No es un secreto para nadie que el coronavirus ha llegado para cambiar todo lo que dábamos por sentado. El mundo ha entrado en una pausa obligada y, aunque ahora hace sus primeros esfuerzos por volver a estar en movimiento, la verdad es que todavía está funcionando a media máquina.

Muchas de las actividades que realizábamos cotidianamente han cambiado. Asimismo, la forma en la que nos relacionábamos con los demás también lo ha hecho. En medio de todo el caos, la tecnología y las plataformas virtuales han comenzado a protagonizar aún más nuestro día a día.

Con este cambio, nuevas tendencias han comenzado a surgir en las redes y una en particular se ha destacado no solo por ser una nueva forma creativa de utilizar las plataformas, sino por el potencial que tiene para convertirse en una herramienta de apoyo para las comunidades del mundo en momentos de crisis.

El nacimiento del “Groupsourcing”

Conocemos ya de sobra la historia de la pandemia del coronavirus y también sabemos que no todas las naciones reaccionaron a la misma velocidad. Mientras que unas se enfocaron en tomar veloces y contundentes medidas, otras optaron por comportamientos más laxos.

Pero esto no necesariamente implica que las comunidades dentro de sus territorios lo hayan hecho también. De hecho, muchas de estas comenzaron a actuar de forma proactiva para intentar estar preparados ante la llegada del COVID-19.

Efectivamente, algunas de estas reacciones causaron consecuencias negativas como las compras excesivas y la acumulación de productos. No obstante, otras también trajeron buenos resultados, como la creación de comunidades de ayuda para las personas que están en alto riesgo ante el coronavirus.

Muchas de estas últimas se generaron a través de un nuevo fenómeno conocido como “groupsourcing” que nace de las palabras en inglés “group” (grupo) y “sourcing” (búsqueda). Básicamente, esta tendencia consiste en los esfuerzos organizados por las comunidades geográficamente cercanas por crear grupos en las redes sociales a través de los cuales establecer conexiones entre aquellos que requieren ayuda y quienes pueden ofrecerla.

La diferencia entre esta tendencia y otras iniciativas de micro-voluntariados como NextDoor, Neighbourly y TaskRabbit, entre otras, se ve en la eliminación del intermediario. Por lo general, estas plataformas actúan como un filtro que hace llegar a cada persona un número de ofertas y solicitudes determinadas. Ahora, el groupsourcing permite que sean los propios usuarios, lo vecinos de las comunidades, los que establezcan las conexiones de ayuda.

La meta de todo

Lo que se espera crear con este tipo de organizaciones son espacios en los que se promueva la colaboración orgánica entre los usuarios. De esta forma, las comunidades pueden autogestionarse para apoyarse y lograr los mejores resultados ante una crisis.

Unas de las plataformas que más se han utilizado en la actualidad para estos fines son Facebook y WhatsApp. Esta primera incluso ha desarrollado su función de “ayuda comunitaria” que permite a la red social funcionar como una página de micro-voluntariado.

Sin embargo, incluso antes de que Facebook activara esta opción el groupsourcing ya estaba haciendo de las suyas en la plataforma y consiguiendo resultados. Ha sido a través de ellas que los usuarios han compartido informes de bloqueos y restricciones de viaje, anuncios relevantes sobre la enfermedad y, incluso, el número de víctimas mortales de la enfermedad.

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Los beneficios

Es claro que el uso de estas plataformas ofrece ventajas que tal vez páginas externas de micro-voluntariado no pueden ofrecer aunque su función sea la de prestar ayuda. Entre una de las más notorias se encuentra la familiaridad. La mayoría de las personas ya saben cómo utilizar redes sociales como Facebook, por lo que el tiempo de adaptación puede invertirse mejor en la búsqueda u ofrecimiento de ayuda.

Asimismo, el alcance de las microcomunidades se expande a medida que los contactos entre los usuarios se van haciendo más amplios y completos mientras más individuos se unen a la red. Por si fuera poco, este tipo de grupos han mostrado ser buenos para la moral de las comunidades, para ayudarlos a sentirse apoyados en medio de la crisis y a ser más resilientes.

En consecuencia, se cuenta con una comunidad mucho más fuerte, colaboradora y organizada. Con eso, se consigue un flanco de acción más efectivo a la hora de hacer frente a las catástrofes, ya sean regionales o mundiales.

Algunos contras

A pesar de todas sus ventajas, la verdad es que estos sistemas también tienen sus problemas. Por ejemplo, la confianza y la honestidad en las plataformas será un factor clave. Si estas no están, las cadenas de ayuda fallarán por personas que buscan aprovecharse de las necesidades de los demás.

Lastimosamente, no existe una forma definitiva para medir el nivel de honestidad de una persona en las redes sociales y, por tanto, también es difícil promover que haya confianza plena en esta.

Otros problemas que se pueden presentar tienen que ver con el manejo de la información. Por un lado, si los espacios no son bien llevados podrían convertirse en caldos de cultivo para la desinformación y las fake news.

Del mismo modo, las propias plataformas podrían hacer un mal uso de los datos de sus usuarios (como ya le ha ocurrido a Facebook). Lo que, a su vez, ocasionaría que estos perdieran la confianza en la red, se alejaran de esta y así, debilitaran la cadena de ayuda que se intenta construir en estas.

La solución es sencilla… y transparente

Para que este tipo de iniciativas funcionen, es necesario que las plataformas tengan un funcionamiento que sea tanto fácil de comprender para los usuarios, como transparente para esto. De forma que puedan depositar su confianza en la red social y enfocarse en ayudar o en ser ayudados.

Como un complemento, ya gobiernos como el Reino Unido han aceptado estos nuevos métodos de contacto y apoyo por las redes sociales y han establecido restricciones. Gracias a estas, esperan poder promover entornos más seguros en todo su territorio para que la gente pueda participar con confianza en este tipo de voluntariados.

Por los momentos, todo lo que se haga se maneja de forma contingencial, como una respuesta al estado en el que el coronavirus nos ha dejado. Pero, ahora que esta puerta se ha abierto, es posible que se empiecen a desarrollar estrategias concretas para que, en un futura crisis, herramientas como el groupsourcing y las redes sociales estén listas para apoyar desde el principio.

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