La crisis del coronavirus, que se sabe tiene un fundamento zoonótico, plantea cuestiones cruciales sobre la mejor manera de avanzar a la pandemia y sus muchos efectos. En este momento autoridades de todo el mundo están evaluando las principales suposiciones y percepciones políticas y económicas de lo que es posible y deseable.

En el trasfondo de estos análisis se reconoce la fragilidad e interconexión de nuestra red socioeconómica, y dada la preocupación de que los animales pueden servir como vectores de enfermedades, sería conveniente hacer una revisión más profunda de cómo el bienestar de los animales es fundamental para el futuro de nuestra salud económica, ambiental y física.

Políticas y caminos

La ciencia nos dice que si los próximos patógenos letales son virales o bacterianos, los humanos probablemente los obtendremos consumiendo animales, y la aterradora verdad es que estamos exacerbando ambas amenazas.

Hay millones de virus en el interior de los animales que los humanos desconocemos hasta que hacemos contacto con ellos o simplemente los consumimos. No tenemos vacunas ni tratamientos para prácticamente ninguno de estos virus, como es el caso del SARS-CoV-2, agente causal de la COVID-19.

Los mataderos contemporáneos son peligrosos para los trabajadores, además de ser espectáculos de horror fatales para los animales.

En este sentido, hay muchas políticas y caminos importantes orientadas a tomar en serio la presencia y el bienestar de los animales que vale la pena considerar, iniciando con frenar el comercio de animales exóticos.

Millones de animales, desde serpientes hasta tortugas y monos, son sacados de su hábitat natural y enviados a través de las fronteras para ser usados como mascotas, para entretenimiento, consumo e investigación.

Concepto de salud

Gran parte de esto es actualmente legal, a pesar de los riesgos de transmisión de virus zoonóticos (de animales a humanos). Los riesgos son demasiado altos y el panorama sanitario demasiado tenso para que esto continúe. Nunca ha sido bueno para los animales, y no es seguro para nosotros, por lo que se requiere de restricciones más fuertes.

Del mismo modo, debemos enfrentar los peligros de la ganadería industrial. Es hora de una política pública más audaz que propicie formas más sostenibles y seguras de producción de alimentos. Esto implicará al sector privado, pero también del liderazgo e inversión laboral y pública.

No tenemos vacunas ni tratamientos para prácticamente ninguno de estos virus, como es el caso del SARS-CoV-2, agente causal de la COVID-19.

En las últimas semanas ha quedado inequívocamente claro que los mataderos contemporáneos son peligrosos para los trabajadores, además de ser espectáculos de horror fatales para los animales.

Finalmente, reconociendo que la salud humana, animal y ambiental están intrínsecamente conectadas, deberíamos abrazar el concepto de salud como una idea en la que figure en nuestras elecciones de consumo personal, así como en nuestras decisiones políticas.

En la educación, la aplicación de la ley, la alimentación, los servicios de atención médica y todos los demás sectores, la salud debería estar en el centro de la formulación de políticas y prácticas reflexivas, receptivas y proactivas.

En última instancia, la crisis por la que atravesamos muestra que debemos tomarnos en serio el bienestar de los animales, quienes se merecen algo mejor. Luego de lo vivido en los últimos meses queda claro que un simple retorno al statu quo no sólo es injusto, sino también peligroso.

Referencia: Coronavirus shows we must get serious about the well-being of animals. The Conversation, 2020. https://bit.ly/2WY8exq