Hoy en día, todas las mujeres podemos estar de acuerdo con que encontrar un producto menstrual que se adapte a nosotras y nos haga sentirnos cómodas durante la parte más complicada de nuestro ciclo, es fundamental. Sin embargo, esta es una ventaja con la que contamos las mujeres en la actualidad, pues antes las cosas eran un poco más complicadas.

Solamente tomando en cuenta todo el tabú que existía alrededor de la menstruación −y que aún existe en muchas partes del mundo− podemos hacernos una idea de lo difícil que era la vida de una mujer antes de la invención y popularización de las toallas sanitarias. Pero, ¿cómo hacían antes? Pues la verdad es que los trapos no eran la única opción para las mujeres de aquella época.

Planta de papiro y cualquier material absorbente

Te sorprenderá saber que mucho antes de lo que crees, las mujeres se introducían material absorbente en sus canales vaginales para evitar que la sangre manchara sus ropas. De hecho, se conoce que el uso más temprano de un dispositivo similar a los tampones se remonta al antiguo egipto, época en la que las mujeres utilizaban un material hecho de la planta de papiro para evitar derrames.

A partir de entonces, casi todo lo que podía absorber la sangre era visto como adecuado para frenar el flujo. Algunos de estos materiales eran lana, pelusa, hierba, papel, trozos de algodón y fibras vegetales.

Toallas sanitarias

Esto se mantuvo de esta forma hasta 1896, año en el que fueron lanzadas las primeras compresas sanitarias de la marca Lister’s Towels. Sin embargo, el producto fracasó por completo debido al tabú que existía alrededor de la menstruación. ¿Cómo podía una mujer ir a comprar un producto referente a eso? Era inconcebible para la época.

Sin embargo, durante la época de la Primera Guerra Mundial, y debido a la gran cantidad de heridos, las mujeres descubrieron otro producto que podía adaptarse a ellas: los vendajes. Este descubrimiento no solo hizo que las mujeres no adquirieran productos menstruales, sino que la menstruación se mantuvo como un tema delicado por algunos años más.

Lister’s Towels se vio en la necesidad de cambiar su nombre varias veces para poder vender sus productos. Primero pasaron a ser Nupak y luego se convirtieron en Modess. De esta forma, las mujeres no tenían que utilizar la palabra “toalla”, que hacía referencia a su menstruación, para adquirir el producto, sino que simplemente decían la marca en las tiendas.

Sin embargo, esto aún era muy arriesgado. Para resolver este problema, algunas marcas comenzaron a incluir unos cupones de compra silenciosos en los anuncios del producto, con los cuales las mujeres simplemente debían entrar a la tienda, entregar el cupón sin decir una palabra, y salir con un paquete de toallas sanitarias.

Cupón silencioso de Modess

Poco a poco, las toallas comenzaron a adaptarse a las necesidades de sus usuarias. Se le añadieron cinturones para fijación, materiales más gruesos para absorber más sangre y tiras adhesivas para asegurar que se mantendrían fijas en su lugar. Poco a poco, se convirtieron en productos más pequeños, cómodos y comunes.

La llegada del tampón

En 1930 se lanzó un producto llamado Tampax, palabra que está hecha gracias a la combinación de ‘tampón’ con ‘vaginal packs’, lo que se traduce como ‘paquetes vaginales’. Algunos incluían un aplicador, otros solo lubricante, y estaban hechos tal como los conocemos ahora: un algodón con una cuerda que permite la extracción del dispositivo.

En 1940, en Alemania comenzaron a producir tampones que no necesitaban de aplicador, de forma que estos fueran mucho más ecológicos. Hoy en día, tanto las toallas sanitarias como los tampones producen más de 100 mil millones de desechos cada año, por lo que la utilización de otros métodos se están convirtiendo, más que nada, en una necesidad ambiental.

Copas menstruales

Una de estas alternativas son las copas menstruales. A pesar de que se han venido popularizando últimamente, la verdad es que este invento no es tan nuevo como podría parecer.

De hecho, en 1930 se lanzó la primera copa menstrual, la cual no tuvo éxito debido a que las mujeres, en general, preferían no tener contacto directo con su flujo menstrual. Además, los demás productos que se estaban lanzando en ese momento lograron tener un mayor impacto en el mercado.

En las décadas de 1950 y 1980 también se lanzaron productos similares, pero como estaban hechas de goma y látex, respectivamente, se hacían incómodas y producían alergias e irritaciones, por lo que tampoco se popularizaron.

Hoy en día, las copas menstruales están hechas de silicona o plástico quirúrgico, asegurando un producto más flexible, cómodo y ecológico, pues una sola copa podría durar incluso 10 años.

Ropa interior absorbente

Junto con las copas menstruales, la ropa interior absorbente asegura una cantidad de desechos mucho menor a la de las toallas sanitarias o tampones. Esta puede lavarse, es reutilizable y está hecha con diferentes tipos de telas que aseguran la absorción del flujo y evita los malos olores.

Aún tiene muy poco tiempo en el mercado, por lo que solo hay algunas marcas, pero con la demanda que tiene actualmente, muy probablemente la ropa interior absorbente se convierta en una de las opciones más populares dentro de todos los productos menstruales.

Aunque aún hay mucho camino por recorrer, es innegable que el desarrollo de cada vez más productos de este estilo ha sido una piedra angular para la independencia femenina, pues ha permitido que cada vez la menstruación sea un tema menos controversial, lo cual también ha influenciado al desarrollo de la sociedad tal como la vemos hoy en día.