Una de las grandes preocupaciones en medio de la pandemia y de la gran cantidad de casos simultáneos de COVID-19 es que muchas personas podrían evitar ir al médico a tiempo ante la presencia de síntomas de otras enfermedades, como algún problema cardíaco.

Ahora un nuevo estudio publicado en Journal of NeuroInterventional Surgery arroja nueva evidencia de ello. Según los hallazgos, los pacientes con accidente cerebrovascular isquémico llegan a los centros de tratamiento un promedio de 160 minutos más tarde durante esta pandemia en comparación el plazo promedio en 2019, lo cual afecta tanto la supervivencia como la recuperación.

Retraso del tratamiento y menor número de pacientes

Los investigadores tomaron los datos de 710 pacientes que presentaban accidentes cerebrovasculares isquémicos agudos tratados en 12 centros especializados en seis estados de Estados Unidos, y compararon los datos registrados entre febrero y marzo de 2019 con febrero y marzo de 2020 (en pleno auge de los contagios con COVID-19).

Notaron que además de una notoria demora en el tratamiento, también se registraron menos pacientes de accidente cerebrovascular en general, de 223 a 167 respectivamente, en los mismos centro de salud.

El gran problema con ello es que el retraso en la solicitud de atención médica en estos casos puede hacer la diferencia en mortalidad. En los pacientes con accidentes cerebrovasculares más graves, conocidos como oclusiones emergentes de grandes vasos (ELVO), mueren hasta dos millones de células cerebrales por minuto. Y mientras estos esperen más por su tratamiento, mayor será el impacto de la afección, aumentando el riesgo de dejarlos paralizados de por vida.

Cada minuto cuenta

Además de un peor pronóstico para la recuperación de los pacientes, la atención tardía de accidentes cerebrovasculares también genera costos importantes en el sistema de salud. Por cada minuto perdido antes de recibir la atención adecuada, hay un costo médico asociado de USD 1,000 por atención a corto y largo plazo. De modo que un retraso de 160 minutos equivale a la pérdida de 320 millones de células cerebrales y USD 160,000 en costos médicos adicionales.

No se equivoca el autor principal del estudio, el Dr. Clemens Schirmer, que trabaja en Geisinger Medical Center en Danville, Pennsylvania, al decir que “en lo que respecta al tratamiento del accidente cerebrovascular, cada minuto cuenta”.
Y aprovecha los resultados de su estudio para recordar la importancia de educar a la población sobre los mitos de atención médica durante la pandemia de COVID-19.

“Nuestros hallazgos indican una gran necesidad de educación pública para abordar los temores relacionados con COVID-19 para garantizar que las personas con síntomas de accidente cerebrovascular busquen la atención vital que necesitan sin demora”.

En efecto, un accidente cerebrovascular no es algo que sanará con simplemente ignorarlo. Se trata de una afección que requiere tratamiento y seguimiento, y retrasarlos solo reduce la posibilidad de recuperación.

Referencia:

Delayed presentation of acute ischemic strokes during the COVID-19 crisis. https://dx.doi.org/10.1136/neurintsurg-2020-016299