En un principio, se pensaba que el desarrollo de nuestro sistema inmunológico comenzaba en el momento del parto, en el que por primera vez los neonatos entran en contacto con la flora bacteriana de la madre y con el mundo exterior. Ahora, se sabe que este, aunque no se moldea por completo, da sus primeros pasos incluso antes de que el bebé dé su primer respiro.

Esto ocurre debido a que la microbiota bacteriana de la madre se pasa al feto y esta forma una base sobre la cual comenzar a desarrollar las respuestas inmunológicas. En la actualidad, conocemos que compuestos artificiales como los medicamentos pueden alterar negativamente este proceso de intercambio. Por lo que, las mujeres embarazadas suelen consumirlos con mucha precaución y nunca sin antes consultar a un médico.

Ahora, la nueva investigación publicada en la revista Science por Stephanie Ganal-Vonarburg y Andrew Macpherson da pie a un nuevo punto de vista. Este abre las puertas a nuevos conocimientos que ayudarán a mantener embarazos más saludables. Su estudio ha determinado que no solo los alimentos artificiales pueden ser dañinos para el organismo, sino que incluso aquellos de origen natural podrían terminar por dañar al feto.

Los efectos positivos de la flora intestinal son conocidos

En el caso particular de la flora o microbiota intestinal, sabemos que esta, si es sana, se traduce en un sistema inmunológico más fuerte para la persona. Ahora, también tenemos conocimiento sobre cómo esta, en el caso de las mujeres embarazadas, puede ser capaz de favorecer la formulación del sistema inmunológico del feto.

No podemos subestimar los efectos de los alimentos naturales

En general, la actividad de la flora intestinal no debería ser un motivo de preocupación. Pero, si esta es sobre estimulada con alimentos naturales, entonces puede llegar a generar sustancias que serán más perjudiciales que beneficiosas para el feto, incluso si este solo recibe una parte de ellas. Lo que hace que exista un riesgo potencial no explorado en el consumo no regulado de estos alimentos.

Incluso lo natural es peligroso

Como ya sabemos, la microbiota intestinal tiene la labor de descomponer los alimentos que ingiera la persona. Esto, en las mujeres embarazadas, se complementa con el antes mencionado proceso de intercambio entre el organismo y el feto.

Cuando la flora descompone los productos vegetales se producen sustancias químicas dentro del organismo. Efectivamente, estas tienen un origen natural, pero siguen siendo extrañas para el feto. Por lo que, si traspasan la barrera placentaria y llegan hasta él en altas cantidades, esto podría resultar en consecuencias negativas para su desarrollo.

La placenta solo protege al feto parcialmente

Se ha llegado a considerar que la placenta es un aislante perfecto que mantiene al feto seguro de amenazas dentro del útero, permitiendo que a este solo le lleguen los componentes necesarios para su desarrollo.

No obstante, esto solo es parcialmente cierto. En realidad, el ambiente en el que el bebé crece no es totalmente estéril –es esto lo que permite el desarrollo del sistema inmunológico en primer lugar. Por lo que, si se produce el intercambio, la flora bacteriana tendrá la oportunidad de llevar los químicos extraños al interior de la placenta.

Es urgente la realización de nuevos estudios a profundidad

Se ha notado que el exceso en la ingesta de productos herbales como las bayas de goji o las semillas de chía –comúnmente vistas como buenas para el embarazo– pueden ser particularmente preocupantes. Sobre todo si se las consume en grandes cantidades.

A pesar de esto, aún es muy poca la información que se tiene sobre este tema y los efectos que puede causar. Por esto, los investigadores consideran que es vital que se proceda con nuevas investigaciones sobre el tema que permitan profundizar los conocimientos sobre el área. Los que, a su vez, serán la única herramienta con la que se podrá erradicar verdaderamente este riesgo potencial para el feto durante el embarazo.

Referencia:

Microbial–host molecular exchange and its functional consequences in early mammalian life: DOI: 10.1126/science.aba0478