La agitada vida cotidiana nos hace separarnos cada vez más de tradiciones como sentarnos a la mesa a compartir y comer junto a nuestra familia. Son muchos los que extrañan estos momentos de unión del núcleo familiar y, lastimosamente, también son unos cuantos que no han podido experimentarlos en absoluto.

En la actualidad, en países como los Estados Unidos, las familias pueden tener solo una comida juntos durante la semana laboral. Asimismo, al menos el 25% de la población consume comida rápida una vez al día y el 20% puede optar por comer en sus autos.

Esto, además de acentuar la división familiar, puede tener consecuencias negativas tanto en la mente como en la salud de las personas. Por este motivo, la ciencia se ha enfocado en intentar entender el alcance que una comida familiar puede tener, sus beneficios y las consecuencias que trae su falta. Ahora, nosotros, en este Día Internacional de la Familia, nos dedicaremos a repasar los puntos más resaltantes de este tema para poder comprender la verdadera importancia de compartir las comidas en familia.

¿Por qué ya no comemos juntos?

Esta es una pregunta que fácilmente podría llegar a nuestra mente. Si bien es claro que en áreas como Estados Unidos, la falta de comidas familiares ya se ha convertido en un fenómeno cultural, aún podemos desglosar las causas que sumadas lo generaron.

Uno de los primeros puntos a resaltar entonces es el incremento en las horas de trabajo. Debido a estas, los horarios de los miembros de la familia podrían no coincidir. Asimismo, muchas veces la irrupción de la tecnología al momento de la comida (televisores, celulares, tabletas, etc.) pueden tener un efecto alienante que ocasione que, aunque los integrantes de la familia estén sentados en la misma mesa, en realidad no estén comiendo juntos.

Uso constante de locales de comida para alimentar a la familia. Incluso si la comida se ordena para llevar, si las personas se sientan a la mesa a compartir, se puede comer en familia. Sin embargo, por lo general comprar la comida afuera implica contar con cápsulas individuales de alimento que cada miembro de la familia suele terminar por comer solo, en sus propios tiempos.

Los niños son los más afectados

Si existe un periodo de nuestra vida en el que es vital que interactuemos y formemos lazos con nuestro entorno es durante la infancia. Las comidas familiares son el momento perfecto para que los más pequeños practiquen sus habilidades y aprendan nuevos patrones de conducta de parte de sus padres.

Esta acción podría requerir menos de una hora del día de las personas y podría tener beneficios significativos en los niños. Por otro lado, la falta de estos tiempos para compartir también podría traducirse en toda una serie de problemas como los siguientes:

Aumenta el ausentismo escolar

Nuevas investigaciones realizadas por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) ha logrado generar una relación entre la falta de comidas familiares frecuentes y el ausentismo escolar. En promedio, según los datos del Programa Internacional para la Evaluación Internacional de Alumnos (PISA), en tres cuartas partes del mundo el porcentaje de ausentismo escolar es del 15%. Pero, al segmentar los grupos, aquellos estudiantes que no comían en familia mostraban en su población un 30% de ausentismo.

Propensión a problemas de peso

No comer en familia muchas veces implica que el niño tiene más acceso a comida chatarra y menos regulación sobre esta. Según lo declarado en el Congreso Europeo sobre Obesidad en Bulgaria del 2014, aquellos niños que tuvieran menos de dos comidas familiares a la semana, tenían una propensión 40% mayor a desarrollar problemas de obesidad.

Propensión a conductas de riesgo

Por otra parte, las comidas familiares también suelen ser un momento perfecto para que los miembros de la familia se comuniquen e interconecten. De faltar esto, para los más pequeños puede ser difícil conectarse con sus padres y, a la larga, esto puede ser un factor de incidencia en el desarrollo de conductas de riesgo como ingerir alcohol o drogas o iniciar muy tempranamente la actividad sexual. Asimismo, el riesgo a desarrollar problemas psicológicos como la depresión se vuelve mayor.

¿Por qué puede ser tan perjudicial no comer con la familia?

En general, existen dos ramas de pensamiento que pueden explicar las ramificaciones de las consecuencias negativas que se generan al no comer en familia. La primera indica que, al salir a comer, por lo general las alternativas que se seleccionan no son las más saludables. Por lo que, a la larga, esto favorece la formación de hábitos alimenticios poco saludables que luego claramente tendrán un impacto negativo sobre la salud general de la persona.

Del otro lado del espectro, nos encontramos con la teoría que indica que el comer de forma separada aumenta la sensación de aislamiento entre las personas. Ya que la mesa puede ser un punto de encuentro donde la familia se reúne y comparte las experiencias del día. No contar con esa clase de interacción puede ser alienante y derivar incluso en desórdenes mentales.

Hay dos grandes razones para estos efectos negativos asociados con no comer juntos: la primera es simplemente que cuando comemos fuera, especialmente en los lugares de comida rápida y para llevar de bajo costo a los que la mayoría de los niños van cuando no comen con su familia, nosotros tienden a no comer cosas muy saludables.

La otra razón es que comer solo puede ser alienante. La mesa de la cena puede actuar como unificador, un lugar de comunidad. Compartir una comida es una excusa para ponerse al día y hablar, una de las pocas veces en que las personas están felices de dejar de lado su trabajo y tomarse un tiempo de su día.

Beneficios de comer en familia

Ahora que conocemos los efectos negativos que puede tener el no compartir las comidas con la familia, es momento de pasearnos por todos los beneficios que tiene el hacerlo. Podría impresionarte la cantidad de aspectos en los que una comida familiar es capaz de hacer la diferencia.

Nos hace más felices

El primer punto que hay que resaltar tiene que ver directamente con nuestro estado de ánimo. Comer en familia es un excelente apoyo emocional que nos ayuda a ser más fuertes mentalmente. Incluso, una investigación realizada en el 2008 por el equipo de investigadores de Brigham Young University comprobó que las comidas familiares podía ayudar a las madres que trabajaban en IBM a reportar niveles de estrés mucho menores durante sus horas laborales.

En general, todo esto se traduce en una mentalidad más feliz, saludable y menos estresada con la que afrontar al mundo. Todo porque pudimos compartir la mesa con nuestros seres queridos.

Fortalece el sentido de pertenencia y de unión

Por otro lado, la mesa es un espacio de unión y de intercambio. Debido a lo que se puede convertir en un espacio seguro en el cual conectar diariamente con la familia y construir lazos fuertes y duraderos.

Este tipo de interacciones permiten que los miembros de la familia se conecten más y se cree un verdadero sentimiento de pertenencia al grupo familiar. Los expertos del sistema de salud Stanford Children’s Health comentaron que este momento es perfecto para permitir que los más pequeños de la casa se expresen, y verdaderamente escucharlos.

Con esto, los niños podrán desarrollar más confianza para expresarse en su entorno y también tendrán mucha más seguridad en ellos mismos. Incluso los adolescentes pueden beneficiarse de esto. Y, un estudio llevado a cabo por la Universidad de Columbia lo comprobó a través de una encuesta en el que el 71% de los adolescentes concordó en que las comidas familiares eran sus momentos preferidos para hablar y compartir con sus familias.

Las comidas son más sanas

Por lo general, el comer en casa implica preparar comida casera. Para esto, se requiere un proceso de preparación en el que todos los ingredientes se deben elegir en el mercado. Esto incrementa las posibilidades de que la familia opte por alternativas de alimentación más sanas y no por la comida procesada.

Por si fuera poco, una investigación realizada en Harvard confirmó que las familias que comen unidas tienen 5 veces más posibilidades de incluir porciones de frutas y vegetales en sus comidas. Como un extra, el comer en conjunto promueve el control de las porciones que se ingieren. Una medida que se suele perder si la persona come frente a una pantalla que no le permite poner atención a lo que ingiere.

Los niños aprenden mejores y más sanos hábitos

Como un reflejo de la alimentación sana del hogar, los niños se vuelven más propensos a tener una conducta alimenticia sana. Ya que se decantan por copiar los patrones que ven en casa.

Esto trae como consecuencia que aprendan a consumir más alimentos, a ser menos selectivos con la comida y a desarrollar menos desórdenes alimenticios. Además de todo esto, otros estudios como el publicado en el European Journal of Clinical Nutrition en el 2003 demuestran que los niños que comen con su familia suelen ser más abiertos a probar nuevos alimentos.

Finalmente, comer en familia no solo les enseñará a los más pequeños buenos hábitos alimenticios, sino buenos modales en la mesa también. Puesto que, acá también tenderán a imitar la conducta de sus padres.

La tendencia a la obesidad es menor en toda la familia

Nuevamente, como una consecuencia de los puntos antes mencionados, la posibilidad de que alguno de los miembros de la familia se vuelva obeso es menor. Puesto que, al comer y conversar, los miembros de la familia comen más lento, lo que se traduce en una mejor digestión y asimilación de los nutrientes.

En cuanto a este tema, otros estudios han indicado que las comidas familiares pueden ser un factor de protección para los adolescentes. Ya que, incluso 10 años más tarde, este continuará por ser un factor diferenciador que los alejará de los problemas de peso.

Los más pequeños aprenden a comunicarse mejor

Como ya lo mencionamos, comer unidos le ofrece a la familia la posibilidad de compartir lo que ha pasado en su día y de unirse nuevamente. Esto permite que los niños ejerciten con más frecuencia sus habilidades comunicacionales.

Incluso, en un estudio realizado en el 2018 por la Universidad de Montreal mostró que los niños que a los 6 años tenían comidas familiares regulares, a los 10 ya contaban con una mayor capacidad de interactuar socialmente y también eran mejores comunicadores en general.

Menos desórdenes mentales y conductuales

Otra investigación realizada en el 2014 y publicada en el Journal of Developmental Behavioral Pediatrics liga las comidas familiares con un descenso en el consumo de alcohol y drogas. Asimismo, registró una disminución en condiciones depresivas y pensamientos suicidas en aquellos adolescentes que comían con su familia regularmente.

Siguiendo por este camino, otra investigación publicada en JAMA Pediatrics mostró que los niños y adolescentes que recibían ciberbullying, pero que compartían comidas con su familia eran menos propensos a desarrollar problemas derivados del acoso.

Los niños reportan un mejor desempeño escolar

Sumado a todo lo anterior, investigaciones como la reportada por CASA demostraron que los adolescentes que comían en familia tenían en doble de posibilidades de sacar buenas calificaciones en el colegio. Como medida, se hizo la distinción entre aquellos que tenían más de tres comidas familiares a la semana y aquellos que tenían tres o menos.

Puede mejorar nuestras percepciones sobre el mundo

Alice Julier, en su libro, Eating Together, comenta muchos de los beneficios que ofrece comer con la familia. Sin embargo, uno que se destaca tiene que ver con la percepción de la sociedad y las situaciones de desigualdad.

Las familias que comen unidas parecen ser más propensas a tener una mente abierta. Es decir que pueden comenzar a ver factores como la raza, el género y el estado socioeconómico como menos relevantes. En pocas palabras, desarrollan una mentalidad que les permite ver sobre estos elementos y comprender que todos somos iguales con mucha más facilidad.

Puede complementar la terapia familiar

Por si lo anterior fuera poco, comer en familia también puede ser beneficioso para las familias que se encuentren en medio de una terapia. Desde un punto de vista, las dinámicas sobre la mesa podrían ayudar el terapeuta a entender con más profundidad las dificultades y fortalezas que subyacen en la familia.

Por otro lado, el sentare a la mesa a compartir también puede ser terapéutico en sí mismo. E, incluso, podría ayudar a crear los puentes que la familia busca construir a través de la terapia, esto según la investigación publicada en el Australian & New Zealand Journal of Family Therapy en el 2016.

¿Cómo empezar a comer en familia de nuevo?

Como todos lo sabemos, la agitación del mundo de hoy es un gran impedimento a la hora de intentar compartir con nuestros seres queridos. Sin embargo, para este Día Internacional de la Familia, todos nos encontramos en casa debido a la situación del coronavirus.

Por lo que, es el momento para intentar sacar algo bueno de una mala situación y comenzar a planear comidas familiares con las que compartir con el resto de los habitantes del hogar. Si aún no están muy acostumbrados, pueden comenzar de a poco, reuniéndose una o dos veces por semana e ir creciendo desde allí.

El siguiente paso es asegurarse de que los comensales se concentren en la comida y la familia. Para esto, es importante comprometerse a sacar las pantallas de cualquier tipo del cuadro y permitir que las interacciones sean entre la familia y no con los equipos electrónicos.

La conversación nunca faltará si cada miembro de la familia participa y narra una anécdota, hace un comentario o simplemente opina sobre algún tema que le parezca interesante. Es importante cuidar que cada comensal tenga su oportunidad de hablar y expresarse, para que no se sientan aislados.

La experiencia puede empezar desde antes de sentarse a la mesa

Finalmente, haz del momento de la comida una experiencia familiar al incluir a todos en el proceso. Sobre todo en momentos como estos, que todos estamos en casa, preparar una comida en familia e incluso invitar a participar a los más pequeños del hogar asegurará que ese tiempo compartido sea único y de calidad. Además, las experiencias positivas se convertirán en incentivos para que la familia repita el evento y, antes de que lo noten, el hábito ya está hecho.

Referencias:

The Importance of Family Mealtime: https://www.fcconline.org/the-importance-of-family-mealtime/

Exploring the Role of Family Functioning in the Association Between Frequency of Family Dinners and Dietary Intake Among Adolescents and Young Adults: doi:10.1001/jamanetworkopen.2018.5217

Systematic review of the effects of family meal frequency on psychosocial outcomes in youth: https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC4325878/

The Protective Role of Family Meals for Youth Obesity:10-Year Longitudinal Associations: https://www.jpeds.com/article/S0022-3476%2814%2900777-X/pdf

Associations Between Early Family Meal Environment Quality and Later Well-Being in School-Age Children: doi: 10.1097/DBP.0000000000000520

Cyberbullying victimization and mental health in adolescents and the moderating role of family dinners: doi: 10.1001/jamapediatrics.2014.1223.

Harnessing the Power of Family Dinners to Create Change in Family Therapy: https://doi.org/10.1002/anzf.1185

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