Con el clima cálido y el anuncio de planes para reabrir playas, piscinas y otros espacios destinados al baño, es comprensible que luego de semanas de encierro afloren pensamientos vacacionales. Pero surge la cuestión sobre si es seguro ir a nadar sin que ello represente un riesgo de contraer el nuevo coronavirus.

Conscientes de esta situación, autoridades de todo el mundo están analizando el riesgo de transmisión del coronavirus a través de la arena y grandes cuerpos de agua, con la esperanza de permitir que los hoteles y centros vacacionales se reactiven lo más rápido y seguro posible.

Revisión pertinente

En el caso concreto de España, el Instituto para la Calidad del Turismo está revisando con los jefes de turismo del gobierno español la evidencia científica disponible para determinar si el coronavirus puede propagarse en las zonas turísticas, las posibles formas de transmisión y cómo desinfectar estas áreas de manera segura.

El presidente del instituto, Miguel Mirones, manifestó que la revisión permitirá comprender mejor el comportamiento del coronavirus en el agua en piscinas interiores y exteriores, si se puede transmitir a través de la arena y cómo se comporta en el agua de mar.

Aunque es poco probable contraer COVID-19 por actividades en el agua, existe una profunda preocupación sobre la reanudación de las actividades recreativas y turísticas: debilitar el distanciamiento social.

Con esta información, además de fundamentar el diseño de protocolos que incluyan la observación de cómo se pueden desinfectar las áreas que lo ameriten, las autoridades podrán adoptar medidas de uso seguro cuando se reabran las playas, zonas de baño y otros espacios recreativos.

Si bien existe evidencia científica que muestra que otras cepas de coronavirus como el SARS pueden sobrevivir hasta 12 días en agua corriente a temperatura ambiente, la mayoría de los expertos están de acuerdo en que en grandes cuerpos de agua como el mar y los ríos, sería difícil contraer el coronavirus porque su cara viral estaría muy diluida.

Los expertos en control de enfermedades han insistido en que el riesgo de transmisión de COVID-19 a través del agua sea bajo y, tal como afirman los Centros de Control y Propagación de Enfermedades, “no hay evidencia” que sugiera que COVID-19 se pueda propagar a través de piscinas, jacuzzis o áreas de agua, siempre que se gestionen y limpien adecuadamente.

Una profunda preocupación

Aunque la poca probabilidad de infección coronavírica por actividades recreativas en el agua resulta una noticia alentadora que aviva el deseo visitar estos espacios, existe una profunda preocupación sobre la reanudación de las actividades recreativas y turísticas: debilitar el distanciamiento social.

La razón principal para evitar un fin de semana junto al agua sería la indisponibilidad de mantener una distancia segura de otras personas que podrían estar infectadas.

Las actividades recreativas en el agua son naturalmente sociales. Las playas se llenan de gente a medida que el clima cálido atrae multitudes, los amigos se acurrucan bajo grandes sombrillas y se acuestan lado a lado sobre toallas, y el ambiente social se presta al impulso de compartir bebidas refrescantes junto al agua.

Si bien podemos sentirnos bastante seguros de que el agua en sí no representa un riesgo de contagio, los expertos coinciden en que muchas de las otras actividades que acompañan un día en la piscina o en la playa resultan preocupantes.

El doctor Benjamin Gewurz, médico de enfermedades infecciosas y presidente del Programa de Virólogos de la Universidad de Harvard, enfatizó que el modo principal de infección por COVID-19 sigue siendo la transmisión de persona a persona, y la razón principal para evitar un fin de semana junto al agua sería la indisponibilidad de mantener una distancia segura de otras personas que podrían estar infectadas. Esto es particularmente importante ya que las personas pueden estar infectadas con el coronavirus y no mostrar ningún síntoma.

Si bien la meta es reactivar complemente la actividad social, económica y recreativa, las autoridades comprenden la importancia de mantener el distanciamiento social, por lo que se están estudiando maneras de reabrir estas actividades sin que ello represente un riesgo de infección.

En última instancia, y a medida que la sociedad comienza a resolver cómo se será la vida luego de la devastación de COVID-19, nuestros fines de semana junto al lago o en la playa también pueden asumir una nueva “normalidad”.

Referencias:

Water and COVID-19 FAQs. Centers for Disease Control and Prevention, 2020. https://www.cdc.gov/coronavirus/2019-ncov/php/water.html

Informe sobre Transmisión del SARS-COV-2 en playas y piscinas. Consejo Superior de Investigaciones Científicas, 2020. https://bit.ly/2znth2T