Hay algo que ha estado inquietando a muchas personas en medio de esta pandemia, y no se trata precisamente del encierro. Y es que, aunque el SARS-CoV-2 es un coronavirus nuevo, no es el primero que se ha registrado en la historia de la humanidad.

Si es así, y ya hemos experimentado brotes de coronavirus como el SARS y el MERS, en 2002 y 2012, respectivamente, entonces ¿cómo es que aún no hay vacunas contra estos virus actualmente? ¿Cuán optimistas podemos ser de que en esta oportunidad en particular sí habrá inmunización?

El impacto entre el SARS, MERS y el SARS-CoV-2 fue diferente

A pesar de que estos tres brotes fueron causados por patógenos pertenecientes al género de los coronavirus, y de que ciertamente son similares, el impacto que tuvieron fue muy diferente.

Los brotes de SARS y de MERS se controlaron relativamente rápido, y afectaron a una pequeña cantidad de personas. En aquel momento, las cosas continuaron con normalidad, por lo que no había una necesidad emergente de desarrollar una vacuna contra estas enfermedades. Mientras que los virólogos interesados en dicha proeza tenían que lucha por obtener financiamiento para desarrollar sus investigaciones.

Pero ya hemos visto que el COVID-19, la enfermedad causada por el SARS-CoV-2, ha logrado causar estragos a nivel mundial, afectando economías, saturando hospitales, afectando la salud mental de las personas, poniendo en riesgo a los más vulnerable y, sobre todo, causando cientos de miles de muertes.

En este contexto en particular, el desarrollo de una vacuna es una prioridad para las autoridades de todo el mundo. Y el resultado ha sido al menos 90 proyectos de vacunas en desarrollo, algunos de los cuales ya han iniciado sus ensayos en humanos.

Razones para ser optimista sobre la vacuna

El SARS-CoV-2 es muy similar a otros coronavirus, y los científicos han estado trabajando a partir de la información recopilada sobre ellos en los últimos años para entender la reacción del sistema inmunitario ante su contacto.

Y como explicamos anteriormente, se sabe que las personas desarrollan anticuerpos luego de experimentar una infección, los cuales pueden funcionar durante mucho tiempo. Sin embargo, la vacuna idea puede proteger a todos de la infección y crear defensas de por vida con una sola dosis.

Con los avances que se han obtenido hasta ahora, hay razones para ser optimistas respecto al desarrollo de una vacuna contra el SARS-CoV-2. Una es que el virus no necesariamente es mortal; la mayoría de las personas se recuperan.

En segundo lugar, la mayoría de los pacientes infectados con el coronavirus desarrollan anticuerpos, y hay evidencia de que las células T reaccionan de manera específica frente a este virus. Este tipo de respuestas sugieren la creación de una memoria inmunológica, en lo cual se basa la vacunación, por lo que los investigadores buscarán potenciar dicha respuesta con su modelo para que sea mejor que la natural.

Y aunque hay una preocupación latente sobre las implicaciones que tendrían las mutaciones drásticas del virus sobre el desarrollo de la vacuna, se sabe que los coronavirus mutan más lentamente que los virus de la influenza. Sin lugar a dudas, una buena noticia que puede mantener las expectativas de no necesitar una actualización durante mucho tiempo.

Referencia:

Coronavirus vaccine: reasons to be optimistic. https://theconversation.com/coronavirus-vaccine-reasons-to-be-optimistic-137209

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