A pesar de que la menstruación es algo tan común en la vida de las mujeres, muchas se sienten incómodas al hablar de ello, incluso con personas allegadas. Y esto, aunque parezca un simple atisbo de discreción, a un nivel generalizado puede tener efectos importantes que son dignos de mencionar.

En esta oportunidad, con motivo de la celebración del Día Mundial de la Higiene Menstrual este 28 de mayo, presentamos algunos datos de interés sobre el conocimiento y desconocimiento que tienen las mismas mujeres sobre este ciclo tan natural. Pero sobre todo, asomaremos algunas razones por las que es necesario instruir a la población aún más sobre este tema.

La menstruación sigue siendo un tabú en muchas culturas

En una época en la que las barreras geográficas han sido derribadas por los avances tecnológicos ya somos más que conscientes de que las creencias e ideologías en ciertos lugares puede diferir bastante de las de otros en el mundo. Y entre los temas más tabúes, además de la sexualidad, se encuentra la menstruación, que prácticamente va de la mano con el primero.

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Hablar de la menstruación podría llevar a tocar el tema de la sexualidad, que aún es un tabú en muchas culturas, y esta es una de razones por las que se evita. Imagen: Dainis Graveris on SexualAlpha

En muchas culturas, la menstruación es un tema tabú. En el pasado, muchas culturas consideraban a las mujeres sucias e impuras en el momento en que sangraban, y las obligaban a aislarse y seguir rituales de purificación mientras duraba. Esto probablemente motivó una discreción excesiva respecto a este tema que se mantiene aún en nuestros días.

Un estudio publicado en la revista BMJ Journals en el que participaron unas 100,000 niñas en India reveló que casi la mitad de ellas nunca había escuchado algo sobre la menstruación hasta el momento de su menarquía.

Para muchos, este puede ser un hecho entendible ya que al empezar a menstruar las mujeres pueden concebir hijos, y empezar a hablar de ello podría llevar a hablar algunos más incómodos como la sexualidad y la reproducción.

Muchos podrían preferir no hablarlo antes de ocurra como una medida de protección para reducir el interés en el tema. Sin embargo, la historia de la humanidad está llena de ejemplos en los que la ignorancia ha tenido efectos fatales.

Un proceso natural

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Muchas niñas no se enteran de que existe la menstruación hasta que la experimentan por primera vez.

Al menstruar por primera vez, sentir dolores de vientre y observar la sangre, muchas niñas piensan que están muriendo y sienten un temor innecesario cuando en realidad están experimentando un proceso completamente natural y necesario para nuestra especie.

Para hacernos una idea de cuán comunes son estos episodios, consideremos que aproximadamente la mitad de la población femenina se encuentra en edad reproductiva, lo cual representa alrededor del 26 por ciento de la población total. La mayoría de las mujeres tiene menstruaciones que duran entre dos y siete días cada mes, y en promedio, cada una de ellas menstrúa alrededor de 3,000 días de su vida.

En algunos lugares del mundo no se toma en cuenta la higiene menstrual

Entonces, si se trata de algo tan natural, ¿por qué sigue existiendo tanto tabú sobre ello? Y con ello no nos limitaremos a hablar del tema, sino a la falta de consideración del mismo a la hora de establecer condiciones laborales dignas, un problema aún latente en muchas partes del mundo.

Varios estudios realizados en Bangladés dejaron evidencia de estas carencias. Por ejemplo, uno publicado en Sustainable Sanitation and Water Management reveló que 60 por ciento de las mujeres usa trapos de los pisos de las fábricas como paños menstruales.

Esto sin lugar a dudas supone un riesgo para su salud ya que estos pueden contener químicos y tintas nocivos, de lo cual también hay evidencia. 73 por ciento de las mujeres que trabajan en la industria textil de Bangladés debían ausentarse en promedio unos seis días sin respaldo de su sueldo para tratar infecciones causadas por el uso de materiales menstruales insalubres.

Y aunque suene justo desde ciertos puntos de vista más tradicionales, lo cierto es que el problema no se soluciona con solo cancelar el pago por los días de ausencia. Esta situación es mala tanto para las mujeres como para la empresa ya que implica también pérdida de productividad, por lo que es necesario abordarlo como una prioridad en los entornos laborales.

De hecho, el estudio arrojó que alguna intervención orientada a solventar este problema redujo el ausentismo de las mujeres a 3 por ciento. Menos faltas, mayor producción, y beneficios económicos tanto para las trabajadoras como para los dueños de las fábricas.

¿A quién beneficia la higiene menstrual?

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Muchos lo consideran un tema de mujeres, pero la higiene menstrual beneficia a todos en la sociedad.

Esto nos lleva a un término que cada vez se está haciendo más popular: higiene menstrual, y se refiere a los diferentes métodos y recursos que pueden implementarse para proteger la salud menstrual. Y puede que suene a un tema de mujeres, pero realmente esto involucra a todos los miembros de la sociedad.

Empecemos por las niñas y mujeres, que son las principales afectadas por la desinformación. Además de hacerlas conscientes de que atraviesan un proceso natural, se les debe alertar sobre los riesgos de malos hábitos de higiene.

Y aunque muchas no tengan acceso a toallas sanitarias, compresas, copas menstruales, tampones y otros tejidos higiénicos diseñados para ello, se les debe advertir sobre el uso de materiales poco salubres como papeles, periódicos y ropa sucia.

Pero también es necesario informar a los niños y los hombres, que a pesar de no experimentar la menstruación, deben ser conscientes de su existencia y de su papel en la vida de las mujeres y en la vida humana.

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Los hombres también deben ser informados sobre la menstruación como un proceso natural para evitar la estigmatización de las mujeres.

Esto se hace con educación y concientización, preferiblemente desde la infancia. Al crecer, estudiar y jugar con niñas, los niños deben estar conscientes de que al acercarse a cierta edad, las niñas podrían empezar a menstruar, que esto puede afectar su estado de ánimo y que no es motivo de burlas ni rechazo.

Esto nos lleva concretamente al ámbito educativo, pues las escuelas también deben contar con las instalaciones y materiales de higiene adecuados para garantizar la asistencia segura y digna de las niñas y adolescentes aún durante su menstruación. Además, estas instituciones juegan un papel clave en la promoción de la equidad de género.

En los países desarrollados, la menstruación no es mal vista, y muchos son conscientes de que puede ocasionar molestias menores, como calambres, dolores de espalda y, cómo no, muchas visitas al baño. A nivel laboral, este es un aspecto que también debe ser tomado en cuenta para garantizar la asistencia femenina y fomentar su productividad.

Por último, tenemos el aspecto ambiental. La falta de higiene menstrual en los diferentes ámbitos mencionados, ciertamente puede afectar el medio ambiente. La falta de sistemas de recolección de desechos de materiales menstruales, o el desconocimiento al respecto, puede causar problemas como la obstrucción de alcantarillas, o aumentar la contaminación plástica.

Dicho esto, es evidente que la higiene menstrual entra entre los derechos humanos básicos. Por lo que es necesario trabajar en derribar las falsas creencias, orientar a la población femenina y masculina sobre la menstruación, y luchar por la adecuación de los diferentes entornos para el libre tránsito de las mujeres en esos días.