Brad Smith, presidente de Microsoft, fue uno de los principales detractores del código abierto durante el inicio de los 2000.

Para inicios del siglo XXI, muchos cambios se estaban gestando en el mundo de la tecnología. Con el inicio de la nueva era, los avances en este campo también estaban sufriendo una transformación que lo cambiaría para siempre.

Entre estos, la aparición de lo que se conoce en la actualidad como “código abierto”, a pesar de ser prometedor, no fue bien recibido por todos. Esta nueva propuesta que permitía poner a disposición de todos gratuitamente y con licencia los códigos para su reutilización en otros contextos.

En esencia, era una propuesta muy atractiva. Pero, en su momento, empresas reconocidas como Microsoft rechazaron esta posibilidad por considerarla una afrenta a la propiedad intelectual.

Para el 2001, incluso Steve Ballmer, ex CEO de Microsoft, mostró su postura claramente opuesta al código abierto al clasificarlo como un “cáncer”. Casi veinte años más tarde, las cosas han cambiado.

“El lado equivocado de la historia”

Ahora, el presidente de Microsoft, Brad Smith, durante una charla reciente en el Computer Science and Artificial Intelligence Laboratory (CSAIL) del MIT ha expresado el cambio de percepción de la empresa.

El presidente admitió que a inicios de este siglo Microsoft falló en ver las verdaderas utilidades y posibilidades que ofrecía el código abierto. La empresa, ya desde hace varios años ha estado haciendo cambios para adoptar esos sistemas de código abierto que antes tanto había rechazado.

Sin embargo, es ahora, con la situación del coronavirus, que terminan de admitir de forma pública y directa que “Microsoft estaba en el lado equivocado de la historia cuando el código abierto explotó a principios de siglo, y puedo decirlo personalmente”. Todo esto según las palabras del propio Smith, quien luchó contra el código abierto junto a la empresa por años antes de terminar por adoptarlo y reconocerlo como una ventaja.

Tiempo de aprender y cambiar

Un claro ejemplo del cambio de paradigma que ha tenido Microsoft con respecto al código abierto se ve en su propiedad sobre la plataforma GitHub. Básicamente, esta es un espacio en el que los desarrolladores pueden intercambiar códigos de forma gratuita.

Un cambio radical

De negarlo por completo, Microsoft se ha convertido en “el mayor contribuyente individual para proyectos de código abierto en el mundo cuando se trata de negocios”, según las palabras de Smith. No es difícil de creer debido a que GitHub es una de las plataformas más reconocidas, estables y populares para estas actividades.

Entre los comentarios que ha hecho Smith sobre el cambio de perspectiva de la empresa, también ha acotado que Microsoft tiene una “responsabilidad como su administrador para que [GitHub] sea un hogar seguro y productivo para [los desarrolladores]”.

Asimismo, otra muestra se puede ver en su más reciente actualización de su sistema operativo Windows 10. Contra la tendencia que había mostrado la compañía esta vez presentó el sistema con un núcleo Linux que permitiría a los desarrolladores de este último trabajar con un subsistema Windows.

“Más datos sobre las personas que el gobierno”

Otro punto que Smith trató durante su presentación en la CSAIL del MIT tuvo que ver con el manejo de datos y la privacidad en la web. Así como el manejo de los códigos se ha vuelto más abierto, el de los datos ha tenido que mutar a alternativas cada vez más privadas para proteger a los usuarios.

Smith recalca que las cosas han cambiado muy rápido y que recuerda con especial detalle una reunión sostenida entre el entonces presidente, Barak Obama, Google, Apple y Facebook en el 2013. Durante esta, la presión sobre las grandes empresas para que hicieran un uso apropiado de la información no era tan fuerte aún.

Pero, Smith recuerda un comentario de Obama en el que este afirmaba: “Solo quiero que todos reconozcan que tienen más datos sobre las personas que el gobierno. Y tengo la sospecha de que las armas girarán, y habrá un momento en el que las demandas que le impongan al gobierno también se las impondrán a ustedes”. El momento se hizo esperar, pero llegó.

El punto de quiebre: el escándalo de Cambridge Analytica.

El escándalo de Cambridge Analytica y Facebook en el 2016 fue decisivo para el mundo de la tecnología. Desde entonces, el mundo ha estado mucho más atento a lo que comparte por la web y también a lo que las empresas pueden o no pueden hacer con la información que se les suministra.

Ese escándalo cambió las reglas del juego y, cuando se mira la historia de la evolución de las grandes empresas de la tecnología, es fácil notar que se trató de un punto de quiebre en el que no solo Facebook se vio obligado a hacer cambios en sus políticas para satisfacer las nuevas demandas del –mucho más cauteloso– público.

Apps de rastreo del COVID-19 – suposiciones peligrosas

Finalmente, haciendo referencia a estas situaciones de privacidad, el tema del coronavirus y la nueva app patrocinada por Apple y Google salió a la luz. Dejando los temas de seguridad de un lado, que ambas empresas han tratado de taclear con el uso del Bluetooth e intentando generar mecanismos que solo revelen lo justo y necesario sobre sus usuarios, existe otro hoyo en el plan propuesto por los dos gigantes.

Smith expresa que las poblaciones de riesgo, como los ancianos y las personas en extrema pobreza o que incluso son indigentes, tienen pocas posibilidades de tener un teléfono –y que, si lo tienen, este no necesariamente podría soportar la app. Por lo que, no se puede confiar en un sistema como este para que los organismos de salud construyan sus planes de atención al público. En opinión de Smith, no podemos suponer que todos podrán ser partícipes de este método, por lo que, aún hace falta desarrollar alternativas más inclusivas.