La crisis del coronavirus ya suma más de 4.5 millones de afectados en todo el mundo, siendo las bajas hasta ahora un poco más de 300 mil y las recuperaciones casi 1.6 millones. Todo el planeta se mueve a toda máquina para intentar contrarrestarlo y también para descubrir modos con los cuales detectarlo a tiempo.

Se han hecho múltiples avances, pero siempre queda un poco más por descubrir. En este caso, nos encontramos con una nueva preocupación que aqueja a los ciudadanos ahora que muchos países están pensando en retomar parte de sus actividades en un intento por “regresar a la normalidad”.

Esta consiste en la incertidumbre que hay sobre las condiciones de seguridad que experimentarán los trabajadores. Puesto que, además de las medidas de prevención particulares, no existen casi mecanismos con los que evaluar la situación y garantizar la seguridad de estos.

Una posibilidad a la que prestar atención

Organismos como el Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC, por sus siglas en inglés) ya han alertado que el coronavirus puede transferirse al organismo cuando la persona entra en contacto con superficies contaminadas. Si luego pasa sus manos por sus ojos, boca o nariz, las posibilidades de contagio se hacen altas.

Asimismo, se sabe por estudios como el publicado recientemente en The Lancet, que el SARS-CoV-2 es capaz de mantenerse activo en diversas superficies por días. Por ejemplo, este estudio comprobó que cepa podía mantenerse sobre una mascarilla quirúrgica hasta por una semana. Por su parte, otras investigaciones como el estudio preliminar publicado este abril en New England Journal of Medicine mostraron que el coronavirus puede subsistir sobre plástico y acero inoxidable hasta los 72 horas, mientras que, sobre cartón dicho monto bajada a 24, llegando a ser su “tiempo de vida” más corto el que tuvo sobre el cobre, de tan solo 4 horas.

La CDC reconoce que este no es el principal medio de contagio de la enfermedad. Además de que, este no tiene las mismas capacidades de dispersión que sus métodos comunes. Sin embargo, la posibilidad de que las cepas depositadas en lugares públicos colaboren con la extensión de la pandemia definitivamente existe.

El mundo ya se ha puesto en acción

Con esta perspectiva las empresas y laboratorios de todo el planeta ya han comenzado a desarrollar tests del COVID-19, pero para superficies. A través de ellos, esperan ser capaces de poder detectar la presencia de la enfermedad en espacios comunes, de forma que se pueda erradicar rápidamente y disminuir las posibilidades de un contagio.

Empresas grandes como Amazon y Smithfield Foods ya se encuentran realizando sus propias investigaciones para alcanzar esta meta. Por otro lado, los negocios más pequeños se hunden en la incertidumbre, puesto que no tienen la posibilidad de invertir en una investigación propia.

Entonces, se ven en la necesidad de depender de compañías externas que provean el servicio. Uno que, aunque sí pueda estar disponible aún presenta muchas complicaciones para su aplicación y utilización.

Muchos más obstáculos de los esperados

A pesar de que los esfuerzos para la creación e implementación de estos test está en marca, la verdad es que hay muchas complicaciones que obstaculizan el alcance de la meta. En primer lugar, los mecanismos actuales de detección y prueba del coronavirus es superficies son tan largos como complejos. Por lo que se encuentran fuera del alcance de la mayoría de las medianas y pequeñas empresas.

Por si fuera poco, no todas las pruebas han mostrado ser completamente efectivas. Debido a lo que sus resultados podría ofrecer datos a medias que no terminarían de ser útiles para las labores de detección y desinfección. En pocas palabras, aquellas que se mostrarían medianamente accesibles podrían no dar información completa. Mientras que, las que sí podrían ofrecerla serían difíciles de conseguir y costosas de adquirir.

El dilema del ARN

Para poder determinar si un virus se encuentra sobre una superficie se cuentan con dos métodos. El primero implica tomar una muestra y luego cultivarla en un laboratorio dentro de células anfitrionas. Si el virus tiene la capacidad de replicarse es irrefutable que está presente y activo sobre la superficie estudiada.

Por otro lado, el otro método consiste en la detección de las cadenas de ARN específicas del coronavirus. A pesar de que también es capaz de detectar su presencia, no puede determinar si este se encuentra o no activo. Por lo que, la cepa podría ser vieja y lo que se recolecte solo el rastro que deja el virus tras de sí.

Claramente la primera prueba es la mejor opción en cuanto a precisión. Pero, es altamente costosa, requiere laboratorios con protocolos de seguridad nivel 3 y, por si fuera poco, puede demorar días en estar lista. Lo que limita la capacidad de respuesta temprana de los establecimientos. Por su parte, la prueba de ARN es mucho más económica, rápida y de menor riesgo, pero nunca será tan exacta. Debido a lo que la información que proporcione estará siempre sujeta a malas interpretaciones y a la generación de los peligrosos falsos positivos.

Hechas para otro propósito

Estas últimas claramente no parecen ser la mejor alternativa debido a esto. Pero eso no implica que no puedan ser útiles. De hecho, su fortaleza se encuentra en la recolección de datos para investigaciones epidemiológicas, puesto que estos test permiten conocer dónde ha estado el coronavirus y en cuánta cantidad.

Asimismo, este sistema podría colaborar para que los doctores puedan detectar a los que la ciencia ha denominado como “súper-contagiadores”. Estos se tratan de individuos, por un motivo desconocido, liberan una cantidad de virus mucho mayor a la promedio. Lo que los hace particularmente peligrosos y un medio constante de transmisión para el virus.

Sumado esto, los tests de ARN también podrían ser la alternativa para conseguir información indirecta sobre los contagios. Por ejemplo, si se realizan revisiones periódicas y se detecta el SARS-CoV-2 allí donde antes no había es un indicador de que alguien en la zona se ha contagiado y es necesario hacer pruebas de despistaje a las personas que transitan el área.

¿Cuál test se está usando ahora?

Por sus facilidades de manufactura y costos, todavía muchas empresas han optado por el test de ARN en lugar de por el de cultivo del virus. Actualmente, compañías y laboratorios en el mundo ya han desarrollado sus propios prototipos.

Sin embargo, estos siguen siendo altamente irregulares y ninguno es capaz de garantizar seguridad. Por lo que, al menos por ahora, el mejor enfoque a utilizar sigue siendo el mantenimiento del distanciamiento, la utilización de los adecuados equipos de protección y la limpieza y desinfección constante de las áreas de alto tránsito.

Referencia:

Stability of SARS-CoV-2 in different environmental conditions: https://doi.org/10.1016/S2666-5247(20)30003-3

Aerosol and Surface Stability of SARS-CoV-2 as Compared with SARS-CoV-1: DOI: 10.1056/NEJMc2004973