El dolor es una respuesta natural de nuestro organismo. En ella, interviene una intrincada red de registros sensoriales y emocionales entrelazados con las respuestas autónomas del sistema nervioso involuntario.

Durante años se lo ha estudiado, lo que lo desencadena, los procesos cerebrales que lo registran y las diversas respuestas que generan en el organismo, solo por nombrar algunos puntos. Ahora, esta nueva investigación de la Universidad de Duke que se ha publicado en la revista Nature ha ido un paso más allá.

Con los descubrimientos de los investigadores tras realizar estudios en ratones, estos podrían haber encontrado el “interruptor” cerebral encargado de apagar el dolor, no de encenderlo.

¿El cerebro puede suprimir el dolor?

En efecto, esta es la acción que artificialmente activan los analgésicos. Sin embargo, con elementos como los placebos, se ha visto que el organismo también es capaz de suprimir el dolor por su cuenta, si considera que hay un factor externo que lo está haciendo por él.

Entonces, teniendo la seguridad de que, bajo ciertas circunstancias el dolor se puede suprimir, la siguiente pregunta es: ¿cómo? Ha sido esto lo que los investigadores de la Universidad de Duke se han dedicado a investigar.

El problema inicial

En la actualidad, se sabe que la percepción del dolor no se maneja en una sola área del cerebro. De hecho, la sensación y las respuestas se dan en conjunto con pequeñas contribuciones de distintas zonas cerebrales.

Por lo que, es difícil pensar en poder suprimir el dolor si se debe inhibir la acción de tantos sectores de la mente a la vez. Afortunadamente, la naturaleza es sabia y este en realidad no es el caso. Los científicos han logrado determinar que, aunque existen todas estas áreas destinadas a “sentir” el dolor, existe una en específico que cuenta con la posibilidad de suprimirlo o “apagarlo”.

Una ubicación inesperada

Desde el inicio, el descubrimiento de esta área estuvo llena de sorpresas, pues hasta su ubicación fue inesperada. Los análisis realizados en los cerebros de los ratones mostraron la actividad inhibidora del dolor dentro de la amígdala.

Por lo general, esta se relaciona con la regulación de emociones, sobre todo las más primarias y negativas como la ira o el miedo, que activan nuestros primitivos mecanismos de lucha o huida. Incluso está altamente ligada a otros elementos como la ansiedad o la depresión. Debido a lo cual, la presencia del elemento supresor –y no promotor– del dolor en ellas se convirtió en toda una sorpresa.

El sueño y la supresión del dolor están separados

Luego de esto, los científicos pasaron a investigar el modo en el que esta área supresora del dolor interactuaba con el resto del cerebro. Pudieron notar que, con elementos como la anestesia general, que duerme el organismo y suprime las sensaciones, el sueño y la inhibición del dolor estuvieron separados.

Entonces fue cuando pudieron identificar el complejo específico de neuronas que se dedicaban a apagar el dolor en el organismo. A estas se las ha llamado CeAga y se cree que pueden tener una equivalencia en el cerebro humano. Esto a pesar de que la amígdala central de los ratones es en escala un poco más grande que la humana. No obstante, hasta ahora los científicos no consideran que esto sea un motivo para que no funcionen de forma similar.

Todo está conectado

Sumado a lo anterior, su investigación los llevó a determinar que las inhibidoras CeAga estaban conectadas con al menos 16 áreas distintas del cerebro dedicadas a la percepción del dolor (tanto sensorial como emocional). Con esto, se ratifica que esta área tiene un control total sobre esta sensación y que, de ser activada, tiene la posibilidad de enviar un comando cerebral que desactive las sensaciones de dolor de forma unánime en el cerebro. Así los tratamientos no tendrán que apuntar a todas las zonas, sino solo a estimular aquella en la que se encuentran estas neuronas.

Como un interruptor

Los estudios de los científicos también probaron la efectividad de esta nueva área. Con un sistema optogenético, con el que a través de la luz se activan células en el cerebro, los investigadores estimularon las neuronas CeAga.

En el momento en el que estas se activaban, los ratones detenían inmediata y drásticamente los comportamientos de ansiedad y estrés que típicamente exhiben al sentir dolor (como inquietud y acicalamiento obsesivo de orejas y patas). Asimismo, cuando estas dejaban de funcionar, el dolor regresaba a ellos inmediatamente y también los comportamientos ansiosos –como si los estuvieran controlando con un interruptor.

El futuro de los analgésicos

Los investigadores esperan poder utilizar esta información para mejorar la efectividad de los analgésicos que ya existen. Además, tienen la intención se secuenciar las células para identificar el gen receptor que la activa. De este modo, incluso se podrían desarrollar medicamentos y tratamientos específicos que vayan dirigidos a estas áreas y puedan “apagar” el dolor tan rápida y fácilmente como cuando se presiona un botón.

Referencia:

General anesthetics activate a potent central pain-suppression circuit in the amygdala: DOI: 10.1038/s41593-020-0632-8

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