Ilustración de Chaim Garcia

Recientemente, la NASA reveló algunos videos en los que aparecían OVNIS y el mundo, en plena pandemia, simplemente perdió la cabeza. Sin embargo, el hecho de que se hayan capturado en videos de muy mala calidad algunos objetos voladores no identificados no significa la existencia de aliens.

El debate de si estamos solos o no parece ser de nunca acabar. La respuesta más lógica parece que es imposible que, en un universo tan amplio y tan viejo, seamos los únicos seres vivientes con inteligencia. Sin embargo, muchas de las estadísticas apuntan a lo contrario porque no tiene sentido que, a pesar de esta obviedad, aún no hayamos encontrado a nadie allá afuera.

Esto precisamente es lo que dicta la paradoja de Fermi. Esta es una discrepancia entre el hecho de que nosotros existamos −por lo que tenemos esperanza de que otros también existan como nosotros− y el simple hecho de que nunca hemos encontrado señales de extraterrestres en todos los años en los que llevamos buscándolos.

¿Hay alguien allá afuera?

No es solo el hecho de que no encontremos evidencia de vida inteligente acá en nuestra propia galaxia, sino que, estadísticamente, hay un 50% de posibilidades de que estemos solos en todo el universo observable.

Veámoslo de esta forma: si lo seres humanos, en menos de un millón de años, hemos podido emprender misiones al espacio, pisar la luna y enviar sondas a planetas lejanos, ¿cómo es que en los 13.8 mil millones de años que tiene nuestro universo no exista alguna civilización similar o, incluso, mucho más avanzada que la nuestra? Esta idea simplemente es descabellada.

Muchos científicos han intentado encontrarle respuesta a esta pregunta. Uno de ellos fue el astrónomo Frank Drake en 1961, quien elaboró una fórmula que multiplicó siete “parámetros” para estimar el número de civilizaciones detectables que deberíamos esperar dentro de nuestra galaxia.

Fuente: Future Magazine 

Esta se ha convertido en el único método para calcular la existencia de vida extraterrestre. Sin embargo, también es un problema, puesto que algunos datos podrían ser muy conocidos, como por ejemplo la variable R*, mientras que otros son inciertos.

Este hecho ha significado que dicha ecuación termina siendo bastante incierta. Incluso el astrónomo y cofundador de SETI, Jill Tarter, la describió como “una forma maravillosa de organizar nuestra ignorancia”.

Este ojo artificial podría ser capaz de emular la visión del ojo humano

Ni sí, ni no

En resumen, la respuesta a la pregunta de si estamos solos es simplemente ambigua. Algunos incluso afirman que el hecho de que no hayamos encontrado evidencia de vida extraterrestre podría ser una evidencia en sí misma.

Sin embargo, con respecto a este tema, nos vemos atrapados en un fenómeno conocido como efecto de selección de observadores, que no es más que el hecho de que tenemos que observar todo el panorama para poder llegar a una conclusión. En otras palabras, solo poseemos un punto de vista sobre el asunto, el nuestro, así que no tenemos una forma confiable de decir que existe más vida en el universo. Solo podemos concluir que esta podría existir.

Entonces, ¿es bueno que estemos solos?

En vista de las condiciones actuales, la verdad es que mientras la humanidad continúe por el mismo camino, el hecho de que solo tengamos este planeta para vivir significan malas noticias para nuestra especie. Solamente debemos tomar en cuenta que comenzamos el año 2020 con el Reloj del Apocalipsis posicionado a solo 100 segundo para la medianoche, lo que significa que estamos más cerca que nunca de llegar a un punto de no retorno.

Expertos en la materia han asegurado en oportunidades anteriores que existe entre un 5% y un 19% de que la humanidad se extinga completamente para finales de este siglo, lo que constituye un porcentaje lo suficientemente grande como para arriesgarnos aún más de lo que ya lo estamos haciendo.

Entonces en este panorama, en el que nos estamos agotando nuestros recursos ambientales a un ritmo insostenible y tenemos la suficiente tecnología como para desarrollar armas que acaben con todo el planeta si queremos, se convierte en una idea fundamental pensar que, en realidad, no hay otro lugar al que podemos ir. Quizás con este pensamiento en mente, podríamos incluso lograr que el desastre ambiental disminuya un poco y así salvarnos de la extinción en un futuro cercano.

Con todas estas circunstancias en mente, ¿realmente importa saber si existe alguien más allá afuera cuando acá tenemos los días contados? Será cuestión de nosotros mismos decidirlo.

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