Este 2020 ha estado lleno de sorpresas y reveses que sin duda han dejado al mundo de cabeza. Muchos de ellos han hecho que la humanidad inicie esta década cojeando. Ahora, noticias como la compartida por la NASA y SpaceX buscan hacer un cambio y firmar la historia con un evento que, ya que no nos puede devolver la normalidad, nos llevará más allá de ella.

Para este miércoles, 27 de mayo del 2020, Estados Unidos tiene la intención de hacer historia de la mano de la NASA y la compañía aeroespacial, SpaceX. Desde el Centro Espacial Kennedy de la NASA en Florida, despegará la nave estadounidense tripulada que pondrá fin a una racha de casi 10 años sin realizar lanzamientos desde suelo nacional.

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La cuenta regresiva comienza

Ahora con tan solo horas separándonos de este evento que promete hacer historia, no es raro que hayamos repasado todos los detalles que tenemos que conocer de este lanzamiento. Los nombres  de los astronautas, su ruta por el espacio, su llegada a la Estación Espacial Internacional… todos estos son puntos que hemos revisado con anterioridad.

A estas alturas, hemos hecho este recorrido mental con ellos una y otra vez. Sabemos que esta será una primera vez en casi toda una década y es normal que entonces nos preguntemos, ¿estarán verdaderamente listos? ¿Qué pasaría si algo sale mal durante el lanzamiento?

Acá nos encargaremos de recorrer contigo esta posibilidad y comprender tanto las repercusiones inmediatas que esto tendría sobre la misión, como las consecuencias a largo plazo que caerían sobre la NASA y SpaceX.

Un inicio accidentado

Se esperaba que el lanzamiento histórico tuviera lugar el año pasado. Sin embargo, la explosión de un Falcon 9 durante una de las pruebas de seguridad paralizó los preparativos para el viaje estelar y regresó tanto a SpaceX como a la NASA a la casilla de planeación.

Ahora, ya con un año completo cumplido desde el preocupante incidente de abril del 2019, todo parece apuntar a que ambas entidades están listas para realizar el viaje espacial. No obstante, este año no ha estado libre de retos tampoco.

La pandemia del coronavirus puso en pausa al mundo entero y las reglamentarias cuarentenas preventivas pudieron haber paralizado la misión. Como una medida de precaución, la planteó el inicio de la misión para los astronautas Robert (Bob) Behnken (49) y Douglas (Doug) Hurley (54) el 13 de mayo.

Desde esa fecha, el par ha estado recluido en el Centro Espacial Johnson en Houston, como una cuarentena preventiva. A falta de síntomas preocupantes en cualquiera de los dos, la misión sigue con luz verde.

Sin embargo, este no ha sido el único hecho que ha puesto a la misión Demo-2 a tambalearse. Tan solo la semana pasada, el director general de la NASA presentó su renuncia debido a diferencias de opinión sobre los protocolos que se estaban siguiendo y, sobre todo, por la prisa con la que se estaba intentando iniciar el programa Artemisa.

Esto, nuevamente, dejó a la NASA caminando sobre hielo delgado. Pero rápidamente fueron capaces de ubicar un reemplazo que cumpliera con sus funciones y lo reemplazara durante el importante lanzamiento. Por ahora, la NASA y SpaceX han sido capaces de vadear los inconvenientes. Pero, ¿y si no?

¿Y si no se puede realizar el lanzamiento?

Astronautas de la NASA, Robert Behnken y Douglas Hurley, transitando por el pasillo que los llevará a la cápsula Crew Drangon en el tope del Falcon 9.

No obstante, existen elementos sobre los que ninguna de estas entidades puede tener control, como por ejemplo el clima. La tormenta tropical Arthur ya había sido causante del retraso del lanzamiento tanto de una carga de SpaceX y una de la NASA.

Por suerte, el clima parece estar mejorando y tiene posibilidades de estar en sus óptimas condiciones para el despegue. En caso de que esto no sea así. La misión tendrá que ser suspendida. Pero, el tiempo de espera no será demasiado extenso, pues se pospondrá para el 30 de este mismo mes a las 4:33 pm ET.

¿Y si durante este algo falla? ¿Estarán en peligro los astronautas?

Ahora, si el lanzamiento no se pospone, el deseo del mundo es que este se produzca sin problemas y que tanto Doug como Bob tengan la posibilidad de tener un viaje sin contratiempos al espacio. Sin embargo, la posibilidad de que algo falle durante el lanzamiento existe y no ha sido ignorada ni por SpaceX ni por la NASA.

Ya se han realizado pruebas de seguridad para que el mecanismo de emergencia de la cápsula Crew Dragon se active y aleje a los astronautas del peligro si el Falcon 9 presenta fallas de funcionamiento. En este caso, el par deberá realizar un amarizaje forzoso o un aterrizaje en tierra dependiendo de qué tanto haya recorrido el cohete antes de presentar la falla. En cualquier caso, los astronautas deberían estar siempre a salvo, ya que esta ha sido una de las prioridades expresas manifestadas por la compañía y por la agencia espacial.

¿Y si ya están en órbita?

Interior de la cápsula espacial Crew Dragon de SpaceX.

Para estos casos, la cápsula Crew Dragon también será la protagonista del escape. El sistema automático de esta activará los propulsores que la alejaran del peligro que representaría el cohete. Desde allí, ya sea de forma automática o manual, podrán llegar hasta la Estación Espacial Internacional, donde se espera que pasen al menos los siguientes 3 meses.

El regreso

Aunque una fecha de regreso exacta aún no ha sido definida, los protocolos que se seguirán en este caso sí lo han hecho. Para su vuelta, Behnken y Hurley subirán de nuevo a la Crew Dragon y volverán a la Tierra.

Los sistemas de aterrizaje de estas y los paracaídas deberían ser suficientes para hacer que el descenso de los astronautas esté libre de peligros. Como precaución, esperando por ellos estará un helicóptero listo para llevarlos a centros de atención médica en caso de que se presente cualquier inconveniente de salud en alguno de ellos.

Después de la misión

Si después de todo este trajín, la misión sale bien, SpaceX ratificará su contrato mil millonario con la NASA. Por su parte, esta podrá dejar de depender de la agencia espacial rusa Roscosmos para enviar astronautas al espacio.

Con esta misión, podría iniciar toda una nueva era de investigación espacial para los Estados Unidos. Se sentarían las bases para que el programa Artemisa se desarrollara y también otras misiones derivadas de la Demo-2, siendo la primera de estas la que llevarán a cabo los astronautas de la NASA, Victor Glover y Mike Hopkins, a finales de este año.

Pero… ¿y si algo sale realmente mal?

En todos estos casos, hemos visto que la NASA y SpaceX cuentan con un plan B que podría hacer la diferencia en el éxito o fracaso de la misión. Sin embargo, incluso si esta logra sortear los problemas que se le presenten, la aparición de muchos de estos encenderá las alarmas y revelará que la agencia y la empresa aún no están listas para surcar el espacio con viajes tripulados. Una conclusión que sería mucho más grave y rotunda si alguno de los fallos llegara a tener consecuencias fatales.

La NASA ha tomado precauciones

Como, a pesar de todas las pruebas, no hay seguridad total de que este lanzamiento abra un nuevo camino para la exploración espacial, la NASA ha ido sobre seguro y ha pautado nuevamente una alianza con Roscosmos.

Jim Bridenstine, el administrador de la NASA, el año pasado había indicado que se estaban planteando un acuerdo de este estilo. Ahora, hemos visto que este ha llegado a sus etapas finales en mayo y ha sido aceptado por ambas partes el 12 de este mes.

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La cápsula rusa Soyuz que saldría a finales de año cuenta con tres asientos. Los rusos planeaban que todos estuvieran llenos con coterráneos. Luego de variadas negociaciones y un desembolso de casi 100 millones de dólares por parte de los Estados Unidos, uno de los puestos pertenece a un astronauta estadounidense.

Igualmente, fallar podría tener consecuencias graves para la NASA

Jim Bridenstine, el administrador de la NASA conversa con Elon Musk, CEO de SpaceX.

A pesar de que, incluso para el caso de una falla total, la NASA tenga planes de reserva para sus próximas investigaciones, existen consecuencias que no podrá evitar. El no tener éxito en esta misión implicará que Rusia aún tendrá el monopolio de los viajes espaciales y que la NASA deberá seguir invirtiendo en instalaciones extranjeras para poder tener presencia en el espacio.

Para estos momentos, la NASA ya podría haber pagado, acumulativamente, casi 4 mil millones de dólares a Roscosmos. Inversiones como estas no se pueden sostener en el tiempo y significarían nuevas pérdidas en el presupuesto que no permitirán a la NASA avanzar tan rápido en sus propias investigaciones.

Una oportunidad perdida

Por si fuera poco, se había planteado la posibilidad de que, si el lanzamiento tenía éxito, la NASA y Roscosmos pasarían a tener un acuerdo colaborativo diferente. Es decir, en lugar de intercambiar asientos por dinero, simplemente se intercambiarían los puestos.

De este modo, los rusos tendrían asegurado un lugar en las cápsulas Crew Dragon y los estadounidenses uno en las Soyuz. Rusia aún no ha aceptado dicho trato, esperando a que Estados Unidos compruebe que estas son seguras. Por lo que, si la misión llegara a fallar esta habría sido otra oportunidad perdida para el país y para su agencia espacial.

SpaceX volvería a la casilla uno (con la NASA)

Robert Behnken (49) y Douglas Hurley (54) en los trajes espaciales de SpaceX frente al Tesla X Model que los llevará al Falcon 9.

La NASA no sería la única afectada por el fallo de Demo-2. De hecho, SpaceX también podría enfrentarse a un futuro no tan brillante con la agencia espacial si esto pasara.

Como sabemos, esta empresa privada no ha sido la única en ser avistada por la NASA como una posibilidad para realizar viajes espaciales. De hecho, la reconocida Boeing también se encuentra corriendo en esta carrera.

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Sin embargo, sus atrasos en las pruebas de su cápsula Starliner y las fallas que han tenido la han dejado atrás en la competencia. Aun así, un error mayor como el fallo de la misión Demo-2 podría devolver a SpaceX a las etapas de planeación y prueba, lo que le daría a Boeing la oportunidad de tomar el protagonismo.

Un asunto de economía

A pesar de que cuentan con una alternativa, Boeing tampoco sería la opción perfecta para la NASA. Como ya sabemos, la empresa ha presentado problemas en sus pruebas de vuelo y, en una misión no tripulada el pasado diciembre, la cápsula Starliner ni siquiera pudo engancharse correctamente a la Estación Espacial Internacional.

Por lo que, optar por esta alternativa implicaría probablemente tener que esperar un año o dos antes de volver a realizar intentos de enviar astronautas al espacio desde suelo estadounidense.

Sigue en vivo el esperado lanzamiento de SpaceX y NASA

Por si fuera poco, las diferencias de inversión entre una y otra compañía son notorias. Con SpaceX, el contrato para 6 misiones fue de un poco más de 2 mil millones de dólares e incluyó un precio promedio por asiento en sus cápsulas de 55 millones. Por su lado, el contrato para 6 misiones con Boeing superó los 4 mil millones y presentó un precio por asiento de 90 millones –uno muy cercano al exigido por Roscosmos, como podemos ver.

A pesar de que la NASA podría contar con un plan B para liberarse de su dependencia a esta agencia espacial rusa, este no ayudaría en el corto plazo. Asimismo, implicaría una inversión igual o superior a la que ya se ha hecho en Roscosmos. A estas alturas, la mejor opción para la NASA sería Spacex, por lo que, probablemente, igual que nosotros, toda esta tendrá los dedos cruzados y el corazón contraído durante el lanzamiento.

Si quieres conocer los detalles de este antes de que empiece, puedes leer nuestro artículo recopilatorio sobre el evento. Además, podrás seguir hoy nuestra cobertura en vivo de todas las noticias resaltantes del lanzamiento desde TekCrispy.

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