que recubren los vasos sanguíneos. Estas alteraciones están detrás de las anomalías de coagulación e hipoxia severas observadas en muchos pacientes que sufrieron insuficiencia multiorgánica y en varios casos, los llevó a la muerte.

Los pulmones de casi todo los pacientes fatales examinados mostraron daño daño difuso a los alvéolos, los pequeños sacos en los que ocurre el intercambio de oxígeno y dióxido de carbono con la sangre.

Este daño en particular es la evidencia típica del síndrome de dificultad respiratoria aguda (SDRA), la cual se observa también en la mayoría de los casos de SDRA causados por otros coronavirus.

Daño endotelial y coágulos en diferentes órganos

La mayoría de estos casos de SDRA mostraron fibrina, una proteína fibrosa no globular involucrada en la coagulación de la sangre, y trombos o coágulos de plaquetas en diferentes grados.

Pero en la totalidad de los hallazgos de estas autopsias, mostraron también coágulos de sangre en varios otros sistemas de órganos, especialmente el cerebro, los riñones y el hígado, asociados también al daño endotelial. Los autores señalan que esto podría estar involucrado también con la activación de la tormenta de citoquinas y la elevación de marcadores sanguíneos de inflamación.

Escasos rastros de inflamación en el cerebro

Irónicamente, los cerebros examinados en las autopsias también mostraron una sorprendente escasez de inflamación, siendo muy pocos los que mostraron pequeños rastros de inflamación crónica.

Mientras que varios casos tenían microtrombos con evidencia pequeña y desigual de la muerte del tejido, causada por el bloqueo de los vasos sanguíneos en las partes periféricas y profundas del cerebro. Esta podría ser la razón por la que algunos pacientes de COVID-19 también experimentan síntomas neurológicos.

Recientemente, un equipo de médicos brasileros recomendó abandonar el enfoque de enfermedad respiratoria aplicado hasta ahora por muchos médicos en el mundo, y empezar a tratarla como una enfermedad trombótica, y poco a poco va surgiendo más evidencia de la veracidad de esta concepción.

Referencia:

Pathophysiology of SARS-CoV-2: targeting of endothelial cells renders a complex disease with thrombotic microangiopathy and aberrant immune response. The Mount Sinai COVID-19 autopsy experience. https://www.medrxiv.org/content/10.1101/2020.05.18.20099960v1

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