La Guerra Fría, conocida de este modo por la falta de agresiones entre los dos grandes bandos enfrentados (Estados Unidos y la entonces Unión Soviética), nos ha dejado muchas lecciones. Durante esta, aunque no hubo un conflicto bélico como tal, sí se presentaron muchos eventos lamentables que marcaron la historia de la humanidad.

Muchos de estos los conocemos de sobra y también sus consecuencias. Sin embargo, el tiempo nos ha permitido descubrir otros “derivados” de la Guerra Fría que nos podrían ser menos obvios. Un ejemplo de esto es el cambio que esta generó en las lluvias como producto de las pruebas de las bombas nucleares.

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Ahora, un nuevo (y particular) descubrimiento nos ha llevado a toparnos con otra de las consecuencias inesperadas de un periodo como la Guerra Fría. Afortunadamente, este no se trata de un problema, sino de una grata sorpresa que facilitara el estudio de la evolución de la vida silvestre.

Un afortunado accidente

Durante los 60, a mitad de la Guerra Fría, los Estados Unidos desplegaron una serie de satélites de espionaje destinados a descubrir bases de espionaje soviéticas ocultas. Asimismo, se usaban para ubicar con más facilidad y rapidez las ubicaciones de los misiles del bando enemigo.

Para esto, los satélites tomaban fotos constantes de determinados territorios para poder tener un registro de los movimientos que se realizaban en estos y de si había o no presencia enemiga. Sin embargo, otro registro que se realizó sin querer fue en el de la fauna que hacía vida en dichos terrenos.

Las marmotas bobak de Kazajstán proliferaron en esos terrenos antes durante y después de la Guerra Fría. Ahora, con las imágenes de los satélites, se puede tener un registro histórico que refleje cómo se ha dado la evolución de estas poblaciones de animales.

Al servicio de la ciencia

Después de más de 50 años, el gobierno estadounidense ha permitido que estas se pongan al servicio de la ciencia. Mientras tanto, esta no se ha demorado en encontrarles  una utilidad.

Los científicos han podido determinar que las instantáneas que registran porciones del territorio de Kazajstán son perfectas para medir históricamente cómo se ha desarrollado la vida de una población de marmotas de la zona dentro de las últimas 5 décadas.

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Gracias a la información provista por el satélite espía, el estudio dirigido por estudio Catalina Munteanu, geógrafa de la Universidad Humboldt, en Berlín, podría la investigación con registros más extensos que reflejen el desarrollo y respuesta de los mamíferos ante los cambios en sus hábitats como producto de la utilización de estos como espacios de agricultura.

La vida secreta de las marmotas

Gracias a la base de datos del Servicio Geológico de EE.UU. el equipo de investigadores pudo obtener la recopilación de imágenes que reflejaron el paso del tiempo y la evolución de la colonia de marmotas durante este.

Como algunas de las conclusiones principales, los investigadores pudieron deducir que al menos ocho generaciones de marmota parecen haber hecho vida en el territorio desde la década de los sesenta. Asimismo, pudieron registrar al menos 5 mil madrigueras diferentes capturadas en las fotografías históricas, lo que nos habla de una amplia población de estos mamíferos en el territorio.

Un problema oculto a simple vista

Los círculos amarillos señalan las áreas de vida comunes de las marmotas bobak en Kazajstán. Capturas del satélite: 1969 a la izquierda y 2012 a la derecha / Crédito: C. Munteanu y Col., Proceedings of the Royal Society B (2020).

Sin embargo, a medida que el tiempo fue avanzando en las fotografías, también se pudo observar que las áreas en las que las marmotas hacían vida y construían madrigueras fueron disminuyendo. En general, el equipo reportó una disminución del 14% de la población de marmotas dentro de los últimos 50 años.

Pero, resaltaron que en las zonas en las que la actividad agrícola fue más alta, dicho porcentaje se situó en un preocupante 60%. Por lo que, podemos ver cómo claramente la acción del hombre ha perjudicado la proliferación y vida tranquila de estas criaturas.

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¿Nace una nueva forma de estudiar la naturaleza?

Gracias a la elaboración de este estudio, se abre la puerta a la posibilidad de que se realicen más de este estilo en el futuro. Ya se ha comprobado que el registro de imagen satelital es altamente efectivo a la hora de realizar estudios longitudinales sobre poblaciones animales.

Por lo que, optar por herramientas como estas nos permitiría conocer con más detalle cómo impacta nuestra actividad en los hábitats de estas criaturas. Lo que, a su vez, se traduciría en el conocimiento suficiente como para comenzar a desarrollar estrategias y medidas que nos permitan continuar desarrollándonos sin perjudicar tanto la vida silvestre que nos rodea.

Referencia:

Cold War spy satellite images reveal long-term declines of a philopatric keystone species in response to cropland expansion: https://doi.org/10.1098/rspb.2019.2897

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