Cuando tenemos prisa y necesitamos encontrar algo ese objeto repentinamente parece haber sido transportado a una dimensión desconocida. Usualmente, el agite evita que podamos enfocarnos lo suficiente como para realizar la búsqueda de forma organizada y ser eficientes.

Sin embargo, detrás de todo el apuro, nuestra mente se encuentra trabajando a toda velocidad para completar la tarea que le hemos datos. Y, para esto, muchas veces opta por caminos y procesos que nuestra parte consciente podría desechar por considerarlos inútiles o innecesarios para la ocasión.

Como seres humanos, somos criaturas principalmente visuales y estamos diseñados para ser capaces de ver, distinguir e identificar una gran variedad de elementos en el menor tiempo posible. Por esto, si estamos calmados, podemos ser capaces de encontrar aquello que estemos buscando, incluso si esto se encuentra en una mesa abarrotada con otros objetos o incluso en toda una habitación desordenada.

Ya que nuestra mente se asegura de que, si el elemento está a la vista, lo encontremos. Muchas veces las personas conscientemente saben que utilizar códigos visuales como el color, el tamaño o la forma pueden facilitar la búsqueda. Sin embargo, nuestro cerebro va mucho más allá y hace uso del conocimiento previo que tenemos de un elemento para ayudarnos a ubicarlo.

Conocer un objeto nos ayuda a verlo más rápido

El equipo de investigadores conformados por Li Guo, Susan M. Courtney y Jason Fischer de la Universidad Johns Hopkins se ha interesado por este tema. Para poder comprenderlo a profundidad diseñaron una serie de experimentos visuales para determinar qué tipo de elementos podían hacer que una persona fuera más rápida al encontrar determinados elementos.

Sus resultados demostraron que si esta manejaba cierto tipo de información previa, la búsqueda podría ser hasta un 20% más rápida. Sin embargo, la característica que generó esta diferencia no puede ser apreciada por completo con la vista. Entonces, ¿cómo pudo esta influir de forma tan significativa en una búsqueda visual?

 “Lo que sabes sobre los objetos puede ser tan importante como lo que realmente ves”

Ha sido uno de los comentarios que ha hecho el investigador y autor del estudio, Jason Fischer. Con este, hizo referencia a los elementos que sus experimentos revelaron como determinantes, las características “latentes” de los elementos como su suavidad o su dureza.

A pesar de que esto puede intuirse visualmente, la verdad es que no se puede apreciar en todo su espectro. Por lo que, en un principio, no tendría por qué influir en un proceso de búsqueda visual. No obstante, la realidad es muy distinta.

Entonces… ¿por qué?

Acá hablamos de algo tan simple como un criterio de filtración. En una habitación llena de objetos diversos, solo uno nos interesa y tenemos claras sus características. Tomando en cuenta que busquemos un oso de felpa marrón, podríamos prestar atención a todos los objetos de un determinado tamaño y tonos ocres que detallar para encontrar el oso.

Sin embargo, entonces podríamos tener en la lista elementos como un libro con portada marrón o una caja de cartón mediana. Claramente, estos no son el objeto que buscamos y nuestro cerebro los descarta antes de que tengamos que invertir demasiada energía mental en ellos.

¿Cómo? Por los conocimientos que tiene sobre su dureza y suavidad. Si la persona sabe que busca un animal de felpa, buscará deliberadamente texturas suaves y será en ellas donde dedique más atención y energía. Lo que implica que la mente usa esto como un mecanismo para ser más eficiente en las búsquedas y filtrar los contenidos que no son relevantes para no perder tiempo en ellos.

Un proceso inconsciente

Curiosamente, a pesar de que el conocer la suavidad o dureza de los objetos ayudó a los participantes a ser más eficientes, estos no parecían estar conscientes de la relevancia de este detalle. Por lo que, se pudo evidenciar que ese criterio de filtrado ocurre en nuestra mente de forma inconsciente.

El cerebro – La máquina que nunca se detiene

Desde que nacemos hasta que respiramos nuestro último aliento, nuestro cerebro estará trabajando. De hecho, ni siquiera cuando dormimos nuestra mente deja de trabajar completamente.

Por esto, no es extraño descubrir que este constantemente actúa en el segundo plano para hacer que todo lo que hacemos sea lo más eficiente posible, incluso si no estamos conscientes de esto. El equipo de la Universidad Johns Hopkins ha visto en esto un potencial de estudio mucho mayor al que denominan “física mental intuitiva”.

Al estudiarla, esperan poder comprender un poco mejor la forma en la que nuestro cerebro nos ayuda a interactuar con el ambiente y a reaccionar a este. Ya que, las funciones de este no se reducen a ser simplemente reactivas, sino predictivas. Y, tal como pasa con la búsqueda de objetos, aún puede haber muchos procesos que suceden en segundo plano que no conocemos y que requieren ser estudiados. La meta de este grupo de investigadores es desarrollar modelos experimentales que primero los ayuden a identificarlos y luego a comprenderlos a profundidad.

Referencia:

Knowledge of objects’ physical properties implicitly guides attention during visual search: https://doi.org/10.1037/xge0000776

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