Quince años antes de publicar su obra más famosa, ‘El origen de las especies’ (1859), Darwin tuvo de mascota a una tortuga galápagos.

Este tema ha sido de debate, puesto que se creía que la mascota de Darwin era Harriet, una tortuga galápagos que vivió 176 años hasta su muerte en el zoológico de Australia en Queensland en el año 2006. Sin embargo, en ‘A Sheltered Life’, una investigación elaborada por Paul Chambers, se demuestra que en realidad Harriet nunca perteneció a Darwin, pues esta fue rescatada en Santa Cruz, una isla de Galápagos que no fue visitada nunca por el famoso científico.

Algunos años luego de la publicación de esta investigación, al fin se encontró el verdadero paradero de la tortuga de Darwin. A continuación te contamos su historia.

Visita a Galápagos

Dibujo de Darwin con su tortuga hecho por Meredith Nugent

Según la información que se tiene, Darwin visitó las islas Galápagos junto a sus amigos Beagle. En este viaje, estos se comieron varias tortugas galápagos y arrojaron sus caparazones vacíos por el camino hacia Tahití. Sin embargo, el capitán Robert FitzRoy aseguró en sus bitácoras de viaje que algunas tortugas habían sobrevivido y que fueron trasladadas a Inglaterra.

El capitán había recogido dos tortugas de la isla española y se encargó de monitorear su crecimiento durante el viaje. En tres meses, una de ellas creció tres octavos de pulgada, mientras que la otra creció dos pulgadas de largo en un año.

Además de estas dos tortugas, en el viaje también habían otras dos: “La pequeña tortuga de Covington”, traída desde Floreana por el asistente de Darwin, Syms Covington; y “James”, la cual fue recogida por el propio Darwin durante su estadía en Santiago, mejor conocida entonces como la Isla James.

Lamentablemente, la pobre tortuga falleció tres años después de que Darwin la adoptara. Es así como el 13 agosto de 1837, el científico decidió llevar a sus especímenes a John Edward Gray, asistente de zoología del Museo de Historia Natural de Londres.

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El redescubrimiento

James en el Museo de Historia Natural de Londres

El ex gerente de colecciones de reptiles, anfibios y peces en este museo, Colin McCarthy, fue el encargado de redescubrir a la tortuga de Darwin a finales de marzo del año 2009, y todo gracias a que había estado preparando una lista de reptiles y anfibios recolectados por Darwin durante su viaje del Beagle.

Resulta que había revisado varios especímenes sin etiquetar cuando se dio cuenta de algo importante en una de las tortugas. Esta tenía su plastrón suelto en su caparazón y, al retirarlo, McCarthy se dio cuenta de que tenía grabado “James” en la superficie.

“¡Apenas podía creer lo que veía e inmediatamente puse el espécimen nuevamente en el estante en caso de que lo dejara caer en mi emoción!”.

Además del nombre, también estaba grabado el número de registro 37.8.13.1. Con esta información, fue al registro de zoología del museo, introdujo los datos en el registro original del museo y encontró que se había registrado en 1837 de parte de Charles Darwin.

¿Cómo es que nadie lo había notado?

Museo de Historia Natural de Londres

Resulta que para el año 1837, Darwin aún no había publicado su famoso libro ‘El origen de las especies’, por lo que, a ojos del museo, se trataba de cualquier otro aficionado a los animales que estaba donando un espécimen a la colección.

Si bien su nombre había sido registrado al momento de la donación, al cambiar los registros en el año 1874, se le dio un nuevo número de acceso a producto de una actualización de catálogo, en el cual no figuraba su nombre.

Era imposible para entonces adivinar la importancia que tendría este científico en años posteriores, pero gracias al minucioso trabajo de catalogación del museo, hoy en día podemos, al fin, conocer la verdadera historia de la tortuga galápagos de Darwin.

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