Los problemas cardiovasculares (infartos) y cerebrovasculares se producen cuando una obstrucción en el flujo de la sangre impide la transmisión correcta de esta por el organismo y su llegada al corazón o al cerebro respectivamente. Al sobrevivir a una situación de este estilo, en ocasiones, los pacientes pueden terminar por necesitar apoyo auxiliar.

Debido a esto, en sus vidas comienza a manifestarse una nueva constante representada por su cuidador designado, que usualmente es un familiar que se dedicará a asistirlo para que logre cumplir con sus labores cotidianas.

Esta situación puede desencadenar problemas de depresión tanto en el paciente como en el cuidador. Ahora, nuevos estudios como el publicado en Cardiovascular Quality and Outcomes, del diario American Heart Association apuntan a que esta tendencia es menos marcada en aquellos pacientes que presentan altos niveles de espiritualidad.

¿Qué es exactamente la espiritualidad?

Para poder entender la espiritualidad que se investigó en este estudio es necesario remitirnos a la definición de la Organización Mundial de la Salud (OMS). En esta, se refieren a ella como la “percepción de vida de un individuo” que se encuentra circundada por un contexto cultural y sistema de valores sociales que se relacionan con los “objetivos, expectativas, estándares y preocupaciones” de este. Por lo general, cuando hay espiritualidad, dicha percepción de vida está ligada a algún concepto religioso cultural que puede ser igual o variar según cada sociedad.

Los sobrevivientes y sus cuidadores

Para poder comprobar esta afirmación, el estudio contó con 200 participantes que habían desarrollado discapacidades medias o bajas luego de los ataques y que no presentaban otros problemas de salud importante.

Entre el 2016 y el 2018, estos rellenaron cuestionarios en los que se medía su nivel de espiritualidad, la presencia o no de síntomas de depresión y la calidad de vida durante este periodo. Esta misma encuesta también fue respondida por los cuidadores.

Con este registro, notaron que los supervivientes tenían poblaciones equitativas de hombres y mujeres, mientras que los cuidadores eran principalmente mujeres, representando dos tercios de la muestra.

Un riesgo alto de sufrir depresión

En ambos grupos estudiados, el primero con unos 70 años en promedio y el segundo con unos 50 años aproximados, se pudo observar una propensión a la depresión. No obstante, no en todas las ocasiones esta se manifestaba en ambos individuos al mismo tiempo.

Se dieron casos en el que el paciente estaba emocionalmente estable mientras que el cuidador no y viceversa. Asimismo, hubo casos en los que ambos estaban en depresión y otros en los que ninguno sufría de este problema. ¿Qué pudo hacer la diferencia?

“Mayor espiritualidad” puede ofrecer una mejor calidad de vida

Según la encuesta que medía la espiritualidad, calidad de vida (según las proyecciones de la OMS) y síntomas de depresión, la primera puede tener una influencia significativa en las otras dos. Los individuos que marcaron una espiritualidad por encima del promedio de la muestra se mostraron más estables emocionalmente y reportaban una calidad de vida psicológica mucho mayor.

Por si fuera poco, también se pudo determinar que estos eran menos propensos a desarrollar síntomas depresivos, incluso si su compañero sí los presentaba. Lo que indica una fortaleza mental mayor y una estabilidad de la psique más apta para lidiar con las adversidades.

Sumado a esto, una mayor espiritualidad reportada por los cuidadores también se tradujo en una mejor calidad de vida tanto psicológica como física para estos. Para poder medir apropiadamente lo que se considera como calidad de vida, la encuesta tomó en cuenta 26 ítems sobre aspectos físicos, psicológicos, sociales y ambientales, propuestos por la Organización Mundial de la Salud.

Como contraparte, los que manifestaron una espiritualidad menor o baja según el promedio, se mostraron más propensos a desarrollar trastornos depresivos. Una tendencia que incluyó tanto a los sobrevivientes como a los cuidadores. Por lo que, la calidad de vida general de estos individuos disminuía.

Algunas limitaciones del estudio

Como la investigación no tomó en cuenta las percepciones de aquellos sobrevivientes con condiciones de discapacidad graves o con otras patologías subyacentes, aún no se conoce por completo el valor de la espiritualidad al lidiar con todas las consecuencias de un ataque cardiaco o “cerebral”. Sin embargo, al menos comienza a conocerse una parte de este aspecto.

El papel protector de la espiritualidad

Con esto, los científicos consideran que es momento de empezar a estudiar esta área. Además de comenzar a considerar el papel protector de la espiritualidad durante la recuperación o vida posterior de los supervivientes.

Opinan que el paciente no solo debe ser visto desde la perspectiva de un individuo con una dolencia X que debe recibir el tratamiento Y, sino que, consideran que debe abordársele como un ser con necesidades emocionales que también deben ser atendidas. De forma que esto ayude a promover su recuperación y reintegración a la vida cotidiana –con las modificaciones que sean pertinentes–.

Este estudio se encuentra lejos de ser una conclusión sobre el tema. En realidad, se puede ver más como un adelanto. Uno que nos muestra apenas una de las pequeñas áreas de estudio que podrían desarrollarse al incorporar el factor de la espiritualidad como una variante. Una que, a su vez, podría influir en los cuidados y tratamientos médicos para mejorar la experiencia de los pacientes y sus familiares.

Referencia:

Role of Spirituality on the Association Between Depression and Quality of Life in Stroke Survivor–Care Partner Dyads: https://doi.org/10.1161/CIRCOUTCOMES.119.006129

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