No hay duda de que en enero el coronavirus ya se estaba propagando en los Estados Unidos. Evidencia reciente muestra que el virus ya circulaba en la población mucho antes de lo sospechado, y semanas antes de las estimaciones oficiales.

De todas las cosas que aún no se conocen sobre el coronavirus, el número de personas que podrían haber sido infectadas con el virus en enero tiene un atractivo especial. Una estimación fiable podría ayudar a determinar cuán mala fue la respuesta temprana las autoridades estadounidenses a la pandemia.

Prevenir subsiguientes olas

Saber más sobre las infecciones de enero podría ofrecer pistas sobre el verdadero número de estadounidenses que se han infectado ahora ya que, gracias a la escasez de pruebas, el recuento oficial de 1,2 millones de personas infectadas es muy probablemente subestimado. Además contar con un número firme podría fundamentar estrategias para prevenir subsiguientes olas de COVID-19.

La curiosidad sobre la cantidad de personas contagiadas en enero no está impulsada sólo por el bien colectivo. Muchos estadounidenses están ansiosos por saber si esa tos persistente o esa fiebre punzante que tuvieron en el invierno fueron en realidad síntomas de COVID-19.

Es tentador creer que una parte considerable de la población llevó secretamente el virus en enero, porque entonces habría esperanza de que cualquiera que se enfermara de forma sospechosa en las últimas semanas tuviera algún grado de inmunidad ahora.

Repetir los mismos errores sería una tragedia, ya que luego de tanto sacrificio, reactivar las actividades para luego tener que cerrar todo de nuevo, sería un golpe muy duro para la población.

Es científicamente posible para un país que lleva meses en un brote de una enfermedad infecciosa determinar con cierta certeza cuántos de sus residentes fueron infectados en las primeras semanas. El reto es que para ello se necesitarían datos sobre los Estados Unidos y el resto del mundo que actualmente son un misterio.

En la actualidad, muchos se preguntan si tienen o han tenido la enfermedad sin saberlo, y es posible que nunca lo sepan. No obstante, con el tiempo, es probable que obtener alguna claridad limitada sobre lo que pasó exactamente a principios de este año, y probablemente, los hallazgos no sean alentadores.

Un número preciso

Un factor crucial para estimar cuántos estadounidenses fueron infectados en enero es entender cuántas personas “importaron” la infección al país, ya fueran visitantes o residentes que regresaban a sus hogares. Establecer un número preciso de cuántas personas enfermas importaron el SARS-CoV-2 a principios de este año requeriría datos que ahora pueden ser difíciles o imposibles de recopilar.

Otro enfoque para determinar la cantidad de infecciones en enero es hacer una revisión de las cifras de mortalidad y tratar de establecer si el número de personas que falleció en condiciones normales supera la tasa esperada.

Pero determinar el exceso de muertes en las primeras semanas de este año será difícil. En comparación con los cientos de miles de muertes que el país experimenta en un mes típico, un puñado de muertes por COVID-19 difícilmente sería detectable. De hecho, según el recuento oficial, Estados Unidos no superó el número esperado de muertes por un margen significativo hasta el 22 de marzo.

Contar con un número preciso de la cantidad de infectados en las primeras semanas podría fundamentar estrategias para prevenir subsiguientes olas de COVID-19.

Un tercer enfoque posible implica la “marca” que el virus deja en la sangre. Examinar una masa crítica de sangre extraída en enero para ver qué porcentaje tiene anticuerpos contra el SARS-CoV-2 podría ayudar a los modeladores a inferir qué porcentaje de la población estaba infectada. Sin embargo, dicho plan solo funcionaría con pruebas serológicas que sean mucho más precisas que las disponibles actualmente.

Muy probablemente Estados Unidos se enfrente a nueva oleadas de COVID-19 antes de que se disponga de una vacuna, lo que puede ocurrir en meses, incluso años. Mientras, en cuestión de semanas o meses, la curva epidemiológica puede que sea más similar a la observada fines de enero que a mediados de marzo.

Repetir los mismos errores sería una tragedia, ya que luego de tanto sacrificio, reactivar las actividades económicas y sociales para que en unas pocas semanas haya la necesidad de volver a cerrar todo de nuevo, sería un golpe muy duro para la población.

Referencia: You’ll Probably Never Know If You Had the Coronavirus in January. The Atlantic, 2020. https://bit.ly/2YK1h4g