Mi entras la pandemia del coronavirus continúa causando estragos en el mundo, la ciencia se apresura para ubicar una vacuna. A pesar de los grandes avances que se han hecho en esta área, se estima que esta no podrá llegar al mundo sino a finales de este año.

Asimismo, su masificación es un problema que incluso ahora no se ha abordado adecuadamente y que podría comprometer la disponibilidad de esta una vez salga al público. Por esto, la ciencia también se ha esforzado por encontrar alternativas que puede ser una solución a corto plazo y un seguro a la larga.

Ahora, nuevas iniciativas europeas apuntan a que determinados tipos de anticuerpos podrían ser la clave para combatir la enfermedad una vez esta se encuentra en el organismo. Sus descubrimientos podrían ser la clave para generar tratamientos que contrarresten los efectos más graves de la enfermedad. Para esto, las alpacas han sido sus más grandes aliadas, ¿por qué?

Proyecto CoroNAb

Las alpacas son parte de la familia de los camélidos a la que pertenecen otras especies como la llama, el camello y el dromedario, entre otras.

El Instituto Karolinska en Estocolmo, Suecia, ha sido el encargado de llevar a cabo esta particular investigación. Su proyecto, denominado CoroNAb, se inició después de que se reportaran mil muertes a causa del COVID-19.

Para ese punto, consideraron que tomar únicamente medidas de contención para el coronavirus ya no era una opción y que entonces era necesario iniciar las investigaciones para determinar métodos con los cuales contrarrestarlo.

Anticuerpos neutralizantes

Fue en este punto en el que los investigadores posaron su vista sobre los anticuerpos neutralizantes. Es decir, aquellos destinados a frenar o erradicar una enfermedad cuando esta ya se ha asentado en el organismo.

Por sí solos, como se ve, no pueden proveer inmunidad como lo haría una vacuna. Sin embargo, su presencia en el organismo puede reducir considerablemente el impacto del SARS-CoV-2 sobre este.

Inmunización pasiva

La propuesta de CoroNAb es conseguir identificar unos anticuerpos neutralizantes que se puedan administrar al paciente mediante una inyección. Con estos anticuerpos generados en laboratorio, el organismo recibirá una ayuda extra para copiar los patrones y comenzar una respuesta inmunológica natural para eliminar el virus intruso, en este caso, el SARS-CoV-2. En pocas palabras, buscan promover una inmunización pasiva en el individuo contagiado.

¿No es esto una vacuna?

A pesar de que inicialmente puedan sonar iguales, existe una diferencia primordial entre una vacuna y la inmunización pasiva. Por un lado, la primera se suministra a pacientes sanos para hacerlos inmunes al virus, lo que implica que su organismo no permite desde un principio la proliferación de este.

Ahora, la segunda se refiere a un proceso que da inicio cuando el individuo ya está infectado y el organismo se encuentra comprometido. Entonces, su finalidad no es evitar el contagio, sino contrarrestar la enfermedad para neutralizar sus efectos más fuertes.

¿Qué tienen que ver las alpacas con todo esto?

La mira del proyecto CoroNAb se ha puesto sobre estos animales debido a unas características particulares de su genoma. Como parte de la familia de los camélidos, las alpacas comparten una característica genética muy particular que las hace excelentes para la investigación del Instituto Karolinska.

Estas desarrollan anticuerpos monoclonales (mAbs) de “dominio único” que son fácilmente identificables y que se reproduce como copias exactas unos de otros. Gracias a estos componentes, el sistema inmunológico de las alpacas es particularmente resistente y es capaz de detectar y atacar nuevos virus con mayor rapidez. Una característica que comparte con uno de sus parientes, el dromedario, sobre cuyos anticuerpos también se están realizando investigaciones.

Estas características particulares de su ADN hacen a estos anticuerpos fácilmente clonables en laboratorio, lo que los hace de las mejores opciones a la hora de pensar en tratamientos globalizados.

Estos agentes defensores del organismo se encargan de atacar a la proteína espiga del SARS-CoV-2, conocida como RDB. Además de las pruebas en alpacas, otros estudios en macacos rhesus y ratones también están dando resultados prometedores en esta área.

Si todo va según lo planeado, sería momento de comenzar a comprender cuándo los mAbs, que también son neutralizantes, podrían ser inyectados en el organismo. O, en otras palabras, en qué etapa de la enfermedad podrían llegar a ser más efectivos, si a inicios, a mediados o incluso a finales de esta.