Hace ya algún tiempo, en el año 1881, estaría naciendo Ernst Gräfenberg, uno de los doctores más adelantados a su época y por el cual surgiría un sinfín de debates en el mundo de la ginecología y la sexualidad femenina. Hoy te traemos su historia y sus aportes a la ciencia (que va más allá del punto G).

Este doctor nació en Alemania, específicamente en Adelebsen, cerca de Gottingen. Su padre era dueño de un negocio de artículos de hierro y también fue jefe de la comunidad judía de Adelebsen durante catorce años. Sin embargo, dos años después de su nacimiento, se mudaron a Gotinga para que Gräfenberg asistiera a la escuela.

En el año 1900, abandonó Gotinga para mudarse a Munich y poder estudiar medicina, carrera que le apasionaba profundamente. Se graduó cinco años después y se propuso estudiar oftalmología en la Universidad de Wurzburg, pero muy pronto cambiaría de opinión y se iría por la rama de la ginecología en la Universidad de Kiel, estudios que culminó en el año 1910.

Se convirtió en un doctor exitoso, pues diez años después de graduarse ya era ginecólogo en jefe del hospital municipal de Britz, tenía su propia práctica en Kurfurstendamm y también había comenzado a estudiar la fisiología de la reproducción humana en la Universidad de Berlín, enfocándose específicamente en la anatomía femenina.

El primer DIU

El anillo de Gräfenberg fue el precursor de los DIU

A partir de estos estudios, Gräfenberg desarrolló un dispositivo que, posteriormente, sería conocido como el “anillo de Gräfenberg”, el cual no es más que un anticonceptivo DIU hecho de plata. Este fue presentado públicamente en Berlín en 1928 y un año después en Londres, en el Congreso Internacional de Reforma Sexual.

En esta época se defendía que no se podía “invadir el útero” con motivos anticonceptivos por razones religiosas, por lo que la invención de Gräfenberg fue rechazada por la comunidad científica. Sin embargo, en 1930 el doctor continuó hablando acerca de su dispositivo en la Conferencia Internacional de Control de la natalidad en Zurich.

Para el año 1933 ya era muy controversial para el gobierno alemán, al punto que el Tercer Reich prohibió el uso del anillo de Gräfenberg y los nazis lo obligaron a renunciar a su cargo como jefe del departamento de ginecología del hospital Britz. Aún así, y a pesar de que sus colegas trataron de convencerlo de abandonar Alemania, el doctor decidió quedarse en su país, pues como varias de las esposas de generales nazis eran sus pacientes, creía estar a salvo.

Esta seguridad le duró poco, pues en 1937 fue acusado de robar un sello de un campo en Alemania y fue encarcelado. Si no hubiera sido por la doctora Margaret Sanger, quien lo ayudó en la primera presentación del anillo de Gräfenberg, el doctor se hubiera quedado en prisión, pero ella logró sacarlo de la cárcel y de Alemania, llevándolo a Nueva York para que estuviera a salvo.

Defendiendo la independencia médica de las mujeres

En Nueva York, Gräfenberg comenzó a variar en sus investigaciones acerca de la anatomía femenina, llegando más allá de la anticoncepción y tocando temas como pruebas de embarazo, enfermedades venéreas, anestesia obstétrica, anatomía pélvica e incluso aborto, proceso con el cual estaba de acuerdo. Así continuó por un tiempo hasta 1950, cuando publicó su ensayo “El papel de la uretra en el orgasmo femenino” en el que explicaba la existencia de una zona erógena ubicada en la pared anterior de la vagina que podría ser estimulada para obtener placer. Esta zona sería conocida posteriormente, a partir de algunos estudios de 1981, como el punto Gräfenberg, o como es más conocido, el punto G.

Es curioso, porque incluso en este ensayo él utiliza su propia experiencia con parte de la evidencia que sustenta la teoría. En un párrafo de este ensayo, puede leerse lo siguiente:

“Esto lo puedo confirmar por mi propia experiencia con numerosas mujeres. Siempre se pudo demostrar una zona erótica en la pared anterior de la vagina a lo largo del curso de la uretra. Incluso cuando hubo una buena respuesta en toda la vagina, esta área en particular fue más fácilmente estimulado por el dedo que las otras áreas de la vagina”.

¿El punto G existe?

La verdad es que este debate aún está presente en la comunidad científica a pesar de que la primera mención de esta zona fue en 1950, hace más de setenta años. Según encuestas de realizadas por el King’s College de Londres, en la que las participantes fueron mujeres mellizas idénticas, la mitad de ellas respondió que pensaba que poseía este punto G, mientras que la otra mitad creía lo contrario.

Sin embargo, investigaciones posteriores publicadas en la revista Journal of Sexual Medicine afirman que es posible determinar el tamaño y la forma de la capa que está detrás del muro vaginal principal en donde está localizado el punto G, mediante una exploración de ultrasonido o ecografía.

Sin embargo, lo importante es que Gräfenberg defendió su teoría hasta el cansancio porque, además de que quería demostrar la existencia de esta zona erógena, buscaba que las mujeres sintieran libertad con respecto a su sexualidad, reafirmando la vital importancia que tiene la independencia médica de las mujeres.