Durante varios años, los veranos del siglo XX fueron considerados “temporadas de poliomielitis”, una enfermedad infecciosa que provocaba medidas de distanciamiento social similares a las que experimenta la humanidad en la actualidad.

Los estadounidenses en particular estaban acostumbrados a ver piscinas y cines cerrados para evitar epidemias, e incluso tocar el dinero significaba exponerse. Las personas eran especialmente cuidadosas ya que dicha infección representaba una amenaza de parálisis permanente o de muerte.

Irónicamente, la idea de vivir con una enfermedad infecciosa rondando durante un buen tiempo ha sido difícil de digerir para muchos estadounidenses durante la pandemia de COVID-19. Hemos visto incluso protestas en algunas ciudades de personas que se niegan rotundamente a quedarse en casa.

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Sin embargo, la ciencia nos recuerda que no es la primera vez que pasamos por una situación así, y que de hecho podemos tener éxito en la lucha. Un artículo publicado en la revista Science ha tomado como ejemplo el gran triunfo de la medicina sobre la poliomielitis en Occidente, el cual podría repetirse para el COVID-19.

La vacunación erradicó la poliomielitis en Estados Unidos

“Hace casi cuatro décadas, Estados Unidos se enfrentó a un desafío similar, la carrera por desarrollar una vacuna contra una enfermedad infecciosa”, dijo William A. Petri, MD, Ph.D. de UVA Health, un experto en enfermedades infecciosas que está desarrollando una vacuna COVID.

Jonas Salk desarrolló por primera vez una vacuna inyectable a mediados de la década de 1950 que se probó en 2 millones de niños y mostró ser eficaz para prevenir la parálisis debido a la poliomielitis en 1955.

La mejora de las vacunas para erradicar la poliomielitis en el mundo

Tras esto, Albert Sabin desarrolló una vacuna oral que también jugó un papel importante en el objetivo de erradicación. Sin embargo, este modelo presentaba una desventaja importante: fue desarrollada con virus vivos debilitados, y los receptores los excretaban en sus heces, lo cual aumentaba el riesgo de transmisión en comunidades con poco acceso a vacunación y saneamiento limitado.

Otra complicación es que este virus debilitado podía también adherirse a los receptores de a tal punto que podía transmitirse y provocar brotes de poliomielitis, como ocurrió en los últimos años en África y partes de Asia.

Es por ello que se han enfocado los esfuerzos en agilizar los ensayos clínicos para el desarrollo de una vacuna oral, tal como se han acelerado para el desarrollo de vacunas contra el SARS-CoV-2.

Posibilidad de éxito

Es evidente que aún queda mucho trabajo por hacer para acabar con esta enfermedad a nivel mundial. Pero el éxito en Estados Unidos en épocas previas deja altas expectativas para la lucha actual contra el coronavirus.

“A medida que el mundo se enfrenta a COVID-19”, concluyeronn los científicos, “es alentador ver la misma aplicación de la ciencia en la salud pública para el coronavirus que la utilizada durante los últimos 70 años de investigación del virus de la poliomielitis”.

Los autores de esta editorial consideran la prevención de epidemias de poliomielitis un “éxito característico de la ciencia en el siglo XX”, a pesar de que la erradicación mundial sigue siendo un reto.

Referencia:

Mucosal immunity and the eradication of polio. https://science.sciencemag.org/content/368/6489/362.summary

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