En el marco de las intervenciones y esfuerzos de salud pública, las personas con discapacidad intelectual y de desarrollo (DID) son una población sanitaria vulnerable que generalmente no recibe la atención adecuada.

Entre las DID más comunes se encuentra la discapacidad intelectual, la parálisis cerebral y el síndrome de Down, además de discapacidades de desarrollo más raras, como el síndrome del cromosoma X frágil y el síndrome de Prader-Willi.

Peor pronóstico

Estudios anteriores han identificado que esta población tiene una mayor prevalencia de comorbilidades específicas, como la hipertensión, las enfermedades cardíacas, respiratorias y la diabetes, que se identifican como factores de riesgo de resultados deficientes en la enfermedad coronavírica COVID-19.

La escasez de datos sobre las tendencias de COVID-19 entre la población con DID expone la realidad de que no existe una estructura de vigilancia adecuada para monitorear COVID-19, u otros resultados de salud pública, entre la población con DID.

Entre la población estudiada, el 56 por ciento tenía un trastorno generalizado o específico del desarrollo.

Esto es aún más desconcertante durante este período en el que las poblaciones con mayor prevalencia de comorbilidades identificadas, como las personas con DID, pueden estar en mayor riesgo de desarrollar resultados graves, incluyendo la muerte, a causa de COVID-19.

Para abordar esta brecha, un equipo de investigadores de la Universidad Estatal de Nueva York y la Universidad de Syracuse realizó un estudio cuyos resultados revelan que las personas con discapacidades intelectuales y del desarrollo tienen más probabilidades de perder la vida por COVID-19, la pandemia en curso.

Para llegar a sus conclusiones, el equipo de investigación hizo una comparación de las características demográficas y comorbilidades entre 30.282 pacientes con y sin DID, estratificadas por grupo de edad.

Un mayor porcentaje

Entre los pacientes con DID, el 33 por ciento tenía una discapacidad intelectual, el 56 por ciento tenía un trastorno generalizado o específico del desarrollo, el 18 por ciento tenía parálisis cerebral y el 21 por ciento tenía una anomalía cromosómica, incluido 5 por ciento con síndrome de Down.

El análisis reveló que entre las edades de 0 a 17 años, por cada 100 individuos con COVID-19, 1.6 con DID fallecieron y menos de 1 sin DID perdió la vida. Entre las edades de 18 a 74 años, por cada 100 individuos con COVID-19, murieron 4.5 con DID en comparación con 2.7 sin IDD. Para los mayores de 75 años, por cada 100 individuos con COVID-19, 21.1 con DID perdieron la vida y 20.7 sin DID fallecieron.

Los investigadores encontraron tasas de mortalidad más altas en la población de personas con discapacidad intelectual y del desarrollo con COVID-19.

Estos resultados, explican los investigadores, nos dicen que si 100.000 personas con DID entre 18 a 74 años contraen COVID-19, lo cual es totalmente posible a la luz de las estimaciones del tamaño de esta población y las tasas de incidencia de la enfermedad que estamos viendo, esperaríamos que 4.500 murieran. Comparativamente, en esa misma cantidad de casos en personas sin DID, se esperaría la muerte de 2.700, un exceso de 1.800 muertes en la población con DID.

Si bien el diseño del estudio no puede probar la causalidad en estos datos, es posible que la mayor prevalencia de comorbilidades asociadas al DID explique, al menos en parte, las diferencias observadas en las tasas de letalidad.

También es posible que parte de esta diferencia se deba al mayor porcentaje de personas con DID que residen en entornos congregados, una característica que los investigadores no pudieron tener en cuenta en el estudio, pero que continúan examinando.

Referencia: Intellectual and developmental disability and COVID-19 case-fatality trends: TriNetX analysis. Disability and Health Journal, 2020. http://dx.doi.org/10.1016/j.dhjo.2020.100942

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