El lupus es una enfermedad autoinmune inflamatoria crónica en la que el sistema inmunológico es disfuncional y ataca a los tejidos sanos del cuerpo a la vez que es menos efectivo para combatir las infecciones. Hay cuatro tipos principales de lupus: neonatal, discoide, inducido por drogas y lupus eritematoso sistémico (LES), el tipo que afecta a la mayoría de los pacientes.

Aunque se desconoce el mecanismo etiológico preciso, entre las causas de la enfermedad se han identificado factores genéticos, hormonales y ambientales, así como anomalías inmunológicas. El manejo de esta enfermedad debe ser individualizado y debe incluir modalidades tanto farmacológicas como no farmacológicas para el alivio y la resolución de los síntomas, así como para mejorar la calidad de vida de quien la padece.

Temor comprensible

La presentación del LES puede ser compleja, teniendo en cuenta el número de sistemas de órganos que pueden verse afectados por la enfermedad. Los pacientes experimentan brotes en diversos grados, así como períodos de remisión de la enfermedad.

Si bien ciertos signos y síntomas son comunes, cada paciente se presenta con un conjunto único de identificadores, pero generalmente se observa fiebre, fatiga y pérdida de peso. La piel, el sistema músculo-esquelético y el sistema pulmonar son los principalmente afectados.

El enfoque de tratamiento para que las pacientes con lupus se basa en medicamentos que suprimen el sistema inmunológico, por lo estas personas pueden tener una capacidad limitada para responder a las infecciones. Como resultado, las personas con lupus son menos capaces de combatir las bacterias y los virus, como el SARS-CoV-2.

Como los antimaláricos se promocionan como un arma contra la COVID-19 la demanda de estos medicamentos se ha disparado, provocando fallas en el suministro disponible para los pacientes con lupus.

A medida que COVID-19, enfermedad causada por el coronavirus SARS-CoV-2, se extendió por el mundo, las clínicas de reumatología se vieron inundadas de llamadas telefónicas de pacientes con lupus comprensiblemente temerosos por el avance de la pandemia.

Una de las preguntas más comunes de los pacientes era si debían dejar de tomar sus medicamentos. Desde el comienzo de la epidemia los pacientes inmunocomprometidos con LES se han visto abrumados por las advertencias de su mayor riesgo de desarrollar las complicaciones graves asociadas a la COVID-19.

Adicionalmente, las personas con lupus también son propensos a padecer otras afecciones que las ponen en mayor riesgo de desarrollar una enfermedad grave por la infección coronavírica, como diabetes, enfermedades cardiovasculares, enfermedades renales, lo que se suma a un sistema inmunológico debilitado.

Los antimaláricos

Existe sobrada evidencia del impacto benéfico que tienen los medicamentos antimaláricos, como la hidroxicloroquina, para los pacientes con lupus. Además de controlar las manifestaciones cutáneas y articulares, se sabe que estos medicamentos previenen los brotes y reducen la actividad general de la enfermedad, la acumulación de daños orgánicos irreversibles, las complicaciones cardiovasculares y la trombosis, y mejoran la supervivencia.

Estos amplios beneficios han llevado a los expertos a hacer declaraciones radicales, recomendando que el tratamiento con antimaláricos comience tan pronto como se haga el diagnóstico y se mantenga indefinidamente, independientemente del curso subsiguiente del lupus, incluyendo el embarazo y cualquier otra enfermedad adicional.

El lupus es una enfermedad en la que el sistema inmune es disfuncional y ataca a los tejidos sanos del cuerpo a la vez que es menos efectivo para combatir las infecciones, como la COVID-19.

Pero, como los antimaláricos se promocionan como una de las principales armas contra la COVID-19, aunado a las docenas de ensayos clínicos que se están iniciando en todo el mundo y el uso fuera de estas pruebas, la demanda de estos medicamentos se ha disparado notablemente, provocando fallas en el suministro disponible para los pacientes con lupus.

El primer efecto de esta falta de suministro es sin duda un aumento de la preocupación, la ansiedad y la incertidumbre de la enfermedad, la cual se asocia con un alto nivel de angustia emocional, ansiedad y depresión, que se sabe está inversamente relacionado con la calidad de vida en pacientes con lupus.

En este sentido, si se dejan pasar unas dosis o se imposibilita seguir tomando el medicamento, los médicos que atienden a los pacientes con lupus tendrán que brindar orientación basada en la evidencia sobre el uso de la hidroxicloroquina para COVID-19, al tiempo de unirse al coro de proveedores de atención sanitaria, pacientes y grupos de defensa que instan a proteger el suministro de estos medicamentos para los pacientes con lupus.

Referencias:

Coronavirus (COVID-19) and lupus. National Resource Center on Lupus, 2020. https://www.lupus.org/resources/coronavirus-and-lupus

Are People with Lupus Protected Against COVID-19? Lupus Foundation of America, 2020. https://bit.ly/3behDVy

COVID-19 Frequently Asked Questions: What You Should Know. Lupus Research Alliance, 2020. https://bit.ly/2WDkRwz