La pandemia del coronavirus ha esparcido el miedo y la incertidumbre por cada rincón del mundo. Noticias como que este es mucho más mortal de lo que pensábamos en un principio no han ayudado a minimizar los temores.

Afortunadamente, la ciencia ha hecho avances reales e incluso podrían estarse vislumbrando pronto posibles tratamientos contra el coronavirus. No obstante, a medida que esto se desarrolla, paralelamente actores malintencionados se han dado a la tarea de aprovecharse de la inseguridad de las personas para hacerlas caer en trampas y estafas.

La obesidad aumenta el riesgo de hospitalización de pacientes con coronavirus

No han sido pocos los anuncios que han surgido sobre el coronavirus y sus “curas” en el mundo. Sin embargo, hasta ahora, ninguno de estos ha sido real y ha ocasionado consecuencias graves en las sociedades que han sido víctimas de estos engaños. Lastimosamente, este modus operandi no es nuevo y podemos encontrar múltiples evidencias de este a lo largo de la historia.

Habla la historia

Hace más de 100 años atrás, durante la pandemia de la gripe española, se habló de que remedios como el Vick’s VapoRub podrían ser efectivos. La confusión creada por esto causó que muchas personas no respetaran las restricciones de seguridad y el contagio continuara.

Asimismo, nos encontramos con casos más cercanos, como los medicamentos que durante las décadas pasadas se promocionaron como “curas efectivas del VIH”. Países como Nigeria sufrieron mucho con esta situación. Por ejemplo, el cirujano, Jeremiah Abalaka, en los noventa proclamó haber encontrado una cura y la mayoría de los que asistieron buscando sus servicios fallecieron.

Entrando en este recién iniciado siglo nos encontramos con ejemplos más cercanos como los casos del SARS en el 2003 y del ébola en el 2014. Durante ambas epidemias, surgieron múltiples anuncios que clamaban tener las curas para cada enfermedad. Incluso, para casos como el del ébola, se presentaron reportes de personas que habían muerto debido a sobredosis de las mal llamadas “curas”.

Las falsas curas del COVID-19 no faltan

Ahora, en el 2020, el coronavirus está pasando por un mismo camino. Mandatarios de países como Estados Unidos y Madagascar han promovido “medicamentos probados” efectivos contra el COVID-19.

Por lo que, naciones enteras han caído ante la idea de que una cura efectiva contra el coronavirus ya existe. Lo que hace que estas bajen sus defensas, dejen de tomar tantas precauciones y, en consecuencia, se hagan más vulnerables al contagio.

Además, otros clamores independientes como el de un pastor pentecostal en Ghana que lanzó y vendió un “Aceite de coronavirus” o el de otro pastor estadounidense que patrocinó por televisión el Optivida Silver Solution contra el COVID-19, solo han colaborado con el clima de confusión tanto en sus países como en el mundo.

Hay que ir más allá y rápido

El mundo entero se ha tratado de mover con rapidez para evitar que este tipo de informaciones proliferen. Sin embargo, el avance de estas noticias, debido al estado de alteración y desinformación en el que se encuentran las personas, puede llegar a viajar muy rápido y causar consecuencias graves antes de que se pueda hacer algo al respecto.

Por este motivo, es necesario que se redoblen los esfuerzos en todo el planeta por proteger todos los flancos. De forma que se pueda cortar el paso de la información malintencionada mientras, al mismo tiempo, se les hacen llegar a las personas datos verificados y fiables sobre la enfermedad.

El poder de la web

Uno de los primeros focos que debe entonces prepararse para accionar contra las fake news y las promociones de curas falsas son las plataformas web. Sobre todo si hablamos de redes sociales.

A través de estas la gente en el mundo ha logrado interconectarse como nunca antes. Por esto, plataformas como Facebook (y sus otros productos como Instagram y WhatsApp), Twitter e, incluso el gran buscador, Google, se han unido para detectar y erradicar los contenidos falsos sobre el coronavirus que se distribuyen en sus espacios. Asimismo, otros gigantes como Amazon se han unido para luchar contra la venta de artículos fraudulentos sobre el coronavirus en su plataforma.

El gobierno también deberá actuar

Por su parte, los gobiernos del mundo deberán concentrarse en dos flancos de acción. De un lado, tendrán que mantener una comunicación constante con sus ciudadanos y abrir espacios de intercambio en los que estos no solo puedan recibir información confiable sino realizar consultas y expresar dudas de forma directa.

Por el otro lado, también deberán mantenerse atentos a las posibles iniciativas fraudulentas que se desarrollen en su territorio. De este modo, al detectarlas, se las podrá detener e incluso incautar las curas falsas que, de llegar al público, podrían aumentar el daño causado por el coronavirus.

Se deben generar estrategias inclusivas

Por último, la comunidad internacional tendrá que trabajar en conjunto para mantener un frente informativo común que le dé más fuerza y confiabilidad a su mensaje. Sumado a esto, de forma nacional y regional, será necesario que los países realicen alianzas con los líderes religiosos y tradicionales directores de las comunidades para que estos colaboren con las iniciativas informativas. Gracias a ellos, la información suministrada podría tener incluso más valor para las comunidades que las reciben.

Las consecuencias de la desinformación son graves

Por ende, las reprimendas para aquellos que colaboren con esta también deberían serlo. En la actualidad, no existen muchos antecedentes de reprimendas posibles para aquellos que incurran en este tipo de estafas. Pero, ejemplos como el de Australia, en el que una “iglesia de curación” engañó a la gente de su comunicad con una “cura” para el COVID-19 a base de cloro fue sancionada con una multa de más de 150 mil dólares, son un buen inicio.

Ya declaraciones como las de Trump sobre la hidroxicloroquina han causado muertes en su propio país y desencadenado cuadros de intoxicación en otros territorios asiáticos y africanos. Tal ha sido la magnitud de esto que el propio presidente ha tenido que retractarse de sus declaraciones, pero el daño ya está hecho. Además, no parece haber aprendido la lección de esta situación, pues recientemente ha conmocionado de nuevo al mundo con su sugerencia sobre inyectar desinfectantes en el cuerpo como una protección contra el COVID-19. Un mensaje que nuevamente aumentó el número de intoxicaciones registradas en los Estados Unidos.

Por si fuera poco, este tipo de declaraciones, en cualquier parte del mundo, hacen que las personas entren en un estado de despreocupación a causa de la falsa cura que podría hacerlos menos propensos a seguir las indicaciones de seguridad. Un detalle que, a su vez, podría ser la diferencia entre el control del virus en un territorio o el regreso de este en una segunda oleada.

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